Con Cafiero como Canciller, el Gobierno busca una nueva estrategia para que Alberto Fernández sea presidente de la CELAC en 2022

El nuevo ministro de Relaciones Exteriores intenta reconstruir vínculos para que antes de fin de año el mandatario argentino pueda acceder a la titularidad del organismo. El desplazamiento de Felipe Solá complicó los planes

El presidente Alberto Fernández y su par mexicano, Andrés Manuel López Obrador, en febrero de este año.
El presidente Alberto Fernández y su par mexicano, Andrés Manuel López Obrador, en febrero de este año.

El sábado 18 de septiembre en México todo estaba preparado para que Argentina asumiera la presidencia pro témpore de la CELAC, la Comunidad de los Estados Latinoamericanos y Caribeños. Una ambición que el presidente Alberto Fernández mantenía luego de sufrir en los últimos tiempos otros reveses a nivel diplomático. Pero el desplazamiento de su cargo del canciller Felipe Solá, quien se enteró en pleno vuelo rumbo a tierra mexicana de los cambios en el Gabinete Nacional, cambió el escenario.

Solá, ofendido, redactó su carta de despedida y decidió no concurrir a la VI reunión del organismo. El canciller mexicano Marcelo Ebrard, anfitrión del encuentro, anunció que no estaba en el orden del día “el consenso” para elegir al próximo presidente pro témpore de la CELAC y agregó que la decisión se tomará dentro de “varios meses”. El mandato de México termina el 31 de diciembre. En representación de nuestro país estuvo Juan Carlos Valle Raleigh, subsecretario para América Latina.

Ahora habrá que reconstruir el vínculo con los otros países que integran la CELAC para que la pretensión de Alberto Fernández se convierta en realidad. Es uno de los grandes objetivos que se puso Santiago Cafiero, el nuevo ministro de Relaciones Exteriores, ni bien asumió. Todavía no hay acuerdo político para que se concrete el deseo presidencial. Sobre todo por la firme posición opositora de Nicaragua que intenta sumar voluntades en contra de las intenciones argentinas. Cafiero, en una de sus misiones más relevantes desde que accedió a su nuevo puesto, quiere que antes de fin de año este tema quede resuelto favorablemente.

Los países que integran la CELAC son 32: Antigua y Barbuda, Argentina, Bahamas, Barbados, Belice, Bolivia, Chile, Colombia, Costa Rica, Cuba, Dominica, Ecuador, El Salvador, Granada, Guatemala, Guyana, Haití, Honduras, Jamaica, México, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú, República Dominicana, San Cristóbal y Nieves, Santa Lucía, San Vicente y las Granadinas, Surinam, Trinidad y Tobago, Uruguay y Venezuela.

El canciller mexicano Marcelo Ebrard recibe al presidente de Perú, Pedro Castillo, uno de los participantes de la última reunión de la CELAC. Foto: REUTERS
El canciller mexicano Marcelo Ebrard recibe al presidente de Perú, Pedro Castillo, uno de los participantes de la última reunión de la CELAC. Foto: REUTERS

Todos los países importantes del bloque regional -México, Colombia, Chile, Uruguay, Ecuador y Paraguay, por ejemplo- respaldaban la candidatura de Alberto Fernández, pero desde que se decidió retirar a consultas en Buenos Aires al embajador argentino, Daniel Capitanich, de la sede diplomática en Managua por las denuncias sobre violaciones a los derechos humanos en Nicaragua de parte del régimen de Daniel Ortega, el país centroamericano empezó a presionar para boicotear las aspiraciones argentinas. Brasil ya había renunciado a la CELAC a comienzos de 2020 porque adujo que no venía teniendo resultados en la defensa de la democracia en la región.

