“Illia fue un presidente de lujo que no supimos cuidar”

Emilio Gibaja fue director de Prensa del mandatario radical derrocado en 1966. Por aquel golpe, acusa al sindicalismo, que “no entendía la democracia”, y sigue considerando justificada la proscripción del peronismo

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Coautor, junto al ya fallecido Rodolfo Pandolfi, del libro La Democracia derrotada. Arturo Illia y su tiempo (Ed.Lumiere, 2008), Emilio Gibaja es un ardiente defensor de la figura de ese presidente radical y uno de los promotores del revisionismo en torno a su gestión, iniciado durante el gobierno de Raúl Alfonsín. Sin vueltas, asimila al peronismo al fascismo y al nazismo y por ello considera que la proscripción de ese partido, sin la cual el triunfo de Arturo Illia en las presidenciales de 1963 no hubiera sido posible, era algo lógico.

— ¿Cuáles eran sus funciones en el gobierno de Arturo Illia?

— Yo era director de Prensa de la Presidencia, pero no había demasiadas funciones porque la parte publicitaria estaba muerta: el presidente Illia se oponía totalmente a la publicidad de gobierno. Él había estado en Italia y en Alemania, en el año 34, y vio toda la publicidad del fascismo y del nazismo, así que nos dijo directamente: "Muchachos, ni un peso para publicidad. Ocúpense de la prensa y que se anuncien los logros cuando el que los disfruta lo promueva".  En cuanto al golpe, se lo veía venir desde el mismo momento que Illia asumió la presidencia. Fue permanente la obstrucción a este gobierno decente, honesto. Pero no solo honesto, sino además muy eficiente. Los resultados lo demostraron abiertamente y muchos de los que estuvieron en el golpe poco tiempo después empezaron a arrepentirse y algunos lo hicieron público.

El libro que Emilio Gibaja
El libro que Emilio Gibaja escribió, en coautoría con Rodolfo Pandolfi, sobre el gobierno de Arturo Illia, del que formó parte

— Usted hace esa aclaración porque se suele asociar honestidad con ineficiencia, ¿no?

— Claro. Illia se rodeó de un buen gabinete, de un equipo económico de primera. Estaba Roque Carranza al frente de la CONADE (Comisión Nacional de Desarrollo), Félix Elizalde era presidente del Banco Central, el ministro fue Eugenio Blanco, lamentablemente muere en mitad del mandato, lo reemplaza (Juan Carlos) Pugliese. Los números lo dicen, fue muy eficiente, Illia de tonto no tenía nada, pero lo obstaculizaron permanentemente. Un ejemplo fue cuando se promulgó la ley del salario mínimo, vital y móvil. A los pocos días nos plantearon el plan de lucha.

— ¿La CGT?

— La CGT. Y el peronismo abiertamente estuvo en la oposición, pero de muy mala fe y en base a mentiras, a falsedades. Bueno, cuando jura el general Onganía estaba todo el elenco principal de la CGT en la jura. Decidieron ponerse saco y corbata ese día: estaba (Augusto Timoteo) Vandor, estaba (José) Alonso, estaba (Francisco) Prado, estaba (Juan José) Taccone, todos alrededor de Onganía. Lograron imponer un dictador casi ignorante y absolutamente fascista. Yo querría, si a usted no le molesta, leer un reportaje mínimo que le hizo Tomás Eloy Martínez a Perón el día del golpe. Fue el 28 de junio de 1966 y fue publicado en la revista Primera Plana el día 30. Y Perón contesta así.: "Para mí este es un movimiento simpático porque acortó una situación que ya no podía continuar. Cada argentino sentía que Onganía puso término a una etapa de verdadera corrupción. Illia había detenido el país queriendo imponerle estructuras del año 1800. Es la última oportunidad de la Argentina para evitar que la guerra civil se transforme en la única salida. Simpatizo con el movimiento militar porque el nuevo gobierno puso coto a una situación catastrófica". Esto decía Perón, es decir, cuando se molestan por los golpes de Estado tienen que saber que su jefe, su mentor, no solo participó en el golpe del 30, el del 43, sino que fomentó, ayudó y simpatizó con el golpe contra Illia en el 66.

