La política sirve tanto para el drama como para la comedia. Algunas series coquetean con ambos tonos. Ese es el caso de La diplomática, que en sus mejores escenas logra ir por un carril sutil que haga dudar al espectador. Kate Wyler (Keri Russell), una diplomática de carrera, es nombrada de forma sorpresiva como nueva embajadora norteamericana en Gran Bretaña. Se trata de un cambio importante en su carrera, pero además su llegada coincide con una gigantesca crisis internacional que requiere las más complejas y delicadas negociaciones.
Junto con ella viaja su marido, Hal Wyler (Rufus Sewell) un brillante analista político que no se conforma con ser el mero marido de la embajadora y tiene su propia agenda. Wyler deberá lidiar con el primer ministro británico (Rory Kinnear) y un atentado contra las fuerzas armadas del Reino Unido que ponen a las potencias al borde de la Tercera guerra mundial y también con el ego y los planes de su propio marido y su matrimonio en crisis.
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La creadora y guionista de La diplomática es Debora Cahn, cuya trayectoria la ubica como uno de los grandes nombres de las series de los últimos años. Ella es una de las responsables de The West Wing, Grey’s Anatomy y Homeland. Su trabajo apunta a mezclar lo personal con lo político y buscar en diferentes géneros diferentes públicos para atraer. El resultado es algo desparejo, pero tal vez, al menos en parte, ese es el encanto de una serie difícil de encasillar.
Esa búsqueda de diferentes espectadores se puede aplicar a la protagonista, Keri Russell, querida por el público de diferentes generaciones. Sus trabajos en Felicity y The Americans la llevaron a distintos estilos y su trayectoria cinematográfica le ha dado también un nombre importante. Acá juega la idea de una diplomática que no preocupa por la apariencia, con problemas para ordenar su pelo y poco maquillaje. Eso lo subraya la serie, más allá de los trucos y algún error de continuidad con ese tema.
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La pista de que la serie no es ni un drama ni una comedia, es la actuación del gran comediante Michael McKean interpretando al presidente de Estados Unidos. Su trabajo, a diferencia de las mayorías de las parodias presidenciales, se inspira en Joe Biden y no en su antecesor, Donald Trump. En cambio, el Primer ministro británico tiene muchos elementos de Boris Johnson, quien ya dejó su cargo hace tiempo. Las referencias a la realidad están aquí, allá y en todas partes. El cierre de la temporada uno es lo suficientemente sorprendente y de alto perfil como para imaginar una ficción para varias temporadas más.
Todos los episodios de La diplomática se pueden ver en Netflix.
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