
Con la llegada del fin de diciembre y el inminente cierre del 2025, las calles y mercados del Perú se transforman en un escenario vibrante, marcado por el predominio del color amarillo y una energía colectiva orientada al optimismo. Miles de personas recorren espacios emblemáticos como el Mercado Central y Mesa Redonda en busca de amuletos, flores y prendas que, según la tradición, poseen la capacidad de atraer fortuna y prosperidad para los próximos 365 días.
El protagonismo del amarillo no es casual. Este color, asociado a la prosperidad y la buena suerte, domina tanto en la vestimenta como en los accesorios. En medio de las celebraciones de fin de año, los rituales y las cábalas adquieren un peso emocional importante y funcionan como un refugio para quienes desean iniciar el 2026 bajo el impulso de nuevas oportunidades y energías positivas.
En este contexto de renovación simbólica, destacan prácticas ancestrales cuyos orígenes se remontan a diversas culturas que convergen en la identidad peruana. Desde el consumo de uvas a medianoche hasta la elección de ropa interior de colores específicos o el ritual de correr con una maleta, los peruanos reafirman un repertorio de tradiciones que conserva vigencia y significado social.
A pesar del paso del tiempo y de los procesos de modernización, la persistencia de estas prácticas revela la fuerza con la que la fe popular se entrelaza con la herencia cultural del país. Como señala la tradición, estas cábalas perduran porque “conectan con la fe popular, la herencia cultural y la esperanza colectiva de empezar de nuevo”.
Vestimenta simbólica y el poder del color

Uno de los rituales más difundidos consiste en elegir cuidadosamente ropa interior amarilla para la celebración de Año Nuevo. Se cree que portar prendas de este color atrae riqueza, alegría y prosperidad para el ciclo que comienza. El amarillo se vincula con la energía solar y la abundancia, razones que impulsan a miles de personas a adquirir estas prendas en mercados y centros comerciales como Gamarra.
Algunos optan por usar la prenda al revés y voltearla a medianoche para “potenciar” su efecto. Junto al amarillo, el rojo se asocia al amor y la pasión, por lo que quienes desean fortalecer su vida sentimental eligen este color con la esperanza de consolidar sus relaciones. El verde, en tanto, representa esperanza y crecimiento.
No solo la vestimenta ocupa un lugar central. Encender velas de distintos colores también es una cábala habitual. Cada tonalidad simboliza un deseo distinto: velas blancas para la paz, rojas para la pasión y verdes para la esperanza. Encenderlas de forma simultánea expresa el anhelo de armonía en los diferentes ámbitos del nuevo año.
Comidas rituales: uvas y lentejas

Entre las tradiciones más arraigadas destaca el consumo de 12 uvas a la medianoche, una por cada campanada que marca el inicio del año. De origen español, esta práctica permite formular un deseo por cada uva y simboliza la expectativa de cumplir metas durante el 2026. Con el tiempo, se ha integrado plenamente en la cultura peruana.
Otra costumbre vigente es el uso de lentejas para atraer abundancia. Llevarlas en los bolsillos remite a la Antigua Roma, donde su forma evocaba monedas y prosperidad. En diversas regiones del país, las personas portan lentejas sueltas o en pequeños bolsos al sonar la medianoche, convencidas de que este gesto favorece el bienestar económico. En algunos lugares, el arroz complementa el ritual como símbolo de fertilidad.
Actos simbólicos para cerrar ciclos
Uno de los rituales más característicos consiste en correr con una maleta al filo de la medianoche. Esta práctica, muy extendida en las ciudades peruanas, busca propiciar viajes y experiencias en el extranjero durante el año que inicia. Muchas personas esperan el momento exacto de las 00:00 para recorrer la manzana con una maleta llena de ropa, símbolo del deseo de explorar nuevos destinos. Según la tradición, es clave mantener la mente enfocada en los lugares por conocer y no olvidar el pasaporte, emblema de apertura al mundo.
Otras cábalas invitan a quemar papeles donde se escriben deseos o aspectos negativos del año que termina, con la intención de dejarlos atrás. “Algunas personas escriben lo que quieren soltar y lo queman como acto simbólico”, señala la tradición oral. En algunas comunidades también persiste la confección de muñecos de trapo para ser quemados como metáfora de la despedida de malas experiencias. Aunque las normativas locales han restringido esta práctica, en varias ciudades se ha adaptado mediante piñatas o figuras de cartón que conservan su sentido simbólico.
El Ekeko y el dinero en los bolsillos

Dentro del repertorio de cábalas peruanas figura el Ekeko, personaje originario de la cultura Tiahuanaco. Representado con bienes y dinero colgados en su cuerpo, se le atribuye la capacidad de otorgar prosperidad y abundancia. La tradición recomienda recibir su imagen como obsequio y ubicarla en un lugar especial del hogar para fortalecer su efecto. Además, se afirma que el Ekeko “debe fumar cada viernes” y que sus objetos deben renovarse periódicamente; de lo contrario, el ritual advierte que podría actuar en sentido opuesto.
Otra práctica frecuente consiste en tener dinero en la mano o en los bolsillos al momento del Año Nuevo. Portar billetes, monedas o una billetera llena simboliza el deseo de “atraer estabilidad económica” durante todo el 2026.
Los baños de florecimiento ocupan un lugar especial dentro de estas tradiciones. Se elaboran con hierbas, flores y esencias —como romero, hierbabuena y flores amarillas— combinadas con agua florida. Quienes los realizan el 31 de diciembre buscan alejar las malas energías y abrir caminos para el crecimiento personal en la salud, el amor y la economía.
No obstante, se recomienda precaución: es importante usar productos envasados con registro sanitario y estar atentos a posibles reacciones cutáneas al contacto con ciertas plantas.
Limpieza y orden interior

La limpieza del hogar también figura entre las cábalas más practicadas. Realizar una limpieza profunda antes de Año Nuevo simboliza la expulsión de energías negativas y la preparación del espacio para recibir lo nuevo. Según la tradición, un entorno ordenado contribuye al bienestar emocional y favorece la llegada de oportunidades.
En conjunto, estas prácticas reflejan la manera en que los peruanos enfrentan el inicio de cada año, combinando la esperanza de transformación personal con la preservación de su identidad cultural. Las cábalas permanecen como un símbolo de fe colectiva y de una celebración que, año tras año, se renueva sin perder sus raíces.
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