
Tras el domingo pasado, el Senado tuvo una semana de anestesia y ahora debe definir qué hará hasta que finalice el período ordinario, es decir, el 30 de noviembre. La biblioteca aparece dividida, con una alicaída Victoria Villarruel interesada en un único objetivo de votar a un secretario administrativo -caja- y evitar esa decisión en manos de la nueva conformación de la Cámara alta, aunque en medio de la negociación activó una feroz guerra con el principal sindicato del Congreso y el kirchnerismo, que trata de resistir el golpe y acelerar temas pendientes, como la Defensora del Niño o la modificación de la ley que regula los DNU, mientras que otros sugirieron no sesionar hasta el 10 de diciembre o, en todo caso, seguir de cerca las flamantes conversaciones entre la Casa Rosada y gobernadores.
La vicepresidenta apostó a una errática estrategia política y comunicacional durante el último año -distinto caso para su correcto equipo parlamentario- y ahora la obsesiona cubrir la vacante del secretario administrativo. Recordemos que los dos anteriores, de supuesta estima, fueron eyectados de la peor manera posible y la titular del Senado no tiene completas a las autoridades de la “Casa”. Es decir, algo muy difícil de entender para los que oyeron, previo a los comicios, la carrera que soñaba a futuro.
Villarruel no quiere esa resolución desde el 10-12, con una Patricia Bullrich que ya deslizó a propios y ajenos -a mitad de semana, varios lo dieron por confirmado- que la orden del Ejecutivo es que ella sea la próxima jefa de bloque de La Libertad Avanza. No resultaría llamativo, más allá de que continúe la opción sobre la presidencia provisional: al comando de la bancada oficialista podrá replicar a la oposición en comisiones y quedarse con el cierre de cada debate en el recinto, clave para el Gobierno. De paso, conseguirá que lo tanto que haga o diga sea una potencial noticia, la guía que respetó siempre con ahínco. Ni hablar sobre convertirse en una interlocutoria directa de Javier Milei, algo trascendental que no existe hoy con la vicepresidenta.
El problema con la secretaría administrativa es que el consenso paralelo que Villarruel había obtenido desde hace más de un mes con el kirchnerismo y algunos silvestres sueltos se frenó por una serie de acusaciones y renuncias de un mini lote de empleados legislativos -de extracción cristinista- que puso en alerta no sólo al Frente de Todos -manejado por el formoseño José Mayans-, sino al principal gremio del Congreso, APL.

Al sindicato a control remoto de -el temido por unos y respetado por otros- Norberto Di Próspero no le preocupa tanto la situación de todos los trabajadores -para las recategorizaciones, sólo quedaron en pie los que contaban con padrino o madrina, en unos decretos firmados por la titular del Senado, pero con nombres escondidos-, sino el porvenir de la histórica directora de Personal, Mónica Nieto. Una silla sensible.
Será interesante ver publicados los frescos decretos 573 y 574 rubricados por la vicepresidenta el jueves último, con una “reformulada” estructura y soldados de su aparente confianza. Quienes detestan a APL hablan de -al menos- decenas de acomodados que marcarían el presente obligatorio para irse en el mismo momento. Habría videos sobre dicho accionar. Para detallar el sistema, las fuentes juguetean con la palabra “peaje”.
“Villarruel acordó y después mandó a apretar gente. Bastante curiosa su forma de hacer política”, señaló a Infobae un experimentado senador peronista. El dilema del Frente de Todos apunta también a la agenda imaginada pre elecciones versus la real, con el resultado puesto y la herida abierta. Por ejemplo, el avance exprés para insistir con la versión original del proyecto que la Cámara alta ya aprobó -Diputados modificó- para restringir la mecánica vigente de los DNU no cuenta con los dos tercios para ser habilitado sobre tablas. Por ese motivo es que el martes próximo se juntará, desde las 14, la comisión de Asuntos Constitucionales que lidera la peronista disidente Alejandra Vigo-, para dejar el despacho listo por si hubiese margen y sesionar antes que sucumba el período ordinario.
Otro tema en danza y habilitado para votarse es la Defensoría del Niño, tras un acuerdo del radicalismo con el kirchnerismo que fue validado por paliza en Diputados. Esto es consecuencia de una pésima estrategia de La Libertad Avanza que, en vez de amortiguar la situación, le dejó servido el regalo a la oposición. Podría sumarse una batalla que está en el aire desde hace más de un año: las tres butacas del Senado para la Auditoría General de la Nación (AGN). El kirchnerismo pretende dos y quiere convencer a la UCR de atrapar la restante, mientras que el PRO sugiere que la repartija sea una para cada bancada. Hasta el viernes, no había respuesta desde el oficialismo. “Si es a los ponchazos, estimo quedará trabado”, sentenció un jefe de bloque a este medio.
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