
La continuidad de Marcela Losardo como ministra de Justicia es su decisión personal y política. Alberto Fernández insiste en su continuidad en el Gabinete Nacional, mientras Cristina Fernández de Kirchner se mantiene en silencio y deja que sus alfiles en el Gobierno juren que la ministra más cercana al Presidente ya es historia.
A diferencia de María Eugenia Bielsa y Ginés González García, Losardo no dio razones al jefe de Estado para forzar su renuncia. La ministra es eficiente y no puso una mesa de entrada VIP cerca de su despacho para beneficiar a sus conocidos de Comodoro Py y la Corte Suprema.
Pero está cansada de las zancadillas que sufre del kirchnerismo y de la situación política que enfrenta a la Casa Rosada con el Poder Judicial. Losardo pasa sus horas en el ministerio bajó la mirada orwelliana de Juan Martín Mena, el viceministro de Justicia que trabajó en los servicios de inteligencia bajó las órdenes de Oscar Parrilli. Sólo hay relación protocolar entre ambos, y la desconfianza es una presunción Iuris et de iure.
Losardo es amiga del Presidente desde hace cuarenta años, compartieron estudio de abogados y está en perfecta sintonía con su intención de reformar al Poder Judicial. Es más, no cree que Alberto Fernández haya girado hacia el kirchnerismo duro por su cuestionamiento institucional y político a Comodoro Py y la Corte durante la Asamblea Legislativa.
“Alberto (Fernández) no giró a posiciones extremas. Se hartó de buscar un diálogo lógico con el Poder Judicial, y no lograr nada. Eso explica su discurso en el Congreso”, dijo la ministra en su círculo más cercano.
Cristina Fernández de Kirchner imaginó que Losardo patrullaría los despachos de Comodoro Py y la Corte Suprema para convertir en papel picado toda la evidencia que hay en su contra en casos emblemáticos como Hotesur, Los Sauces y Obra Pública. CFK cree que es inocente y que las pruebas concurrentes son el fruto prohibido de la doctrina del lawfare.
La ministra terminó rápido con el raptus imaginativo de la Vicepresidente, y desde ese momento se transformó en un blanco móvil del Instituto Patria y sus dependencias anexas en el Senado y la propia cartera de Justicia. Losardo no actuó sólo por sus propios reflejos institucionales: el Presidente respaldó esa decisión política.
Sin embargo, Losardo sabe cómo funciona el poder en épocas de crisis políticas. CFK agravó a su estilo el discurso de Alberto Fernández en la Asamblea Legislativa, y esa decisión de la Vicepresidente empoderó a sus alfiles que olfatearon una posibilidad inédita en 15 meses de Gobierno: coronar a uno propio en la cartera de Justicia.
Losardo quiere renunciar por hastío. Y el jefe de Estado le pide que permanezca en el cargo por razones políticas. Los dos amigos, compinches en la facultad, presentaron sus razones. Y Alberto Fernández contaba hasta anoche con su permanencia en el Gabinete Nacional.
Aún se deben un diálogo definitivo.
Hay dos argumentos políticos que podrían mantener en el cargo a Losardo. Evitar que el Instituto Patria ocupe la cartera de Justicia y que a continuación el vínculo institucional entre el Poder Ejecutivo y los tribunales sufra una colapso inédito en 37 años de democracia.
Losardo comparte estos razonamientos. Y por eso cavila acerca de su futuro en el Gabinete Nacional. No quiere dejar solo a su “amigo Alberto”, y hasta ahora no dio el paso al costado. Aunque en los aledaños del Vacunatorio VIP le facturan que nunca estuvo cerca de Justicia Legítima y en las cercanías del kirchnerismo duro filtran nombres de candidatos para sucederla cuando todavía piensa qué hacer.
Alberto Fernández aún sostiene a Losardo como ministra de Justicia. Todo depende de ella. Y de nadie más.
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