
En estas últimas horas Santa Fe, especialmente Rosario, la ciudad más grande de la provincia, es noticia por las muertes violentas del narcotráfico. Amenazas, asesinatos por encargos, balaceras. Es una novela policial que se actualiza cada día. En paralelo hay una campaña política, una elección y una disputa de poder en el corazón del peronismo santafecino.
El próximo domingo la lista que encabeza Marcelo Lewandowski y que tiene el aval del gobernador Omar Perotti y la Casa Rosada, enfrentará a la que lidera Agustín Rossi, el ex ministro de Defensa que fue desplazado del Gobierno por querer participar en las PASO y no acatar el pedido de Alberto Fernández de bajar su candidatura.
La discusión de fondo en el peronismo local la protagonizan Perotti y Rossi. Son los nombres con más peso y volumen político de la provincia. El acuerdo que ambos hicieron en el 2019 le sirvió al peronismo para ganar las elecciones y volver al poder después de 12 años de liderazgo socialista. De esa alianza queda poco y nada. Algunos funcionarios del rossismo en el gabinete del perottismo. Nada más. Entre ellos el vinculo está roto.
De cara a las elecciones, en ambos espacios tienen encuestas que los dan ganadores. Los trabajos de consultorías que se hicieron públicos, en su mayoría, dan ganador a Rossi. Sin embargo, el ex ministro toma esos números con mucha prudencia. “Ninguna encuesta o proyección da la elección por terminada”, asumen en su entorno.

Rossi reconoce que el resultado también puede variar de acuerdo a cuál es el rival a enfrentar, según lo que la sociedad interprete a la hora de ir a votar. Si el rival es Lewandowski, siente que tendrá más posibilidades de ganar.
Si, en cambio, el mano a mano es con Perotti, quien se colocó como senador suplente y su foto está en la lista para lograr una adhesión mayor, el resultado será más ajustado y podría perder. El dirigente kirchnerista asume que la jugada estratégica de Perotti de acordar con Cristina y dejarlo afuera de la lista le condicionó una parte del voto kirchnerista que siempre lo acompañó.
En el perottismo se decidieron por no hacer circular encuestas durante la campaña y midieron con dos consultoras porteñas, que suelen hacer proyecciones nacionales, y con una que trabaja para el consumo interno del gobierno santafesino. En todas los dan ganadores por resultados parecidos. En las dos veredas aseguran que están bien posicionados en Rosario, el distrito clave.
“Si mandamos a hacer encuestas, nos dan mal y creemos que nos va a ir bien, es como hacer trampa jugando al solitario”, reflexionó un dirigente cercano al Gobernador. En definitiva creen que sus números son los más acertados, porque fueron correctos en los últimos dos comicios, y que ganarán las PASO en lo que podría ser una definición ajustada.

Entre Perotti y Rossi existe una desconfianza permanente. Están dolidos, en lo personal, uno con el otro. Rossi acusó a Perotti de apretar intendentes para que no lo reciban en el territorio y de poner poner millones de pesos del estado santafecino a la orden de su campaña electoral. Perotti cree que Rossi está exponiendo un nivel de violencia tan alto que lo único que hace es dañar la imagen del peronismo en la provincia.
Las dos miradas son paralelas en otros tantos temas. Uno de ellos, quizás de lo más importante en lo que respecta a la elección, es que ambos ven complicada la posibilidad de llegar a un acuerdo el día después de las PASO. Es tanta la tensión que hay en el vínculo que sienten que será complejo reencausar la unidad del espacio para afrontar todos juntos las elecciones generales.
En el perottismo lejos de creer que, en el caso de perder, Rossi los apoyará, están convencidos que frente a ese resultado, solo les pondrá piedras en el camino. “Nos va a matar”, advierten. No se imaginan una foto juntos el día después de la elección. En el rossismo descartan esa opción. “No vamos a hacer nada que pueda complicar su gobernabilidad o que perjudique al Frente de Todos”, sostienen.
En el escenario inverso, en el gobierno provincial asumen que frente a una derrota, el armado político de Perotti quedará debilitado y deberá sentarse a negociar con Rossi para fortalecer el gobierno en los últimos dos años de gestión. En la estructura rossista están convencidos que el próximo lunes es clave el comportamiento que tenga Perotti, porque es el gobernador y el que tiene que mover la primera ficha.

