
Alberto Fernández conocía las críticas de Cristina Fernández de Kirchner y de Máximo Kirchner a su estrategia de negociación con el Fondo Monetario Internacional (FMI). La vicepresidente y el jefe de la Cámpora nunca coincidieron con las gestiones de Martín Guzmán frente a Kristalina Georgieva y menos aún con los indicadores financieros y económicos que acordó con el staff del Fondo hace apenas cinco días.
Sin embargo, Alberto Fernández fue sorprendido por la decisión política de Máximo, quien jura que CFK no pudo disuadirlo para evitar su renuncia como titular del bloque de diputados del Frente de Todos. El líder de la Cámpora intenta preservar su poder interno, y Cristina entiende sus razones tácticas cuando faltan 21 meses para las elecciones presidenciales.
El miércoles pasado en Olivos, durante una a cena a solas, el jefe de Estado y Máximo Kirchner discutieron sin reparos sobre la agenda de Gobierno y la negociación con el Fondo. Fue un encuentro tenso que ratificó sus diferencias políticas e ideológicas.
“Nunca estuve de acuerdo con tu candidatura, y tampoco coincido con la negociación que estás haciendo con el Fondo. No me gusta nada”, dijo Máximo Kirchner al Presidente.
Y remató: “Cristina es la jefa del espacio. Deberías tratarla con más respeto”.
Alberto Fernández rechazó la acusación de maltrato a la vicepresidente y defendió su negociación con el FMI. “No voy a ir al default, y estamos haciendo el mejor acuerdo”, replicó el jefe de Estado al diputado nacional.

Máximo Kirchner abandonó Olivos meditando sobre sus próximos pasos. Se reunió con CFK y adelantó su decisión de renunciar a la titularidad de la bancada oficialista.
El jefe de la Cámpora argumentó frente a la vicepresidente que no podía defender un acuerdo con el FMI que iba en contra de sus concepciones, y que prefería renunciar a la conducción del bloque para preservar su conciencia y su espacio de poder.
Cristina aceptó las razones políticas de Máximo Kirchner, pero cuestionó el momento y la oportunidad. CFK no quiere ser Carlos “Chacho” Álvarez ni Julio Cobos, dos vicepresidentes que actuaron en contra de sus propios presidentes: Álvarez con Fernando de la Rúa, y Cobos con ella misma.
Cerca del mediodía, Máximo Kirchner reveló a Sergio Massa su decisión política. El titular de la Cámara de Diputados intentó disuadirlo, pero todo fue en vano. Massa apuesta a preservar la continuidad del Frente de Todos, y dialogó varias veces con el Presidente para encontrar una salida a la crisis de la coalición opositora.
No hubo caso. Y todo se precipitó cuando Máximo Kirchner habló con Alberto Fernández para anunciar su próximo paso político. El jefe de Estado trató de cambiar su opinión y argumentó a favor de la necesidad de preservar intacto al Frente de Todos. Fue un gesto ocioso, que apenas duró cinco minutos.

Cristina Fernández de Kirchner aseguró al Presidente que no habrá una renuncia en cadena de los ministros, secretarios y directores que responden a la Cámpora como sucedió tras la derrota en las PASO. Y Massa ya se ha puesto a trabajar en Diputados para evitar que la abrupta decisión de Máximo Kirchner entierre el entendimiento con el FMI.
Alberto Fernández confía en el trabajo legislativo de Massa y en la Casa Rosada aguardan un posteo de CFK que confirme que está al margen de la fuga hacia adelante protagonizada por Máximo Kirchner. “Tiene que publicar una carta en las redes sociales cuestionando a Máximo. Si no lo hace, vamos a pensar que forma parte de la operación”, opinó un ministro con pase libre en la quinta de Olivos.
Con la renuncia del líder de la Cámpora consumada, el Presidente se mantuvo en su estrategia original. Ratificó a Martín Guzmán como negociador ante el FMI y reiteró que no cambiará una sola coma del entendimiento anunciado el viernes en Buenos Aires y Washington.
El jefe de Estado asume que tiene una oportunidad histórica para consolidar su cuota poder adentro del Frente de Todos. Y aprovechará su viaje relámpago a Rusia, China y Barbados para diseñar una agenda política que le permita aislar a Máximo Kirchner en la Casa Rosada y el Congreso.
Cuando era un joven militante, Alberto Fernández leía con placer a Antonio Porchia. Su libro más conocido se llama Voces, y el presidente sabía de memoria una línea poética que anoche se recordaba sin pudor en Balcarce 50: “Tú crees que me matas. Yo creo que te suicidas”.
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