Parálisis facial: Conoce cómo descartar un ACV y por qué los masajes y el chicle no deben usarse desde el primer día

La debilidad de un lado de la cara puede responder a un problema cerebral o a una inflamación periférica, con tratamientos y tiempos de recuperación diferentes

La neuróloga Marcela Alvarado Morales aborda la parálisis facial, explicando la diferencia entre la parálisis causada por un ACV y la provocada por la inflamación del nervio facial. Se detallan las causas comunes, como la activación de virus por defensas bajas debido al estrés, y se delinean medidas de prevención. También se discuten los pasos iniciales para el tratamiento, incluyendo la evaluación neurológica y la terapia. Se enfatiza la importancia de mantener un sistema inmunológico en buen estado.
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Una sonrisa torcida, la caída de un párpado o la dificultad para mover una mitad de la cara pueden ser el primer signo de un problema que requiere atención médica inmediata. La doctora Marcela Alvarado Morales, neuróloga, explicó en una entrevista con Radio Nacional que la parálisis facial exige diferenciar primero una lesión cerebral de una inflamación del nervio facial, porque esa evaluación define si el paciente enfrenta una emergencia neurológica o un cuadro periférico con otro tratamiento.

La alteración puede aparecer sin advertencias. Algunas personas perciben hormigueo, adormecimiento, dolor detrás de la oreja o cambios en la sensibilidad antes de que se comprometa la movilidad del rostro. Otras no registran síntomas previos y descubren el problema al despertarse, cuando intentan lavarse los dientes, beber agua o mirarse al espejo. En ocasiones, familiares o amigos advierten antes que el paciente la asimetría facial.

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La primera pregunta no debe ser qué ejercicio hacer, sino cuál es el origen de la debilidad. Una lesión en el cerebro, como un accidente cerebrovascular o un infarto cerebral, puede causar una caída facial y requiere atención de urgencia. En cambio, cuando se inflama el nervio facial, el abordaje busca reducir esa inflamación, cuidar las funciones afectadas y definir el momento adecuado para iniciar la rehabilitación.

Una médica con bata blanca examina las cejas de un hombre en un consultorio con placas radiográficas de fondo.
Una neuróloga examina el rostro y los reflejos faciales de un paciente durante una evaluación clínica en un consultorio. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La evaluación neurológica define si se trata de una urgencia cerebral

Cuando existe sospecha de un accidente cerebrovascular, cada minuto puede modificar el pronóstico. Por eso, ante una debilidad facial súbita acompañada de otros signos neurológicos, se debe llamar a los servicios de emergencia o acudir de inmediato a un centro asistencial. El médico evaluará la movilidad facial, la fuerza de las extremidades, el habla, la coordinación y el estado de conciencia. De acuerdo con el cuadro, podrá solicitar estudios por imágenes para descartar una lesión cerebral.

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La parálisis de Bell suele afectar tanto la parte superior como la inferior de un lado de la cara. La persona puede tener dificultades para arrugar la frente, cerrar el ojo, mostrar los dientes o retener líquidos y alimentos dentro de la boca. También puede presentar lagrimeo, sequedad ocular, dolor alrededor de la mandíbula o detrás de la oreja, además de cambios en la percepción de sabores. Aunque su inicio puede ser abrupto, el cuadro puede avanzar durante horas o hasta tres días.

No existe un análisis único que confirme la parálisis periférica en todos los pacientes. El diagnóstico surge de la evaluación clínica y de la exclusión de otras causas, como infecciones, traumatismos, enfermedades autoinmunes, tumores o lesiones vasculares. En determinados casos, el neurólogo puede indicar resonancia magnética, tomografía, estudios de conducción nerviosa o electromiografía. Estas pruebas ayudan a descartar otras patologías y permiten valorar el grado de compromiso del nervio.

Silueta de una persona sentada de espaldas frente a una pantalla iluminada que muestra múltiples placas de tomografías cerebrales.
Un paciente contempla resonancias magnéticas cerebrales iluminadas en una pantalla para descartar un accidente cerebrovascular. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los ejercicios sin indicación pueden interferir en la fase inicial

La médica advirtió que la rehabilitación no debe comenzar de forma automática desde el primer día. Los masajes faciales, el uso de chicle, los movimientos repetitivos frente al espejo o las rutinas obtenidas en redes sociales no sustituyen una indicación profesional. Si hay inflamación activa del nervio, la prioridad es tratar esa fase y definir cuándo conviene incorporar ejercicios dirigidos. La intervención inadecuada puede favorecer molestias o alteraciones en la recuperación de los movimientos.