Augusto Timoteo Vandor, dirigente sindical
Augusto Timoteo Vandor, dirigente sindical que promovió el “peronismo sin Perón”

—¿Aprendimos los argentinos de todas esas experiencias? Muchas fuerzas políticas cargan tienen en su habr alguna participación o respaldo a una interrupción institucional.

— Muy poco se aprendió, porque podemos ver que el golpe del 30 fue apoyado por la población. El golpe del 43 también. El golpe contra Frondizi fue apoyado. El golpe contra Illia también. Yo creo que aprendimos recién…

— Contra Perón, se olvidó el del 55.

— Es que no coincido yo, contra Perón no fue un golpe, contra Perón fue una revolución. Porque si Perón no hubiera sido un cobarde y hubiera resistido, tenía más fuerzas militares que (Eduardo) Lonardi. Pero yo hablo de los golpes que apoyó el peronismo. Porque hablan del golpe del 55 pero no hablan del golpe del 66 que ellos apoyaron fervientemente…

— Por eso le hablaba de todas las fuerzas políticas. En general. Hasta el golpe del 76 contó con respaldo cívico.

— Por supuesto. Y contra Illia muchos dirigentes políticos, Alende, Frondizi.

— Ahora, ¿no había un problema inicial en la elección de Illia, que era el hecho de que el peronismo no participó de esa elección? Estaba proscripto.

— Illia levantó la proscripción. En el 65…

— Sí, en las legislativas.

—… se presentó el peronismo y ganó en muchísimas provincias, tanto que tenía la primera minoría en la Cámara después del radicalismo.

“Illia se rodeó de un
“Illia se rodeó de un buen gabinete, de un equipo económico de primera”, dice Emilio Gibaja
 

— ¿Por qué entonces apoyar el golpe?

— Porque no querían que gobernara el radicalismo, nada más. E intereses económicos. Nosotros creíamos al principio que el motivo de un posible golpe iba a ser el petróleo, pero cuando Illia despachó al que era el primer embajador de los Estados Unidos por una discusión seria, Kennedy lo mandó a (William Averell) Harriman, que era una gran figura mundial. Harriman e Illia se pusieron de acuerdo inmediatamente porque Harriman dijo que Estados Unidos aceptaría la anulación de los contratos si la Argentina indemnizaba. Y el presidente le dijo que por supuesto íbamos a indemnizar y así se hizo. Entonces para Kennedy estaba terminado el conflicto. Pero como se había acabado el tema petrolero, los sectores golpistas se agarraron de la ley de medicamentos. En esa época los medicamentos estaban carísimos y se sostenía que eran artículos de mercado. Illia sostenía que no, que eran un bien social, que no podían entrar en la ley de oferta y demanda. Y la ley de medicamentos que prepara (Arturo) Oñativia, su ministro de Salud, lo aclaraba perfectamente: los laboratorios debían presentar una declaración jurada en la que figurase la composición del remedio, bajo declaración jurada. Y, además, en qué forma se construía el precio. En 6 meses ningún laboratorio, ni nacional ni extranjero, cumplió. Entonces Illia aplicó la Ley de Abastecimiento y congeló los precios de los medicamentos. Una medida absolutamente social; fue criticada por la CGT, como siempre. Tan importante era para los golpistas esta ley, que a la semana del golpe de Onganía, Álvaro Alsogaray fue como embajador especial a los Estados Unidos a decirles que se había acabado la ley, que no se iba a repetir y que estuvieran tranquilos.

— ¿Qué otros logros destaca de ese gobierno?

— En política exterior, fue el gobierno que logró que las Naciones Unidas, por la resolución 2065, obligara o invitara a los dos países a reunirse y discutir. Y eso empezó a hacerse en enero del 66. Por supuesto quedó todo en la nada después con el cambio de gobierno y ni hablar con la invasión de (Leopoldo) Galtieri.

También se preparó el Concordato. Se solucionó el problema que teníamos con Chile por el río Encuentro, que hasta había muerto algún gendarme, mediante la reunión de Illia con Eduardo Frei en Mendoza en 1965.

Pero no bastaban los éxitos para nada. La sociedad en esa época quería gobiernos espectaculares, épicos, Illia era todo lo contrario, él despreciaba la espectacularidad, las cosas notables. Tenía la misma posición que tuvo luego el presidente de Uruguay, Julio María Sanguinetti, que sostuvo que la democracia no es épica, la democracia es el trabajo diario. Esa era la idea de Arturo Illia. Ninguna búsqueda de grandes noticias sino solucionar los problemas de la gente.

