
En el Perú, el destino final del máximo poder suele redactarse en los pasillos de un penal. Francisco Sagasti, sin embargo, habita otro tipo de recinto: una biblioteca infinita.
A sus 81 años - sobre los que ironiza “la vida es una enfermedad mortal y que todos los que nos contagiamos de vida terminamos muriendo” - el único expresidente que camina en libertad abre sus puertas a Infobae Perú, porque aún conserva el privilegio de poder hacerlo.
Ahí, entre sus libros, terminó de madurar su libro Incertidumbre. La tesis de esta colección de ensayos es incómoda: tras cinco siglos en los que la ciencia y la tecnología prometieron avance sin freno el llamado “programa baconiano” se resquebraja por su propio éxito. El resultado es un orden global fracturado, gobiernos que no poseen la confianza pública y sociedades que no saben bien hacia dónde mirar. Sagasti no ofrece certezas para ese vacío, sino algo más pragmático y quizás más útil: rutas posibles.
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Esa misma cautela define su manera de hablar de política. Sagasti responde con tino, mesura y algún destello de humor, dejando claro desde el principio que la dignidad de su cargo no le permite opinar sobre políticos aún en escena, ni “dar consejos a quien no los pide”. El hombre libre prefiere contemplar el presente y cuestionar el futuro, buscando, en palabras del cantautor Leonard Cohen, “esas pequeñas grietas por donde aún se cuela la luz”.

- Usted definió alguna vez a Keiko Fujimori como “la candidata eterna”. Por lo visto, la cuarta es la vencida, y asumirá su ansiada presidencia. ¿Es un escenario que contempló como posible?
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Francisco Sagasti: Sí, era perfectamente posible. Tiene un grupo de partidarios bastante fiel y se ha mantenido a lo largo de todo este periodo. Pero recordemos: ninguno de los candidatos - y ella fue la que sacó la votación más alta en la primera vuelta - obtuvo más allá del 11% del electorado total.
Quiere decir que casi nueve de cada diez electores no están de acuerdo con su postulación y eventual elección, porque al final, al quedarse en dos, es como un embudo: fuerzan a toda la ciudadanía a escoger entre dos opciones no deseadas.
- El Congreso que está por terminar su gestión ha reformado la Constitución más de 60 veces mientras decía defenderla. ¿Cómo lo lee usted?
Este Congreso fue una Asamblea Constituyente clandestina, “solapa”, como decimos acá. Al cambiar casi 60 artículos o más de la Constitución, asumió las funciones de una Asamblea Constituyente, a pesar de que decían que estaban defendiendo la Constitución.
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Entonces, por favor, pónganse un poco más coherentes, un poco más claros, y digan que lo que han hecho es cambiar la Constitución a su conveniencia. Han usurpado las funciones de una Asamblea Constituyente. Y digo clandestina porque fue sin debate abierto, a veces con votaciones entre gallos y medianoche, sin discusión, sin justificación clara a la ciudadanía de las modificaciones que han incorporado.
- En el segundo ensayo de su libro advierte contra el fundamentalismo religioso, un acompañante constante de nuestra política: el primer triunfo de Alberto Fujimori se gestó con votos de iglesias evangélicas, y hoy vemos los nexos de Fuerza Popular con iglesias carismáticas, y de Renovación Popular con el Opus Dei y Con Mis Hijos No Te Metas. ¿Tiene la democracia peruana las defensas necesarias para no convertirse en una teocracia encubierta?
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Personalmente creo que sí. Creo que la sensatez, el equilibrio, un punto de vista respetuoso de otros pero sin imponerlo al resto, es una característica de la mayoría de ciudadanos en nuestro país.
Lo que sucede es que la concepción individualista de la salvación eterna (la concepción calvinista de la religión, cada uno vale por sí mismo, lo que importa es el éxito material) es lo que informa a algunos grupos extremistas, conservadores, religiosos. Contra eso hay que resistir a través de organizaciones políticas.

- Pero desde el Congreso hemos visto a ese fundamentalismo religioso impulsar contrarreformas educativas, recorte de derechos a minorías y la firma de documentos internacionales de ultraderecha como la Carta de Madrid del partido Vox. ¿Podríamos estar subestimando el peligro real de un proyecto fundamentalista?
