Manejo adaptativo y la ciencia en el centro de la pesca peruana

El titular de PRODUCE sostuvo que el enfoque con respaldo técnico será el eje para definir los próximos pasos tras la paralización de la faena, en línea con recomendaciones de la FAO sobre gestión

Fotografía dividida. Izquierda: barco pesquero con redes y pescadores bajo cielo gris. Derecha: puerto con botes, pescadores descargando peces grandes, edificios y cielo azul.
Una embarcación anchovetera muestra redes semivacías, y en un puerto peruano pescadores artesanales descargan atún y bonito, lo que indica el impacto del Fenómeno El Niño. (Imagen Ilustrativa Infobae)
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La pesca de anchoveta en el Perú siempre ha sido un termómetro de nuestra capacidad para gobernar los recursos naturales con una perspectiva de largo plazo. En un país donde este pequeño pez sostiene decenas y cientos de miles de empleos y una industria de alcance global, las decisiones sobre su captura no pueden depender de la rutina ni de la costumbre, sino de la evidencia científica. Por ello, la reciente autorización de la Operación Eureka LXXVIII por parte del Ministerio de la Producción (PRODUCE) y el Instituto del Mar del Perú (IMARPE) merece ser valorada como una expresión concreta del manejo adaptativo en acción.

El 11 de junio se suspendió la temporada de pesca debido a la alta presencia de juveniles y a condiciones ambientales adversas. Hasta ese momento, apenas se había capturado el 25 % de la cuota autorizada de 1,91 millones de toneladas, lo que dejaba un amplio margen de aprovechamiento. En circunstancias normales, la temporada habría concluido en julio. Sin embargo, este año presenta condiciones excepcionales. El fenómeno de El Niño alteró los patrones de distribución y desove, configurando un escenario que exige respuestas flexibles y sustentadas en la evidencia científica.

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Vista aérea de pequeñas embarcaciones en el mar cerca de una costa desértica con cerros y variaciones en la tonalidad del agua
Varias embarcaciones pesqueras navegan cerca del litoral peruano, donde las anomalías térmicas del mar mantienen activo el estado de alerta por el fenómeno de El Niño Costero. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La Operación Eureka busca precisamente eso, obtener una radiografía actualizada de la anchoveta y otros recursos pelágicos. Los transectos cada 15 millas, las muestras biológicas y los estudios hidroacústicos no constituyen un capricho burocrático, sino la base científica para determinar si es posible reabrir la temporada en agosto y que esta pudiera extenderse hasta septiembre. Como señaló el actual ministro de PRODUCE, Juan Carlos Requejo, “estamos poniendo la ciencia en el centro de las decisiones que necesita el sector pesquero”, que es uno de los aspectos que más enfatiza la FAO en relación con el manejo pesquero.

Este enfoque adaptativo es lo que diferencia a un país que improvisa de uno que gobierna sus recursos con responsabilidad. PRODUCE e IMARPE han demostrado que la prudencia no significa inacción, sino la capacidad de ajustar las decisiones en función de la evidencia disponible. Suspender cuando la evidencia lo exige, investigar cuando los datos lo permiten y reabrir y flexibilizar cuando las condiciones de sostenibilidad lo justifican. Esa es la lógica que debe guiar la política pesquera. La sostenibilidad de la anchoveta no depende solo de los científicos ni de los funcionarios, sino también de quienes la pescan día a día.

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Embarcación pesquera industrial peruana con bandera de Perú, red llena de anchoveta, dos especialistas con tabletas y computadoras, equipos de monitoreo científico.
Especialistas supervisan la captura sostenible de anchoveta desde la embarcación pesquera Santa María III, que opera frente a la costa peruana con monitoreo de datos científicos. (Imagen Ilustrativa Infobae)

De otro lado, mientras la institucionalidad técnica avanza con rigor en la pesca industrial, los gremios de la pesca artesanal siguen mostrando una dispersión preocupante. En lugar de articular propuestas constructivas y una posición común frente a las decisiones que afectan al sector, en ocasiones sus pronunciamientos se concentran en cuestionamientos, pedidos de destitución de ministros o acciones de presión. Esta fragmentación y la ausencia de una voz común terminan restando representatividad y capacidad de incidencia a las propias organizaciones. El contraste resulta evidente. Mientras PRODUCE e IMARPE sustentan sus decisiones en protocolos y evidencia científica, los gremios artesanales tienen la oportunidad de fortalecer una participación basada en propuestas, diálogo y argumentos que contribuyan a la construcción de una cada vez mejor política pesquera.

No se trata de negar la importancia de la pesca artesanal ni de minimizar sus demandas. Al contrario, el país necesita que estos gremios evolucionen hacia una organización fuerte, capaz de dialogar y aportar ideas. Pero para lograrlo deben superar la tentación de la protesta permanente y asumir la responsabilidad de ser actores de política pública, es decir, necesitan construir un capital social que sea la base de la solución a su compleja problemática.

Muelle de madera con redes de pesca y cajas apiladas, frente a un mar gris agitado con olas blancas y un cielo nublado que muestra tenues reflejos cálidos en el horizonte.
Un muelle pesquero en la costa peruana se muestra vacío con redes apiladas y el mar agitado bajo cielos nublados, reflejando el impacto del fenómeno de El Niño en la actividad pesquera local. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Volviendo sobre la anchoveta, su manejo adaptativo es, en esencia, una invitación a pensar la política pesquera como un proceso dinámico. No hay recetas fijas ni calendarios inamovibles. Hay evidencia, monitoreo y capacidad de reacción. En un contexto de variabilidad ambiental como el que vivimos, esa flexibilidad es la única garantía de que la anchoveta seguirá siendo patrimonio nacional y fuente de empleo para miles de familias.

Defender la Operación Eureka no es defender a un gobierno ni a un ministro, sino defender la idea de que la ciencia debe guiar nuestras decisiones colectivas. Es reconocer que la pesca no puede quedar atrapada en la rutina ni responder únicamente a la presión gremial, sino que debe ser gobernada con datos, prudencia y una perspectiva de largo plazo. ¿De qué otra manera podríamos conocer el estado, la distribución y el desarrollo de la anchoveta y contar con información suficiente para adoptar decisiones responsables sobre su aprovechamiento?. A los escépticos habría que recordarles que este año el Programa Eureka de IMARPE cumplió 60 años de vigencia, demostrando lo importante que es para la gestión de esta pesquería, la más importante del mundo desde hace más de 25 años.

Vista aérea de la costa de Perú con un barco pesquero en el mar azul oscuro. Una franja rojo-naranja atraviesa el agua. En la orilla, campos agrícolas y montañas.
Vista aérea de la costa peruana con una franja roja que simboliza El Niño, mostrando un barco pesquero y campos agrícolas vulnerables ante el cambio climático y condiciones meteorológicas adversas. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La anchoveta nos recuerda que el Perú es un país de mar y que nuestra relación con él exige responsabilidad. PRODUCE e IMARPE han dado un paso correcto al autorizar la Operación Eureka. El reto ahora es que todos los actores, incluidos los gremios artesanales, contribuyan a que esta decisión se traduzca en una gestión responsable del recurso. La sostenibilidad no se construye únicamente con decisiones, sino con ciencia, diálogo y compromiso.

Jennifer Vilches

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