— En estos últimos años parece que nos fuimos al otro extremo….

— Exactamente. A inaugurar lo ya inaugurado y repetir las historias. Pero bueno, esa fue la lucha de siempre.

— En el libro que usted escribió con Rodolfo Pandolfi, sobre la época de Illia, que es muy detallado e intenta recrear el clima de época, ustedes dicen en una parte que como "no se logró un pacto de la Moncloa" en las elecciones de 1963, cuando es elegido Illia, los resultados fueron muy divididos. Incluso los radicales estaban divididos.

— Estaba dividido el partido; en el año 56 se divide entre Radicales del Pueblo que es la continuidad, y Radicalismo Intransigente, que lo sigue a (Arturo) Frondizi. Si no se hubiera dividido el partido, no hubieran ocurrido muchas de las cosas que ocurrieron.

“Muchachos, ni un peso para
“Muchachos, ni un peso para publicidad. Que se anuncien los logros cuando el que los disfruta lo promueva” (fueron las instrucciones de Illia, según recuerda su Director de Prensa)

— ¿Pero había posibilidad de un pacto de todos los partidos en ese momento? ¿Alguien lo promovía?

— No. El mayor pacto del estilo fue el que consiguió la Revolución Libertadora con la Junta Consultiva, por supuesto exceptuando al peronismo. Pero eso hay que entenderlo, cuando los aliados ganan la guerra no le permiten al partido nazi seguir funcionando en Alemania. Y nadie en el mundo lo vio mal. Estuvo proscripto el fascismo en Italia muchos años después de la desaparición de Mussolini. Illia sacó el 23% de los votos, más de lo que sacó (Néstor) Kirchner, pero era una época que regía el Colegio Electoral. Y en el Colegio Electoral, Illia sacó el 56% de los votos porque los otros partidos apoyaron la elección del presidente. Después, no funcionó un pacto en el Parlamento, pero de todas maneras se lograron algunas de las leyes que interesaban más, hablo de la ley de medicamentos, la ley de salario, funcionaba el Consejo del Salario.

Pero había una intención de los militares de quedarse con el poder. Y de los gremialistas que no entendían la democracia sin la participación de los sindicatos y del ejército; típica posición fascista. Y la sociedad quería un gobierno más fuerte.

— ¿Cree que las Fuerzas Armadas y los sindicatos ahora sí entienden la democracia?

— Creo que la entienden más las Fuerzas Armadas que las fuerzas sindicales. Es imposible confiar en el sindicalismo argentino, porque son cambiantes, mutantes, como se dice ahora, y no hay ninguna garantía con la oposición. (Hugo) Moyano está dividiendo la fuerza para plantar un problema cada semana. Primero, los camioneros que recogen la basura, después los que trasladan el combustible…

— ¿Está conforme con la imagen que hoy tiene la Argentina sobre Illia? Porque pasamos de una etapa en la que se lo satirizaba, después durante  el gobierno de Alfonsín se lo reivindicó bastante, sospecho que usted fue el promotor…

— Uno de los promotores.

— ¿Está conforme con la imagen que hoy tiene?

— No totalmente. Ha sido superada la imagen que se le quiso crear. La culpa de Primera plana y Confirmado fue notable, porque (Jacobo) Timerman cobraba ese servicio, no pensemos que era de patriota, Confirmado llegó a incluir en sus ejemplares semanales un insert de la Cámara de Medicamentos. Fue permanente eso. Querían voltear al gobierno, así les fue, fomentaron o fueron el antecedente directo del Proceso Militar. Y mucha gente lo ha entendido eso en este momento.

Yo siempre digo que al gobierno de Illia los argentinos no lo supimos cuidar. Era un presidente de lujo, serio, nunca estaba en la frivolidad, ni esas situaciones tan caras ahora. Han pasado muchos años pero yo creo que la gente se ha dado cuenta de que se equivocó.

Raúl Alfonsín fue el principal
Raúl Alfonsín fue el principal promotor de la reivindicación del gobierno y la figura de Arturo Illia

Entrevista de Claudia Peiró

 

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