
Hay que dejar atrás la crisis política y hay que dejarla rápido. Eso es lo que creen en el Frente de Todos, donde el nuevo discurso es resaltar la unidad después del quiebre que hubo la semana pasada en la relación entre Alberto Fernández y Cristina Kirchner, que terminó en la renovación del Gabinete y la explosión de la interna oficialista.
Este miércoles, a las 11 de la mañana, el Presidente encabezará un acto frente a la facultad de Medicina de José C. Paz, uno de los municipios más pobres del conurbano bonaerense en donde el peronismo logró una victoria en las PASO, una novedad dentro de la ola amarilla que golpeó a la mayoría de las las secciones electorales de la provincia de Buenos Aires.
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Fernández regresaba de esa localidad el día en que se enteró que el kirchnerismo, en un movimiento brusco e inesperado, lo había vaciado de poder, para aumentar la presión sobre su decisión de no renovar el Gabinete y torcerle el brazo con una catarata de renuncias de ministros que responden a la Vicepresidenta.

Ahora el Gobierno intenta disimular esa guerra sobreactuando el discurso y se refiere a esa batalla de intereses y poder como una discusión entre socios que no están de acuerdo. Extraño. Sobre todo teniendo en cuenta que los propios movimientos ejercidos por el Presidente, entre ellos convocar a sus ministros leales a la Casa Rosada y pedir el respaldo de gobernadores y sindicales, iluminaron la escena montada por la Vicepresidenta.
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En lo formal será la inauguración del edificio de la Universidad Nacional de José C. Paz donde va a funcionar la carrera de medicina y el resto de las carreras vinculadas a la salud y el deporte. El edificio se empezó a construir en el 2018 y está “casi terminado”, según revelaron desde el municipio. Tiene 20.000 metros cuadrados y 101 aulas. El acto tendrá lugar en un escenario montado al costado donde están preparadas varias hileras de sillas para recibir a dirigentes y militantes.
En lo que respecta al mensaje político, el Gobierno utilizará el acto para relanzar la campaña después de la derrota en las PASO y la crisis que se desató la semana pasada en el Frente de Todos. El recambio de Gabinete implicó el “comienzo de un nuevo tiempo”, según definieron cerca del Jefe de Estado. Esa es la idea que buscarán transmitir desde el discurso, las imágenes y los símbolos.
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Hoy estarán en la localidad que gobierna Mario Ishii, que hará su primera aparición pública luego de estar internado, en grave estado, por contraer Covid-19, el flamante Jefe de Gabinete, Juan Manzur; el ministro de Seguridad, Aníbal Fernández; el de Desarrollo Social, Juan Zabaleta y el de Obras Públicas, Gabriel Katopodis, entre otros funcionarios.
También estará el gobernador bonaerense, Axel Kicillof, y gran parte de su Gabinete; el líder de La Cámpora y presidente del bloque oficialista en la Cámara de Diputados, Máximo Kirchner. Hasta ayer a la noche estaba presente el rumor de una posible participación de Cristina Kirchner, aunque no había confirmación oficial.
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Máximo Kirchner estuvo sentado en la primera fila en el acto donde los nuevos ministros prestaron juramento y este miércoles acompañará al Presidente en el conurbano. Muestras de que la paz está firmada, aunque no se sabe hasta cuando.
El lunes, durante la jura de ministros, Fernández hizo una convocatoria a la militancia para el acto, en una movida que estaba fuera de la agenda del peronismo y busca devolverle a la campaña aunque sea un mínimo efecto de la liturgia peronista, que quedó en el camino debido a las limitaciones que generó la pandemia.
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Tal es así que en el Frente de Todos creen que hay votos que se perdieron en la elección porque el peronismo no pudo llevar adelante una campaña normal, cara a cara, en el territorio, donde suele tener volcada toda su fuerza. No es un argumento de peso que explique el resultado, sino consideraciones que se hacen el interior del oficialismo después de la paliza electoral.
“Quiero convocarlos a todos y todas, a todos nuestros militantes para que vayamos juntos, para que aunamos fuerzas, para que remontemos los resultados del domingo pasado, para que le demos cuenta a los vecinos de todo el país, a los hermanos de todas nuestras provincias que por delante hay un país que reconstruir y ese país no puede seguir construyéndose bajo la base de privilegios de pocos“, remarcó el Presidente en el comienzo de la semana.
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La convocatoria informal fue hecha con menos de 48 horas y no hubo una organización detallada de la movilización. Está confirmada la presencia de militantes del Movimiento Evita, Barrios de Pie y La Cámpora. En cambio, no está previsto que la CGT y el Frente Sindical movilicen. Tampoco los intendentes del conurbano.
No todas las miradas son positivas respecto a la convocatoria de Fernández. Hay dirigentes que consideran que el regreso al esquema tradicional de actos no le sumará demasiado al oficialismo. “No entienden nada. Se creen que amontonando gente con Ishii vamos a remontar la elección”, dijo, indignado, un intendente del conurbano en las últimas horas.
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La vuelta de las movilizaciones callejeras van de la mano con el escenario de pospandemia que el Gobierno trazó en las últimas semanas y que ayer a la mañana terminó de diseñar con la decisión de levantar la obligatoriedad para usar barbijo en la vía pública a partir del 1 de octubre.
En Balcarce 50 ya tienen en claro que las medidas sanitarias y el avance en el plan de vacunación no se traducen en votos. Al menos así quedó a la vista en las PASO. Sin embargo, el nuevo tiempo de Fernández y su Gabinete van de la mano de medidas económicas y sanitarias que buscan generar un mejor clima en la sociedad.
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El Presidente volcará gran parte de la campaña al conurbano. Espera recuperar votos en el sector geográfico más poblado de la Argentina y determinante a la hora de ganar una elección. El mismo lugar donde recibieron un duro revés electoral. Por eso no es casual su desembarco en José C. Paz en la misma semana en la que renovó el Gabinete y las tensiones internas se calmaron gracias al silencio de Cristina Kirchner.
En el Gobierno tienen asumen que dar vuelta la elección es muy difícil. El primer paso es reacomodar la fuerza política, enfriar el nivel de discusión interna y acelerar los anuncios, además de que los ministros le den volumen a la comunicación de la gestión y se metan de lleno en la construcción de una nueva imagen del gobierno nacional de cara a las elecciones. Luego, intentarán la remontada. Queda mucho tiempo por delante.
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