
En su último mensaje a la Nación por fiestas patrias, la presidenta Dina Boluarte, al referirse al sector pesquero, destacó una recuperación del 5.4% en el PBI sectorial y celebró avances en infraestructura artesanal, transferencia tecnológica y renovación de la flota científica del Instituto del Mar del Perú (IMARPE). Si bien estos logros son importantes, el mensaje evitó profundizar en los desafíos estructurales y abordar las urgencias normativas aún pendientes, particularmente en regiones como el sur del país, donde las cifras continúan siendo preocupantes y requieren atención prioritaria.
Es primordial aplaudir el anuncio de la renovación de la flota científica del IMARPE, tras casi cinco décadas sin una inversión significativa en renovación de flota científica. La construcción de tres buques de investigación científica y oceanográfica —ya adjudicado uno de ellos— es un hito fundamental. Esta decisión fortalece la capacidad del Estado para tomar decisiones basadas en evidencia y colocar a la ciencia al centro del manejo pesquero. El IMARPE es una institución de gran prestigio técnico, respetada a nivel internacional, y contar con embarcaciones modernas es clave para conservar esa reputación y cumplir con su mandato.
Del mismo modo, se resaltó la culminación de cuatro desembarcaderos pesqueros artesanales en Lima e Ica, y la promesa de cerrar obras en Piura y Arequipa durante el 2026, con una cartera adicional de S/ 300 millones en camino. Estas inversiones tienen impacto directo en la seguridad, inocuidad y competitividad de la pesca artesanal. No obstante, la sostenibilidad del sector no se mide solo por obras físicas o crecimiento de PBI, sino por la calidad del marco normativo, la transparencia de la gestión y la equidad en el acceso a los recursos.
Es aquí donde el mensaje presidencial respecto al sector pesquero quedó corto. No hubo una sola mención a la pesquería de anchoveta del sur, históricamente excluida de un régimen especial que reconozca sus particularidades ecosistémicas y sociales. A pesar de los altos niveles de incertidumbre jurídica y las pérdidas económicas derivadas de su omisión, el gobierno no ofreció respuestas o propuestas.
Del mismo modo, no se mencionó en absoluto la pesca de pota y perico, especies clave para el consumo humano en el país, a pesar de que estos recursos han cobrado relevancia en los últimos meses. La pota, en particular, es la pesquería más importante para el consumo humano y, sin embargo, fue ignorada en el discurso presidencial, pese a que en lo que va del año la flota artesanal ha demostrado con claridad la necesidad de adoptar medidas inmediatas. Su omisión recorta un capítulo esencial del debate público sobre diversificación productiva, formalización pesquera y desarrollo local.
Aunque se mencionaron avances en infraestructura y formalización, el mensaje presidencial no abordó la necesidad de una reforma legal integral para la pesca artesanal, que permita trascender los enfoques fragmentados y reconozca su verdadero valor alimentario, territorial y productivo. En el caso de la acuicultura, su referencia fue marginal, a pesar de representar una alternativa estratégica para reducir la presión sobre los recursos marinos y fortalecer economías locales con alto potencial de desarrollo.
En ese contexto, la reciente aprobación de la Política Nacional de Pesca aparece como una oportunidad para repensar el enfoque del sector de manera integral. Sin embargo, más allá del anuncio, el mensaje no brindó detalles sobre su implementación ni sobre cómo esta política se articulará con reformas normativas concretas o con mecanismos de financiamiento efectivos. El riesgo de que esta hoja de ruta quede en el plano declarativo sigue latente si no se acompaña de medidas que aborden las asimetrías históricas entre la pesca industrial, artesanal y continental.
Este 28 de julio, el gobierno pudo haber elevado el nivel del debate sobre el sector pesquero y la sostenibilidad, pero prefirió quedarse en el terreno seguro de las cifras de inversión. Aun así, el anuncio de la renovación de los buques científicos marca un punto de inflexión. Ojalá que ese rumbo, liderado por la ciencia, sirva como base para construir una verdadera política pesquera, que mire al futuro con decisión, con integridad y con visión país.
A final de cuentas, estas evaluaciones anuales nos permiten recordar lo que el sector pesquero sí ha aportado al país. Feliz 28, Perú. El sector pesquero ha cumplido.
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