La película El testimonio de Ann Lee se ha estrenadoeste jueves en los cines de Argentina. El largometraje, dirigido y coescrito por Mona Fastvold junto al también nominado al Oscar® Brady Corbet, introduce una estructura poco habitual para la industria: recurre a la reinterpretación de más de una docena de himnos tradicionales shaker y compone el guion en tres capítulos para detallar la biografía de la líder religiosa del siglo XVIII.
El rol de Ann Lee ha recaído sobre Amanda Seyfried, quien afrontó una preparación integral de más de un año —incluyendo trabajo de dialecto y entrenamiento físico— para interpretar, con canto y danza, los rituales de una de las fundadoras de sectas devocionales más relevantes de América colonial.

El abordaje formal del film se distingue por su apuesta musical: la coordinación coreográfica de Celia Rowlson-Hall y la banda sonora del ganador del Oscar® Daniel Blumberg dotan a la narrativa de una impronta operística. Esta decisión técnica —convertir el relato biográfico en un musical con integración plena de los números en la estructura dramática— ha supuesto un riesgo productivo calculado por Fastvold y sus colaboradores. La directora indicó que el proceso creativo partió de materiales compuestos en gran medida por rumores y conjeturas, lo que la llevó a fundamentar la dramatización en el testimonio directo de Ann Lee, prescindiendo de revisiones irónicas o contemporizadoras.
La negociación creativa que llevó el género musical al biopic de Ann Lee
El núcleo temático de la película reside en la representación de los rituales shaker, congregación liderada por Ann Lee. La narrativa sigue su trayectoria desde una infancia en Manchester marcada por la pobreza, el exilio hacia Norteamérica y su muerte en 1784. En sus declaraciones a los materiales de prensa, Fastvold señaló que la elección de una estructura tripartita respondió a la necesidad de explorar las transiciones vitales de la protagonista sin resignar los aspectos espirituales, y que la música fue el canal para capturar tanto el éxtasis como el tormento de la utopía propuesta por la secta.

Los materiales entregados destacaron que la directora localizó el proyecto tras investigar archivos de canciones de culto en Nueva York durante la posproducción de The World to Come, lo que generó asociaciones directas entre la voz de Ann Lee y una búsqueda histórica de igualdad y trascendencia comunitaria. Corbet describió la decisión de evitar relecturas cínicas como una toma de posición radical en el desarrollo del guion, dado que buena parte de la documentación proviene de interpretaciones indirectas y falta de registros orales verificables del acento y comportamientos originales.
El proyecto musical implicó la reinvención escénica de la liturgia shaker, tradicionalmente definida por movimientos extáticos y cánticos grupales. Fastvold apuntó a la oportunidad creativa de integrar teatralidad y escala operística, resaltando la “audacia y determinación” identificadas en los registros históricos y en la subjetividad de Ann Lee.

Amanda Seyfried y las dimensiones técnicas del papel protagónico
La actriz, nominada al Oscar® en 2021, debió asumir diversos retos técnicos: trabajar sobre un dialecto de Manchester del siglo XVIII —sin registros fonográficos—, ejecutar coreografías litúrgicas y cantar en escena acompañada de orquestación y coros. Su formación incluyó trabajo con entrenadoras de dialecto y la coreógrafa Celia Rowlson-Hall durante más de doce meses.
La directora valoró la disposición de Seyfried para llevar el personaje del guion a una fisicalidad aumentada. Según los materiales oficiales, “ayudó mucho que Amanda fuera una actriz intrépida, siempre dispuesta a llevar las cosas tres pasos más allá de lo que estaba escrito en el guion”, subrayó Fastvold.

El reparto principal se completa con Lewis Pullman en el papel de William, hermano menor de Ann Lee y principal evangelizador shaker en el continente americano; Christopher Abbott como Abraham, esposo de la protagonista y reticente seguidor de la comunidad; y Thomasin McKenzie como Mary, la seguidora más joven y estricta que, según el relato, renunció a la maternidad y la sexualidad por el dogma comunitario.
El marco histórico y musical: estructura de producción y recepción crítica
El testimonio de Ann Lee configura un biopic musical de 130 minutos sobre una figura histórica que desafió los cánones religiosos y de género en la Norteamérica colonial. El filme retrata el periodo desde los intentos fallidos de Ann Lee por fundar familia —incluyendo la pérdida de cuatro hijos antes de cumplir un año— hasta la renuncia colectiva a la sexualidad y el establecimiento definitivo de los “Shakers” en Estados Unidos tras su huida desde Manchester.

La música de Daniel Blumberg y la decisión de fundir lo musical con lo dramático sitúan a la obra en la tradición de producciones europeas que han ensayado la integración total de género, en contraste con el distanciamiento típico de Lars von Trier o el cine norteamericano convencional. El testimonio de Ann Lee prescinde de cortes entre drama y musical en favor de una homogeneidad visual y conceptual, aunque parte de la crítica ha observado cierta reiteración estructural con excepción de un número íntimo interpretado en solitario por Seyfried.
La película suma así un caso reciente de biopic musical que recurre a fuentes documentales escasas y apuesta por la hibridación de formas narrativas y putativos históricos.
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