
El discurso de Alberto Fernández en la apertura de sesiones ordinarias del Congreso culminó en un clima de tensión con la oposición que incluyó gritos, cánticos, acusaciones cruzadas y el abandono del recinto de algunos diputados.
La previa de la ceremonia estuvo marcada por las incógnitas sobre la asistencia de personajes clave, como Máximo Kirchner, los miembros de la Corte Suprema y hasta la propia Vicepresidenta.
Desde el kirchnerismo mantuvieron el hermetismo hasta último momento. Cristina Kirchner llegó al recinto casi sin ser advertida y dio comienzo de inmediato a la sesión. Algo similar hicieron los jueces del máximo tribunal Horacio Rosatti y Carlos Rosenkrantz, que llegaron junto con el Presidente.
En cambio, el líder de La Cámpora dejó su banca vacía en un claro mensaje político que confirma el malestar de un sector de la coalición con el jefe de Estado.

No es la primera vez que el diputado se ausenta de la apertura de sesiones: ya lo había hecho en 2022. Por entonces, el malestar entre el kirchnerismo giraba en torno al acuerdo con el FMI y habían pasado menos de dos meses de la renuncia de Kirchner como jefe del bloque oficialista. Por entonces, había argumentado que no asistió porque sus hijos comenzaban la escuela ese día en Santa Cruz. En esta oportunidad los voceros camporistas todavía no transmitieron explicaciones.
Durante aproximadamente la primera hora y media, el presidente enumeró en un tono apagado los logros de su gestión en materia económica y social. La bancada oficialista aplaudió sin demasiado fervor en algunos pasajes y la vicepresidenta Cristina Kirchner evitó cualquier tipo de gesto, incluso cuando Alberto Fernández condenó y reclamó la investigación del intento de homicidio en su contra.

Los diputados de la oposición optaron por guardar silencio y trasladaron el debate a las redes sociales. Ante muchos de los datos o afirmaciones del Presidente, contestaban con tuits o posteos alusivos. La mayor parte del tiempo se los veía concentrados en sus teléfonos celulares.
“¿Pleno empleo en 21 provincias? Los planes no son empleo, Presidente”, escribió el jefe de la bancada del PRO, Cristian Ritondo, ante sus declaraciones sobre el mercado de trabajo.

“El Presidente arrancó fustigando a los medios por ‘tergiversar la realidad’. Es el mismo Presidente que asegura que la inflación ‘es autoconstruida, está en la cabeza de la gente’ y que los docentes están preocupados por no pagar Ganancias. No hay remate”, agregó Mario Negri, jefe del bloque de la UCR.
El único aplauso que el Presidente logró de los diputados de la oposición llegó cuando proclamó la soberanía de las Islas Malvinas.
Los jueces de la Corte Suprema fueron aludidos directamente en más de una oportunidad, siempre en tono crítico. Alberto Fernández incluso les dedicó más de una mirada desafiante mientras leía su discurso.

Por su parte, Rosatti y Rosenkrantz -sentados a la derecha del estrado- mantuvieron en todo momento la vista al frente y evitaron cualquier gesto que pudiera ser interpretado políticamente. Tampoco contestaron a algunos gritos provenientes de la bancada oficialista.
Sin embargo, el clima apagado terminó abruptamente sobre el final del discurso cuando el Presidente cuestionó al gobierno porteño y a la Justicia por los fallos que la beneficiaron en la disputa por los fondos coparticipables.
“Mientras que muchas provincias necesitan realizar obras que permiten asegurar servicios tan esenciales como el agua potable para sus habitantes, la Corte Suprema de Justicia aseguró cautelar a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires recursos coparticipables que no le corresponden contrariando la ley de coparticipación vigente. Le quita dinero a los que más necesitan y destina esos mismos recursos a la ciudad más opulenta del país”, dijo Alberto Fernández.
Algunos miembros de Evolución, como el senador Martín Lousteau, y los diputados Emiliano Yacobitti y Martín Tetaz, todos porteños, fueron los primeros en retirarse del recinto en medio de gritos.

“Me levanté del recinto y me fui porque no puedo admitir que se diga una barbaridad semejante. El Presidente miente: no puede decir que la Ciudad de Buenos Aires no es parte del convenio de coparticipación”, explicó Lousteau.
Los gritos del lado opositor del hemiciclo volvieron cuando Fernández aseguró que “era porteño” y cuestionó el reclamo de fondos del gobierno porteño. “Volvé a la Facultad”, “Basta de mentir”, “No sabés ni para dónde vas”, fueron algunas de las cosas que se escucharon desde el sector ocupado por Juntos por el Cambio.
El diputado del PRO, Fernando Iglesias, se cruzó en duros términos con Alberto Fernández, Cecilia Moreau y varios diputados oficialistas. Terminó por darle la espalda al Presidente mientras hablaba. “Es un honor que me insulte, diputado Iglesias”, contestó el Presidente. Tras unos minutos, el representante del sector “halcón” de la oposición agarró su mochila y abandonó su banca.
Varios integrantes del Interbloque Federal, como Alejandro “Topo” Rodríguez, Graciela Camaño, Florencia Randazzo, Mónica Fein y Enrique Estévez también se retiraron enojados con las palabras del mandatario
“Le reclamé al kirchnerismo que es una arbitrariedad institucional y una ilegalidad que el Presidente use su discurso para incidir en el proceso en curso. Por eso nos fuimos”, detalló Rodríguez. “El Presidente eligió usar para su interna el dolor del drama de la inseguridad que vivimos en Santa Fe. Con mentiras y cinismo, mezcló cuestiones y así no asumió ninguna responsabilidad. Repudiable”, continuó Fein.
Los libertarios Javier Milei y Victoria Villarruel, que habían sido los primeros en llegar al recinto pasadas las 9.30, también se fueron antes de que terminara el discurso oficial.

El Presidente luego apuntó contra la Justicia y su vinculación con los servicios de inteligencia a raíz de las filtraciones de presuntas conversaciones entre el vocero de Rosatti, Silvio Robles, y el ministro de Seguridad porteño, Marcelo D’Alessandro.
“Tomó estado público lo que muchos describíamos y denunciábamos: la connivencia entre algunos magistrados, empresarios de medios de comunicación, ex agentes de inteligencia y políticos”, dijo en tono enfervorecido.
La oposición contestó con un cántico irónico: “Borom bom bom, para Alberto, la reelección”. El clima en el recinto había cambiado completamente y al Presidente le costó seguir con su discurso en medio de los gritos.
“Con el barullo no sé quien gana”, planteó el Presidente, a modo de crítica a los que fomentan la grieta. La oposición contestó con risas irónicas y gestos para que termine su alocución. “¿Y hacés este discurso?”, le gritó el mendocino Alfredo Cornejo.
Al cierre, parte del oficialismo entonó la Marcha Peronista con ayuda de los sindicalistas y referentes de movimientos sociales que ocupaban algunos de los palcos.
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