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Aquí lo que tenemos no es un proyecto, es un pequeño grupo —porque en realidad son muy pequeños— de activistas religiosos con una cierta concepción ideológica y doctrinaria que no tiene que ver nada con el bien común, ni con el respeto mutuo, ni con considerar a todos los seres humanos como iguales. Algunos se sienten más iguales que otros, denigran a la mujer, no aceptan una serie de decisiones individuales. A pesar de que son individualistas, quieren imponer su punto de vista en el resto. Y yo creo que eso es absurdo y no debemos tolerarlo.
- Usted ha dicho que lo primero que tiene que hacer una persona para ser presidente es no querer serlo. Y Keiko lo quiso, y Keiko lo logró. ¿Qué nos espera con una mandataria que ha ansiado visiblemente el poder por tanto tiempo?
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Yo soy una persona que cree que todos podemos cambiar, que todos podemos mejorar. Lo que espero es que, después de lo que ha pasado —incluyendo un periodo de cárcel que a mí me pareció totalmente injustificado y fuera de lugar—, haber pasado por tres derrotas y todo, cualquier persona que llegue a ocupar este puesto haya reflexionado lo suficiente para darse cuenta de que querer ser presidente no es una calificación.
Aquí el problema es que mucha gente cree que gobernar es mandar, imponerse sobre los otros. Y eso, como digo en el libro, es simplemente una demostración de una profunda inseguridad: al no estar contento con su propia manera de ser y sus propios logros, tienen que buscar imponerse sobre los otros para sentirse algo mejor.
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Cualquier persona que llega a la Presidencia tiene que tomar conciencia de la enorme responsabilidad y de que, como jefe de Estado, tiene la obligación de escuchar y gobernar para todos, no solamente para su pequeño grupo de votantes que en la primera vuelta le dio casi una décima parte del total del electorado.

- Con un enfoque político como el de Fuerza Popular, centrado fuertemente en el extractivismo, ¿qué riesgos reales enfrenta el medio ambiente en el próximo quinquenio?"
Ahí hay un problema central, y tiene que ver con el carácter del líder y de quien ejerce. Si (Keiko) va a escuchar solo a aquellos que han aportado dinero a la campaña, o que han salido a defenderla, pero que tienen una posición con respecto al medio ambiente que es bastante retrógrada, la hemos perdido.
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Lo que uno debe esperar es que un mandatario tenga la apertura para tomar conciencia de que uno de los principales activos que tiene nuestro país es su extraordinaria biodiversidad: diversidad de ecosistemas, de recursos, de etnias. Y que si no se conserva eso de una manera explícita y clara desde el gobierno central, para ponerlo en manera coloquial, estamos matando a la gallina de los huevos de oro.
Entonces, lo que espero es que deje de escuchar algunas de las voces más retrógradas y escuche a las voces que - la palabra está demonizada - las voces más progresistas en términos de una relación de respeto mutuo con el entorno biofísico que sustenta la vida humana.
- Por ahí también me preocupan los nexos con el trumpismo, por ejemplo la figura de Carlos Díaz-Rosillo, asesor tanto de Trump como de Keiko, y una retórica que siempre ha sido bastante en contra de todo lo woke y del medio ambiente en particular.
Pero eso, al final, termina destruyéndose a sí mismo. Vea lo que le está pasando a Trump: acabo de ver una encuesta en la que el expresidente Obama pasa casi el sesenta por ciento de aprobación, y el actual presidente de Estados Unidos, con la justa, pasa de treinta. ¿Qué quiere decir eso? Que la mayoría de la ciudadanía se da cuenta perfectamente para quién y cómo está gobernando.
Si uno va a imitar a los gobernantes de otros países, andamos muertos. Lo que tenemos en América Latina en la presente cosecha de presidentes es básicamente un grupo de autoritarios intolerantes con una manera de pensar totalmente retrógrada.
- Usted se opuso con fuerza a la salida de Manuel Burga del LUM, al que calificó de destacado intelectual. La bancada de Fuerza Popular y Renovación Popular han intentado censurar el contenido del espacio, aduciendo que está sesgado o hace apología al terrorismo. ¿Qué le depararía al LUM en este quinquenio, con una presidenta directamente involucrada en uno de los lados de esa narrativa por su familia?
