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Lactancia materna: aprender juntos, sin culpas ni comparaciones

La recomendación es responder a las señales del bebé y favorecer la succión, que estimula la producción

Ilustración de una mujer sentada en un sillón amamantando a un bebé envuelto en una manta blanca.
Una madre sostiene y amamanta a su bebé recién nacido sentada en un sillón junto a una ventana. (Imagen Ilustrativa Infobae)
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Hablar de lactancia materna suele poner el foco en sus beneficios para el bebé, pero pocas veces nos detenemos en lo que significa para una madre iniciar este proceso. Los primeros días implican adaptación, aprendizaje y también pueden traer dudas, cansancio y algunas dificultades. Madre y bebé están aprendiendo juntos, y entenderlo puede ayudar a vivir esta etapa con menos presión.

Uno de los problemas más frecuentes es el mal agarre del bebé al pecho, que puede provocar dolor y grietas. También es común que entre el tercer y quinto día aparezca la ingurgitación mamaria, asociada a la llamada “bajada de la leche”. A esto se suma el agotamiento que puede generar la lactancia a libre demanda y la preocupación de algunas madres por no producir suficiente leche al recibir inicialmente calostro.

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Sin embargo, hay una señal que no debemos normalizar: el dolor intenso. Una sensibilidad leve durante los primeros minutos puede ser esperable, pero las grietas profundas, el sangrado o el dolor persistente pueden estar relacionados con un mal agarre u otras condiciones, como un frenillo lingual corto. Asimismo, un pecho enrojecido, caliente y endurecido acompañado de fiebre o síntomas gripales requiere atención profesional, pues podría tratarse de mastitis.

Otro desafío es combatir los mitos que generan inseguridad. La leche materna no es “aguada” ni deja de alimentar; su composición se adapta a las necesidades del bebé. Tampoco el tamaño de los senos determina la cantidad de leche producida. Y la lactancia no debe someterse a horarios rígidos: la recomendación es responder a las señales del bebé y favorecer la succión, que estimula la producción.

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Durante las primeras semanas, algunas señales pueden orientar sobre una adecuada alimentación: desde el quinto día, el bebé debería mojar al menos cinco o seis pañales al día; además, se debe realizar seguimiento de su peso y observar que quede tranquilo después de la toma y que se escuche su deglución mientras lacta.

Pero una lactancia exitosa no depende únicamente de la madre. También necesita una red de apoyo. El equipo de salud puede orientar y detectar dificultades tempranamente, mientras que la pareja y la familia pueden asumir tareas del hogar, cuidado de otros hijos o del propio bebé para permitir que la madre tenga momentos de descanso.

Por ello, mi principal recomendación a las madres es no vivir la lactancia desde la culpa ni la comparación. Pedir ayuda no significa fracasar. Cada madre y cada bebé tienen su propio ritmo, y puede ser más saludable pensar en un día a la vez que sentirse presionada por alcanzar una meta determinada.

La lactancia es un proceso que se aprende, se acompaña y se construye juntos. Cuidar a la madre, permitirle descansar y brindarle información también es una forma de cuidar al bebé.

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