
El océano Pacífico central muestra actualmente temperaturas más bajas de lo habitual y, según una columna de Abraham Levy, los principales centros internacionales de pronóstico, entre ellos la NOAA (Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de los Estados Unidos) y el Centro de Pronósticos de la Unión Europea, anticipan la próxima instauración de un evento débil de La Niña en los próximos dos meses. Parte de los modelos climáticos de referencia proyectan que este fenómeno podría mantenerse hasta el verano de 2026.
El también conocido como ‘el hombre del tiempo’ explica que, aunque aún falta la confirmación definitiva, las condiciones actuales en el océano Pacífico central sugieren que por lo menos se observarán escenarios clasificados como de “La Niña fronteriza” hacia finales de este año y principios de 2026. El propio autor aclara que los organismos internacionales entienden La Niña y El Niño únicamente en relación con el comportamiento térmico del océano en la zona central del Pacífico, sin incluir el mar costero peruano. El pronóstico de eventos costeros corresponde exclusivamente al ENFEN (Estudio Nacional del Fenómeno El Niño), que agrupa a las instituciones científicas peruanas.
Entre los impactos potenciales, Levy aclara que La Niña en el Pacífico central puede aumentar las precipitaciones en temporada de lluvias, sobre todo en los tercios sur y central de la sierra peruana. Este fenómeno suele beneficiar los mayores reservorios de agua situados en las altas montañas, vitales para la agricultura y el consumo humano en los meses posteriores. La correlación entre La Niña y el incremento de lluvias resulta más evidente cuando el fenómeno adquiere mayor intensidad, fenómeno que los modelos actuales no prevén como probable.
Sobre el litoral peruano, ENFEN indicó que las probabilidades apuntan a condiciones normales para el resto de este año y el verano que viene, sin prever la aparición ni de un Niño ni de una Niña costera. A pesar de ello, Levy comparte que algunos modelos, en particular el modelo CFS de la NOAA, insinúan un leve calentamiento hacia el final del verano de 2026. ENFEN calculó que existe una probabilidad del 21% de que se desarrolle un Niño Costero débil en el verano entrante, mientras la probabilidad de mantener condiciones normales o más frías llega al 75%. Si bien un 75% representa un escenario ampliamente probable, Levy recuerda que tanto el evento costero de 2017, el de 2023 como el casi evento costero de 2025 coincidieron con la presencia simultánea de una condición de La Niña o una fase fronteriza en el Pacífico central.

De esta forma, la vigilancia y el monitoreo de los organismos científicos internacionales y del ENFEN continúan siendo determinantes para anticipar los posibles efectos climáticos en Perú, un país donde los fenómenos de El Niño y La Niña central y costera presentan constantes desafíos para la gestión del agua y la agricultura. Información original basada en la columna de Abraham Levy.
¿Cuáles son las diferencias entre los fenómenos La Niña y El Niño?
La Niña y El Niño son dos fases opuestas del fenómeno conocido como El Niño-Oscilación del Sur (ENOS), que afecta el comportamiento del sistema climático global, especialmente a lo largo del océano Pacífico. Ambos fenómenos se diferencian principalmente por el comportamiento de la temperatura superficial del mar en el Pacífico central y sus repercusiones atmosféricas.
La Niña se caracteriza por un enfriamiento anómalo de las aguas superficiales del Pacífico central y oriental. Esta disminución de la temperatura altera los patrones de circulación atmosférica, favorece la intensificación de los vientos alisios e impulsa masas de aire húmedo hacia el sudeste asiático y Oceanía. En el caso de Perú, este fenómeno suele estimular las lluvias en los tercios sur y central de la sierra, lo que beneficia los reservorios naturales de agua en las zonas de altura. Para la agricultura y el abastecimiento poblacional, este incremento en las precipitaciones resulta estratégico, aunque también puede elevar el riesgo de deslizamientos e inundaciones en áreas andinas vulnerables.

Por el contrario, El Niño implica un calentamiento anómalo de las aguas superficiales en las mismas zonas del océano Pacífico. Este aumento de temperatura modifica la dinámica habitual de lluvias y vientos, provocando efectos inversos a los de La Niña. En Perú, El Niño suele provocar lluvias intensas en la zona costera, con inundaciones frecuentes, desbordes de ríos y daños a la infraestructura pública y privada. Estas alteraciones suelen perjudicar la agricultura y comprometer la seguridad alimentaria y la salud pública por mayores brotes de enfermedades asociadas a inundaciones y aguas estancadas.
Ambos eventos, pese a sus diferencias, representan desafíos ambientales y sociales significativos para el país, por lo que la vigilancia y pronóstico especializado constituyen herramientas centrales para anticipar y mitigar sus impactos.
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