
El girasol se cultiva en Argentina desde el sudeste de la región Pampeana hasta el NEA, mostrando una amplia adaptabilidad que se debe tanto a la plasticidad de la especie como al éxito de los fitomejoradores en seleccionar materiales adaptados a diversas condiciones de recursos y adversidades en esta gran región.
Un informe elaborado por el Departamento de Investigación y Prospectiva de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires (BCBA) puntualiza que durante esta campaña, casi todas las variables medidas experimentaron un descenso, excepto el porcentaje de variedades de girasol resistentes a herbicidas.
Se sembraron 1.85 millones de hectáreas de girasol, lo que representa una disminución del 16% con respecto a la campaña anterior; en tanto que la utilización de siembra directa descendió 4 puntos porcentuales; y la densidad de siembra disminuyó un 2%.

En cuanto a las dosis de fertilización aplicadas para nitrógeno, fósforo y azufre fueron de 19, 11 y 1 kilogramos por hectárea en promedio,respectivamente, en comparación con 20, 9 y 1 kilogramos por hectárea en la campaña anterior. En cambio, al comparar el porcentaje de superficie en la que se realizó un análisis de suelo previo a la siembra aumentó 3 puntos porcentuales, pasando del 27% al 30%.
Todas estas variaciones en conjunto, subraya el análisis, influyeron en la adopción de niveles tecnológicos en el cultivo de girasol. El concepto de nivel tecnológico se refiere al uso de tecnología en cuanto a los insumos y al manejo técnico aplicados en la producción de granos, distinguiéndose tres niveles de adopción: alto, medio y bajo. Este parámetro es fundamental para evaluar el grado de modernización y eficiencia de las prácticas agrícolas en el cultivo de girasol.
En la campaña de girasol 2023/24, la adopción de tecnología se distribuyó en un 29% de nivel alto, 64% de nivel medio y 7% de nivel bajo. Esto representa una caída de 4 puntos porcentuales en el nivel alto comparado con la campaña anterior. Al observar la serie de las últimas siete campañas, el actual ciclo agrícola registró el valor más alto en cuanto a nivel tecnológico bajo, remontándose a proporciones similares a las observadas en las campañas 2014/15 y 2016/17, con 9% y 8% respectivamente.

La caída en el nivel tecnológico alto puede atribuirse a varios factores, como la reducción en el uso de siembra directa y la disminución en las dosis de fertilización. Estas variaciones han afectado la eficiencia y productividad del cultivo de girasol, subrayando la necesidad de reforzar el apoyo técnico y la adopción de tecnologías avanzadas para mejorar los rendimientos en futuras campañas.
Como resultado final, la producción total del país medido en millones de toneladas experimentó un descenso de casi el 22%. El ciclo agrícola 2023/24 cerró con un rinde promedio de 20,2 qq/Ha y una producción de 3,6 millones de toneladas, un 21,7 % por debajo del volumen alcanzado en el ciclo anterior y un -1,1 % por debajo del promedio de los últimos 5 años.
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