
Pasaron casi 48 horas desde que La Libertad Avanza y el PRO confirmaron, off the record, que competirán unidos en una alianza en la Ciudad de Buenos Aires. Desde entonces no hubo una constatación oficial de parte de los distanciados líderes de los partidos, Karina Milei y Mauricio Macri, ni de sus representantes, sean voceros o funcionarios. Y si bien desde la Casa Rosada deslizaban que era inminente que se tomen y publiquen una foto juntos, en el macrismo se mostraban reticentes a ratificarlo.
La coalición es prácticamente un hecho especialmente desde anoche, cuando los apoderados de los espacios, Pilar Ramírez (LLA) y Ezequiel Sabor junto a Jorge Macri (PRO), firmaron juntos el documento oficial para conformarla que presentarán en el transcurso del día ante la Justicia Electoral (tienen tiempo, según el calendario electoral, hasta la medianoche).
La decisión de ambos lados de ir juntos es firme, pero está atravesada por fricciones que se vieron en los vaivenes entre Karina Milei y Mauricio Macri sobre el modo de anunciar el matrimonio político al electorado de CABA. Una cuestión política no menor en un momento en que el PRO recibe críticas, incluso de los propios, por plegarse a las duras condiciones que le impusieron los Milei: resignar cualquier candidatura a senador; ubicar candidatos en las listas para diputados recién en el quinto y sexto lugar; y ceder con el color, el sello y el logo del nuevo espacio conjunto, que será violeta, se llamará Alianza La Libertad Avanza y hará gala del águila libertaria. Además de excluir nada menos que al jefe de gobierno amarillo, Jorge Macri de todas las negociaciones, fotos y decisión sobre los lugares en las listas.
El detalle de la foto no desveló, pero sí ocupó a la cúpula mileista, en sentido inverso. Desde en que llegaron a un acuerdo con PRO, de palabra y en condiciones tensas, en la Casa Rosada dejaron trascender que era inminente una imagen de concordancia entre los jefes de las tribus violeta y amarilla, mientras que, del otro lado, lo negaban tajantemente. Algunos macristas incluso percibieron un intento de presión hacia Macri. Otros fueron más allá y dijeron que detectaron cierto grado de “preocupación” en la insistencia.
Hasta anoche, nadie negaba que la líder del oficialismo y el jefe de los socios hubieran tenido una conversación, pero tampoco lo confirmaban. En ninguna de las tribus querían ofender a la otra con filtraciones y complicar aún más el vínculo, a través de la prensa.
Por lo pronto, el comunicado conjunto ya está redactado, aprobado y rubricado por los dos. Del lado de PRO, hasta anoche, decían que sólo accederán a que se publique ese texto. En el Gobierno insistían en asegurar que no se descarta una imagen conjunta, al estilo de la que se tomaron Cristian Ritondo con Sebastián Pareja, los delegados de Macri y la hermana de Milei en la Provincia.
El Gobierno no necesita de PRO para ganar las elecciones porteñas nacionales, como lo demostró en las locales. Pero la alianza le resulta imperativa para otros fines: mostrar que puede lograr consensos (de hecho, en un giro, Karina Milei activó diálogos en varias provincias durante las últimas semanas para cerrar más acuerdos). Y exhibir, al día siguiente de los comicios, una cifra -que estima- superior al 50 por ciento, y que le permitiría evienciar fortaleza ante la opinión pública.
De todas formas, el principal interés del oficialismo con la formalización de la alianza es asegurarse gobernabilidad en el Congreso. De hecho, ese fue uno de los factores que movió al jefe de Gabinete, Guillermo Francos a regar los diálogos. También a su asesor, Santiago Caputo. No sólo con vistas a los debates legislativos que corren, sino después de diciembre, cuando seguirán necesitando de la ayuda de sus socios indefectiblemente, más allá de cualquier performance en los cuartos oscuros. “Nosotros ya tenemos asegurados los dos senadores de la mayoría. Acá el tema se juega en el Congreso. Con las alianzas en Ciudad y Provincia cerradas no te pueden decir que no a nada”, dijeron en Balcarce 50.
Los libertarios se muestan reticentes a la palabra “gobernabilidad”, pero admiten necesitan defender los vetos de Milei. Y la tropa macrista, aunque tuvo fugas al campamento violeta, sigue siendo la llave para garantizar el blindaje del superávit fiscal ante los movimientos de la oposición para erogar mayores fondos en áreas sensibles -universidades, discapacidad, jubilaciones- o frenar desregulaciones del Estado que, según el Gobierno, contribuyen a engrosar las cuentas públicas.
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