Yo espero que tenga la suficiente apertura, no solamente ella sino su gobierno, de recapacitar y darse cuenta de que estas posiciones extremistas conservadoras buscan minimizar la violación de los derechos humanos de una de las partes.
Yo creo que el LUM ha logrado algo extremadamente difícil: mostrar la violencia de ambos lados y reconocer con toda claridad que la violencia y los asesinatos empezaron con Sendero Luminoso, este grupo terrorista.
El LUM ha logrado, bajo la dirección de Manuel Burga, mantener un equilibrio que ahora se trata de romper. Pero al hacer esto no estamos mejorando la situación, estamos barriendo debajo de la alfombra algo que eventualmente va a salir. Y los jóvenes de su generación están ansiosos de conocer la verdad y no se van a detener simplemente en una fachada que le limpie el rostro a uno o a otro.
Sabemos que la mayoría de los asesinatos fueron cometidos por Sendero Luminoso, pero también alrededor de un tercio o más se cometió por la violencia indiscriminada de nuestras fuerzas armadas y la policía. Hay que reconocer las dos situaciones, sopesarlas y ver cómo evitamos que esto vuelva a suceder.
- ¿Estaría en riesgo esa estabilidad con una presidenta directamente involucrada en uno de esos lados?
No sé hasta qué punto. Como le dije al principio, creo que todas las personas pueden cambiar. En el Congreso uno es el cajón: hace bulla, marca ritmos. Pero desde el Ejecutivo uno tiene que ser guitarra: tiene que bordonear, saber generar armonía, traer a las voces, mantenerse dentro del ritmo pero sin ser esclavo del ritmo. La gran pregunta es si un presidente electo se convierte en el estadista o la estadista que necesitamos, o si vamos a seguir con la retahíla de personajes que hemos tenido después del Gobierno de transición y emergencia.
- Si tuviera a Keiko Fujimori en frente, ¿qué tres cosas le diría?

No diría nada si no me pregunta. Yo no doy consejo a quien no me lo pide. Sería cuestión de lo que me pregunte y le contesto, pero no voy a ofrecer nada gratuitamente sin que me lo pidan.
- Soy un joven periodista migrante, miembro de la comunidad LGTBIQ+. Como yo, hay miles de jóvenes peruanas y peruanos que hoy sienten terror de que nuestros derechos queden suspendidos en el aire, o que retroceda lo poco que hemos ganado. ¿Qué palabra de aliento o qué ruta de acción le sugiere a esa juventud?
Lo primero que tendría que decirle a su generación, es que no los paralice el miedo. Eso es lo más importante. Si se paralizan por esta situación, van a perder de todas maneras. Cuando uno se encuentra en situaciones tan complejas como la que se encuentra en su generación, lo que tiene que hacer es tomar las cosas con calma, mirar exactamente cuál es la situación y, citando a Leonard Cohen, buscar las grietas por donde se cuela la luz, que siempre existen.
La herramienta que utilizan los grupos extremistas de cualquier orientación ideológica es el miedo. Entonces, si uno acepta paralizarse por el miedo, no va a poder hacer absolutamente nada. Dejen el miedo de lado, participen activamente. Hay espacios en todos los ámbitos de la vida nacional y créame, esto se lo digo con los años y la experiencia, hasta las más pequeñas cosas que sean a nivel personal e individual terminan teniendo un impacto.
Aquellas cosas positivas son como cuando uno tira una piedra en un estanque y ve cómo poco a poco se van agrandando los círculos y van incorporando más a más gente. Y esto se aplica tanto para lo bueno como para lo malo. Si simplemente su generación deja que aquellos que han tirado una piedra para contaminar este el agua, andamos... Se requiere recuperar esos espacios, participar activamente, no paralizarse y vencer a ese miedo que todos tenemos de una forma u otra.
Los de mi edad, aquellos que estamos ya por los ochenta, ochenta y uno, como sabemos que la vida es una enfermedad mortal y que todos los que nos contagiamos de vida terminamos muriendo, nos angustiamos menos. Pero que la incertidumbre, la angustia, la turbulencia, la ambigüedad no paralice a su generación.
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