Para el gobernador de Santa Fe la decisión de Rossi de competir pese al pedido de la Casa Rosada es solo por un beneficio personal. ¿Cuál? Sabiendo que puede ganar las PASO pero perder la elección general por su techo de votos, el “Chivo” cuida su poder y se mantiene a flote hasta llegar al 2023, cuando busque la gobernación de la provincia. “Cuida su quintita”, dicen.
Para Rossi, en cambio, Perotti está en plena construcción de una estructura propia, similar a la del peronismo cordobés, y piensa, más temprano que tarde, apartarse del Frente de Todos, consolidar el peronismo santafecino entorno a su liderazgo y liberarse del kirchnerismo. Lo que está haciendo es alejarse lentamente.
Los trágicos eventos ocurridos en Rosario en los últimos días se metieron una campaña marcada por la seguridad y las promesas de los políticos para combatir el narcotráfico. Seis muertos en 24 horas y a cinco días de las elecciones generaron suspicacias en el arco político santafecino. ¿Tienen alguna vinculación con los comicios? ¿Es un mensaje para la gestión de Perotti? ¿Cómo puede seguir? Las preguntas que se hicieron en el gobierno provincial no tienen respuestas terminantes.
En el perottismo no descartan que los homicidios tengan algún tipo de vinculación con la campaña y le temen a la utilización política del tema por parte de sus adversarios políticos. Además, creen que hay motivos para que el mensaje esté direccionado contra ellos debido a su intervención para buscar romper los circuitos ilegales y por descabezar a la cúpula policial.

En medio de ese contexto sangriento que vive la provincia, apuntaron contra el rossismo indicando que en su armado político tiene al senador provincial Armando Traferri, a quién se lo acusa de tener vínculos con el juego clandestino y la banda criminal “Los Monos”.
“Uno de los senadores que votó el desafuero de Traferri hoy es nuestro primer candidato a senador”, indicaron, en referencia a Lewandowski y buscando marcar diferencias con el espacio que lidera Rossi. La discusión política se embarró en los últimos meses y en los últimos días de campaña quedó a la vista.
La mirada es distinta en el rossismo, donde no le encuentran conexión con la elección y solo creen que es parte de un problema que arrastra la provincia desde hace años y que esta gestión peronista no ha podido resolver. En ese sentido, señalan a Perotti porque creen que está más enfocado en la campaña electoral que en gestionar de los enormes problemas de seguridad que tiene la provincia.
“Está sentado sobre un polvorín y no se da cuenta. Sigue preocupado por la interna electoral. No pudo cambiar nada con su política de seguridad. Fracasó de la mano del histrionismo de Marcelo Sain”, dijeron, en referencia al ex ministro de Seguridad santafecino, conocido por sus desafortunadas frases e intervenciones públicas.
La tensión entre ambos dirigentes y la incertidumbre que hay sobre el final que podría tener la elección del domingo, parecen haber sido percibidos en el gobierno nacional como una clara señal para no entrometerse. Después de realizar un apoyo explícito a la lista que respalda Perotti, hubo un corrimiento de la escena muy marcado.
El Gobierno no envió ministros durante la campaña y no lo hará hoy, cuando se lleve adelante el acto de cierre. Tampoco se comunicaron con Rossi en los últimos días. La Casa Rosada se corrió del conflicto para no quedar en el medio de una disputa explosiva y para volver a equilibrar la balanza en la interna, frente a la posibilidad de que el ex ministro de Defensa resulte ser el ganador de la elección.
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