
El árbol de la quina, conocido científicamente como Cinchona officinalis, es una de las plantas más emblemáticas en la historia de la medicina, especialmente por su papel central en el tratamiento de la malaria. Así lo destacó a Andina el biólogo Jorge Cabrera, del Instituto Nacional de Salud (INS), quien explicó que la corteza se ha utilizado durante siglos como remedio eficaz frente a esta enfermedad. Grupos indígenas y médicos de la colonia recurrieron a sus propiedades para atacar fiebres y dolencias que, en tiempos pasados, tenían consecuencias devastadoras en la población.
Este árbol, que puede superar los quince metros de altura, está profundamente vinculado a la historia del Perú y su simbología, al punto de figurar en el escudo nacional. Su nombre, Cinchona, se debe al episodio en el que contribuyó a tratar la malaria de la condesa de Chinchón, esposa del virrey Luis Jerónimo de Cabrera. El laboratorio natural de los Andes peruanos permitió que, mucho antes de los estudios químicos modernos, la sociedad descubriera el valor curativo de la corteza de quina, sentando así las bases para el desarrollo de la medicina científica.
El especialista del INS resaltó que la quina no solo combate la malaria, sino que también se utiliza para disminuir la fiebre, aliviar dolores, estimular la producción de jugos gástricos y mejorar el apetito. “Su corteza se puede beber como té, hervida durante 10 a 15 minutos, administrarse en gotas diluidas en agua, tomarse en cápsulas o comprimidos e incluso forma parte del agua tónica”, señaló.

Propiedades medicinales y formas de consumo tradicionales
Jorge Cabrera remarcó que la Cinchona officinalis posee propiedades antibacterianas y antifúngicas suaves, en paralelo a sus efectos antipiréticos y analgésicos. Estos principios activos ayudan a reducir la fiebre, a aliviar el dolor y a mejorar el bienestar general, según lo registrado por generaciones de peruanos en la medicina tradicional. Gracias a su versatilidad, el árbol de la quina es reconocido actualmente como un símbolo representativo de la diversidad vegetal peruana. Advirtió, además, que se trata de una especie en peligro y vulnerable, por lo que es importante promover su preservación y dar a conocer sus bondades medicinales.
Antonio Brack Egg, científico y escritor, documentó en su libro ‘La corteza peruana que salvó millones de vidas. Breve historia de la quina y la quinina’ que la quina fue parte fundamental en el combate contra la malaria. El experto explicó que “se trata de una enfermedad muy antigua, para la cual no se había descubierto una cura en occidente hasta 1638″. “Fue a partir de ese año cuando se inició la lucha contra la malaria; primero, gracias al aporte de los conocimientos indígenas, según los cuales se sabía que la corteza del árbol de la quina era capaz de curar las fiebres; y luego, con el descubrimiento del alcaloide quinina, que dio origen a diversos derivados farmacéuticos”, acotó.

La quinina y el impacto del árbol de la quina en la medicina global
La infusión de la corteza fue el primer tratamiento documentado, pero en 1820 se logró identificar la quinina como el principio activo responsable de combatir la malaria. Desde entonces, la quinina fue el tratamiento estándar hasta la década de 1930, de acuerdo al análisis histórico del fallecido Brack Egg, quien afirmó: “Fue la mayor contribución que hizo nuestro país a la medicina mundial, porque durante más de tres siglos permitió curar la malaria”.
El libro relata cómo la quina curó a figuras históricas como Ana de Osorio, esposa del virrey de Perú, quien enfermó de malaria en 1638. En ese episodio se evidencia la relevancia de este patrimonio natural: según los registros, la condesa experimentó una recuperación casi milagrosa tras consumir la corteza enviada por el gobernador de Loja. El mismo remedio salvó antes al gobernador de episodios de fiebre, según una carta enviada con la corteza: “Y si Dios quiere, esto curará a vuestra condesa de la mortal enfermedad que padece. Años atrás me libró de una fiebre como esa”.
El proceso de aceptación del tratamiento fue gradual. Antes de que la condesa probara el remedio, este fue administrado a enfermos locales de tercianas, quienes mostraron pronta mejoría tras consumir la corteza de quina. Poco después, Ana de Osorio también lo probó y, según los relatos, se liberó de las calenturas recuperando su salud.
El árbol de la quina representa un vínculo entre la ciencia, la riqueza natural de los Andes y la salud pública, al haber cambiado la historia de la medicina a nivel mundial. Su legado, documentado por expertos y científicos peruanos, sigue vigente y realza el valor de la biodiversidad y del conocimiento ancestral.
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