
Menos de dos meses duró la desactivación de la “herencia” de despachos que la vicepresidenta y titular del Senado, Victoria Villarruel, quiso imponer a los 24 legisladores -sin importar reelección- que terminan su mandato en diciembre: el kirchnerismo y Provincias Unidas se sublevaron y comenzaron el enroque, y el PRO y silvestres pretenden mejores ubicaciones en la Cámara alta, mientras que la UCR se muestra dispuesta a mantener sus “joyas” edilicias pese al retroceso electoral.
El 11 de septiembre pasado, Villarruel habilitó con el decreto 488 –como contó Infobae- a que la “Dirección General de Administración” efectúe un “relevamiento de oficinas actualmente asignados a los senadores, bloques políticos y asesores tanto en el Palacio Legislativo como en los distintos edificios anexos”.
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La normativa de ese entonces señaló: “Los senadores con mandato cumplido deberán restituir a esta Presidencia y/o a la autoridad que esta designe, los despachos y/u oficinas que oportunamente se les hubiesen asignado para el ejercicio de sus funciones parlamentarias, antes del 10 de diciembre del año en que finalice su mandato”.
“Incluirá la totalidad del mobiliario propiedad del H. Senado de la Nación -muebles, sillas, modulares, equipos telefónicos, computadoras, laptops, celulares, tarjetas de ingreso y egreso, tarjeta de comedor, resmas, papeles membretados, expedientes, carpetas y toda documentación administrativa que los senadores, los agentes y asesores afectados a sus despachos y/o cuerpo de asesores de comisión y/o que participen de los Bloques hayan utilizado durante el tiempo que duró su mandato y/o su designación en esta H. Cámara”, sentenciaba el articulado.
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Una vez consumado, Villarruel dispondrá “las medidas necesarias a fin de poder reasignarlos”. Se adelantó Oscar Parrilli, uno de los delegados fieles de Cristina Kirchner que se va en diciembre y pactó la entrega anticipada de su -deseada- guarida al bonaerense Eduardo De Pedro. Claro está que hay otras compulsas abiertas dentro del interbloque que comanda José Mayans. En tanto, Provincias Unidas no se quedó atrás y tiene las oficinas del experimentado peronista disidente salteño Juan Carlos Romero como un lugar soñado y que mira de reojo su colega correntino Carlos Espínola.
“Hay reacomodamientos y realidades que cambiaron. No puede ser que un jefe se vea impedido de realizar una reunión con sus pares por una oficina minúscula, y otro cuente con un mega despacho sólo para alojar, como mucho, a su inmenso ego”, deslizó el jueves último un opositor de peso.
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Todo fue motivo de “análisis” durante el almuerzo que organizó Villarruel con varias bancadas la semana pasada. Se pasó un tiempo considerable con esta cuestión. Algunos legisladores no podían creer la extensión de la conversación, con toda la agenda que se le viene por delante al Gobierno libertario.
Los silvestres provinciales aterrizados en 2023 aprovecharían el río revuelto para demandar “mejoras”. Por caso, cuando se inició la gestión libertaria en la Cámara alta, el santacruceño José María Carambia plantó una mesa en un pasillo contiguo a las oficinas de Villarruel para reclamar un lugar adecuado. Se sacó una foto y, a las pocas horas, apareció una respuesta. Su compañera, Natalia Gadano, es otro punto fijo en cuanto a quejas y tiene un mini historial de trifulcas discursivas con la vicepresidenta y su equipo. Por ello se convirtieron en impredecibles y serpenteantes a la hora de votar y hay desconfianza sobre su accionar.
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El enroque de despachos continuará y lo que varios se preguntan, a esta altura, no es cómo Villarruel pensó que, con un decreto, iba a modificar rápido una práctica ya histórica de los senadores y que, claro está, no corresponde. En verdad, lo que se cuestiona es que la luz verde fue de una forma desprolija y sin ni tener en cuenta, ni siquiera, la opinión y “oficio” de quienes conocen los secretos de la Cámara alta. Quizás, se hubiese amortiguado el asunto. Hoy, es un problema extra.
Así como el kirchnerismo se blinda ante eventuales jugadas de la titular del Senado, la UCR sigue todo de cerca y se prepara para defender como nunca el sector del segundo piso del Palacio Legislativo. El centenario partido tiene oficinas nada despreciables allí y un área de comunicación montada que, los que cuentan con décadas en la “Casa”, llaman con afecto “la pyme”. No obstante, en la era de la inteligencia artificial y las respuestas en milisegundos, hay informaciones que son confirmadas desde allí recién al día siguiente. Cobran por ello.
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