
El suelo cubierto por cultivos diversos, el agua manejada con precisión y la biodiversidad protegida en cada rincón del campo son parte de un nuevo paradigma en la agricultura. En este contexto, un equipo del INTA Mendoza-San Juan presentó un protocolo innovador, único en Latinoamérica, que busca transformar los agroecosistemas de la región de Cuyo. Esta herramienta ofrece a los productores una guía clara para implementar prácticas agrícolas sostenibles y regenerativas, promoviendo la restauración de los recursos naturales.
Su objetivo es claro: proporcionar a los productores estrategias concretas y adaptables a las condiciones locales, con un enfoque ecológico y orientado a la sostenibilidad.
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Agricultura regenerativa: un nuevo enfoque para la producción agrícola
El protocolo tiene como objetivo restaurar la capacidad natural de los ecosistemas para autogenerarse, buscando sistemas agrícolas más eficientes en el uso de los recursos. José “Pepe” Portela, especialista en ecofisiología vegetal del INTA, explica que este enfoque se basa en el aprovechamiento de las particularidades de cada sistema productivo, adaptando las estrategias a las necesidades de cada predio.
Según Portela, uno de los objetivos clave del protocolo es estabilizar los rendimientos y reducir costos, sin perder de vista las características específicas de cada establecimiento. “No existen recetas universales”, resalta. Las estrategias varían según el tipo de suelo y las condiciones locales, incluso dentro de un mismo predio.
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Los pilares del protocolo: suelo, agua y biodiversidad
El protocolo se fundamenta en tres pilares esenciales: el cuidado del suelo, la eficiencia en el uso del agua y la conservación de la biodiversidad. Estas áreas clave estructuran una serie de diez recomendaciones para los productores, que buscan mejorar sus sistemas agrícolas de manera integral.
En relación con el suelo, el protocolo sugiere prácticas como la reducción del laboreo, la conservación de una cobertura vegetal activa, la diversificación de cultivos, el uso de fertilizantes orgánicos y la prevención de la erosión. Respecto al agua, se pone énfasis en evitar la pérdida de nutrientes por infiltración y optimizar el riego. En cuanto a la biodiversidad, el protocolo promueve la conservación de flora y fauna asociada a los cultivos, el uso moderado de insumos químicos y la protección de hábitats naturales.
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Herramientas prácticas para decisiones estratégicas
El protocolo incluye varias herramientas para facilitar su implementación. Una de las más destacadas es un formulario dividido en diez secciones que permite a los productores recopilar información sobre su sistema productivo y evaluar el grado de adopción de las prácticas sugeridas.
También se incorporan tablas con 21 indicadores, que permiten medir el cumplimiento de los lineamientos establecidos. Estos indicadores ayudan a calcular un índice general de agricultura regenerativa, facilitando la identificación de áreas de mejora y ajustes necesarios.
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Implicancias a largo plazo
El objetivo del protocolo es contribuir a la sostenibilidad de los sistemas agrícolas, reduciendo la dependencia de insumos externos y favoreciendo la estabilidad de los ecosistemas. Además, busca optimizar los costos de producción a mediano y largo plazo, integrándose con los ciclos naturales de los agroecosistemas.
No caben dudas: esta guia se posiciona como una herramienta clave en la región de Cuyo y tiene el potencial de convertirse en un referente para la adopción de prácticas agrícolas sostenibles en toda Latinoamérica.
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Fuente: Inta
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