Ilustración en corte transversal de una arteria con glóbulos rojos, plaquetas y filamentos entrelazados que obstruyen el canal interno.
Un trombo compuesto por glóbulos rojos, plaquetas y fibrina obstruye el paso de la sangre en el interior de una arteria cerebral. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El tratamiento depende de la causa, del tiempo transcurrido desde el inicio y de los antecedentes de cada persona. En la parálisis periférica de reciente aparición, los corticoides pueden estar indicados para reducir la inflamación del nervio facial, siempre bajo evaluación médica. Su administración temprana puede mejorar las posibilidades de recuperación, pero no es segura para todos los pacientes. Quienes tienen diabetes, hipertensión, úlceras digestivas, infecciones u otras enfermedades deben informar sus antecedentes antes de recibir cualquier medicación.

Cómo ayudan los perros a los pacientes con ACV a mejorar la rehabilitación hospitalaria
(Imagen Ilustrativa Infobae) (Imagen Ilustrativa Infobae)

La forma más frecuente de parálisis periférica se ha relacionado con la reactivación de virus de la familia del herpes. El herpes simple es una de las hipótesis más estudiadas. El virus varicela-zóster, que permanece latente después de la varicela, también puede reactivarse y afectar el nervio facial. Cuando hay dolor intenso de oído, ampollas dentro o alrededor de la oreja, pérdida auditiva o vértigo, el médico debe evaluar otras formas de compromiso viral. Los antivirales pueden indicarse en situaciones seleccionadas, junto con otras medidas.

Infografía detallando el acrónimo R.A.P.I.D.O. para reconocer los signos de un ACV: rostro caído, equilibrio, fuerza, visión, habla y llamada al 911.
Este gráfico de la American Stroke Association detalla los seis signos clave de un accidente cerebrovascular (ACV) mediante el acrónimo R.A.P.I.D.O. para reconocerlos y actuar rápidamente. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El cuidado del ojo reduce el riesgo de lesiones en la córnea

Uno de los problemas más frecuentes aparece cuando el párpado del lado afectado no logra cerrarse por completo. La falta de parpadeo deja expuesta la superficie ocular y favorece la sequedad, la irritación y las lesiones de la córnea. El riesgo aumenta frente a la luz, el viento, el polvo, el aire acondicionado y el uso sostenido de computadoras o teléfonos. No se trata solo de una molestia: una córnea expuesta puede desarrollar inflamación o infección si no recibe protección adecuada.

Una mano con guante azul aplica una gota con un gotero en el ojo abierto de una persona.
Un profesional de la salud aplica una solución oftálmica en el ojo de una persona para prevenir el deterioro de la córnea y mantener la hidratación ocular. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El cuidado puede incluir lágrimas artificiales durante el día, ungüentos oftálmicos por la noche y métodos para proteger el ojo mientras la persona duerme, según la indicación del especialista. Los anteojos también pueden ayudar a reducir el contacto con partículas y la exposición al viento. Si aparecen dolor ocular, enrojecimiento marcado, secreción, sensibilidad intensa a la luz, visión borrosa o sensación persistente de arenilla, debe solicitarse una consulta oftalmológica sin demora.

El estrés, la ansiedad y el insomnio no constituyen por sí mismos una causa directa de parálisis facial, aunque pueden coincidir con situaciones que afectan el bienestar general. Dormir poco de manera sostenida, atravesar períodos de sobrecarga o mantener una diabetes mal controlada puede complicar la respuesta del organismo ante distintas enfermedades. La prevención incluye controles médicos, descanso suficiente, seguimiento de enfermedades crónicas y revisión de tratamientos que puedan afectar las defensas. Ante una alteración repentina del rostro, la recomendación central es clara: primero hay que descartar una causa cerebral y recibir una evaluación profesional antes de iniciar cualquier terapia.

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