Tres días antes de esta Cumbre, el 15 de septiembre, el canciller nicaragüense, Denis Moncada, había expresado que “el Gobierno de Argentina, no su pueblo al que respetamos, ha contrariado, negado, las bases de la CELAC, con pronunciamientos públicos de su presidente y su canciller, informando con gran ruido mediático que trabajan con Estados Unidos para resolver la situación de Nicaragua”, una declaración explícita del malestar de Ortega contra el gobierno de Alberto Fernández.

La posición nicaragüense fue ratificada por Moncada en el Palacio Nacional de la Ciudad de México, donde se llevó a cabo la reunión del bloque regional el sábado 18 de este mes. “Nicaragua expresa en este foro que debe ineludiblemente representar la soberanía de los pueblos y estados latinoamericanos y caribeños nuestra firme posición de no respaldo, no voto a la República Argentina para la Presidencia Pro Tempore de la CELAC”, dijo.

El representante del gobierno de Ortega agregó que “como bien se puede observar, el Gobierno de la Argentina se convirtió en instrumento del imperialismo norteamericano, subordinándose a sus intereses hegemónicos, diseñando, dicho por ellos mismos, con el Gobierno de Estados Unidos una estrategia para vulnerar y negar la soberanía nacional de Nicaragua”.

“El Gobierno de la Argentina se ha atrevido a interferir en nuestros asuntos haciendo política propia, interviniendo vulgar y ofensivamente en clara e insultante sintonía con los yanquis en temas internos de nuestra Patria. El Gobierno de la República Argentina se ha prestado a violar nuestra dignidad y soberanía nacional”, completó el diplomático centroamericano.

Valle Raleigh, al tomar la palabra en representación de nuestro país, rechazó “todos los términos de la intervención del canciller Moncada” y aseveró que “las acusaciones son absolutamente falsas”.

“Lo que está pasando con esta intervención es que estamos haciendo un juego que no queremos: estamos debilitando a la CELAC y le estamos dando letra al secretario general de la OEA (el uruguayo Luis Almagro). Uno de los pilares de nuestra política exterior es justamente la no injerencia. Siempre hemos sostenido que cada país debe encontrar su camino”, agregó.

Durante este encuentro del organismo creado en febrero de 2010 también quedaron en evidencia las tensiones que subyacen entre varios países. El presidente paraguayo, Mario Abdo Benítez tuvo un duro encontronazo con su par venezolano Nicolás Maduro. Y al uruguayo Luis Lacalle Pou le ocurrió lo mismo con el mandatario cubano Miguel Díaz Canel.

Alberto Fernández tuvo otros fracasos diplomáticos desde que se instaló en la Casa Rosada. Primero para acceder a la dirección del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y luego también tropezó cuando intentó presidir otro organismo multilateral de crédito, el Banco de Desarrollo de América Latina (CAF).

Ahora su decisión era ocupar la titularidad de un foro regional y por eso apuntó a la CELAC. Solá, que era su canciller, desplegó una estrategia diplomática en el Caribe que dio sus resultados. Logró desactivar la iniciativa nicaragüense de imponer a Ralph Gonsalves, quien hace veinte años es Primer Ministro de San Vicente y las Granadinas, una isla con un pequeño archipiélago que suman 390 kilómetros cuadrados y que es uno de sus aliados en relaciones exteriores, como otro aspirante a la presidencia y todo parecía encaminado para el jefe de Estado argentino.

La crisis de la alianza de su gobierno, consecuencia de la derrota electoral en las PASO del 12 de septiembre, y en ese contexto la abrupta determinación de desplazar a Felipe Solá cuando ya había partido hacia México perjudicaron a Alberto Fernández para alcanzar su propósito. Solá iba a ser su representante en la Cumbre pero en el avión de la Fuerza Aérea en el que viajaba, durante una escala en El Salvador, se enteró de que había sido uno de los fusibles que debió abandonar el Gabinete en medio de los cimbronazos post elecciones. Sin él, el mandatario argentino intentará recomponer su imagen y quedar al frente de la CELAC de la mano de su nuevo canciller.

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