A unos pasos del que será el nuevo Aeropuerto Internacional Jorge Chávez, en plena intersección de la avenida Morales Duárez con Fossett, el agua residual se abre paso con total impunidad. No se trata de lluvias, ni de filtraciones naturales. Lo que se vierte en el cauce del río Rímac son aguas servidas, lanzadas desde tuberías clandestinas que operan a vista de todos. El espectáculo, lejos de disimularse, aparece como un retrato constante de una ciudad que crece sin planificación ambiental efectiva.
El escenario impacta a quienes visitan por primera vez el Callao. A pocos metros del ingreso o salida de uno de los aeropuertos más modernos del país, el olor a desagüe se mezcla con el tráfico y el polvo del entorno. Imágenes difundidas por Canal N muestran cómo aguas residuales son vertidas directamente al río Rímac, sin ningún tipo de tratamiento. Una cascada turbia cae al cauce del llamado “río hablador”, evidenciando un serio problema ambiental en plena zona urbana.
La situación no es nueva, pero el nivel de inacción ha permitido que el problema se mantenga en el mismo lugar por años. Según se reportó, la Municipalidad del Callao realizó una inspección inopinada en octubre de 2024. Durante esa visita se detectaron “tres conexiones de tuberías clandestinas, presuntamente de desagüe de las viviendas que ocupan la margen derecha del río Rímac, las cuales desembocan sus aguas residuales domésticas en el cauce del río”. A pesar del hallazgo, no se aplicaron sanciones ni se ejecutaron obras que evitaran la continuación del vertimiento.
Agua potable bajo amenaza

El Rímac no es solo un afluente más. Su cauce abastece a más de diez millones de personas en Lima Metropolitana. Se trata de una fuente estratégica para el consumo humano, la agricultura y la generación de energía. Su deterioro representa un riesgo para la seguridad hídrica de la capital. Y, sin embargo, múltiples estudios señalan que el río acumula contaminantes de origen doméstico, industrial y agrícola.
Ricardo Bohl, geógrafo de la Pontificia Universidad Católica del Perú, afirmó en Exitosa que “existen más de 500 tuberías de desagüe que descargan directamente en el río”. Esta cifra se suma al impacto de “30 minas en operación y muchas otras inactivas, cuyos residuos siguen afectando la calidad del agua”. Según Bohl, la ausencia de coordinación entre instituciones agrava el problema: “La Municipalidad de Lima y otras entidades identificaron estos puntos de contaminación, pero la falta de medidas efectivas ha permitido que el problema persista”.
Intervenciones que no frenan el impacto

Frente a este escenario, la Autoridad Nacional del Agua (ANA) realizó hace un mes una intervención en la parte media y baja de la cuenca del Rímac. La entidad identificó nuevas fuentes contaminantes desde Santa Eulalia hasta el Callao. “Durante el recorrido de campo, se inspeccionaron diversos vertimientos de aguas residuales, zonas de arrojo de desmontes y otros focos contaminantes que impactan negativamente en el río Rímac”, indicó ANA en un comunicado oficial.
El estudio, ejecutado a través de la Administración Local de Agua Chillón-Rímac-Lurín, se hizo en cumplimiento del Plan Anual de Evaluación y Fiscalización Ambiental (PLANEFA). Según los técnicos, el distrito de Lurigancho-Chosica concentra el mayor número de puntos contaminantes. No obstante, las filtraciones cerca del aeropuerto en el Callao son las que más impacto visual generan y cuya proximidad con instalaciones clave del país agrava la imagen de descontrol.
Aunque la ANA lidera los trabajos de monitoreo, su capacidad de intervención directa se limita a ciertos aspectos técnicos. En el caso específico del desagüe del asentamiento humano 200 Millas, vecinos del nuevo aeropuerto, las tuberías que desembocan al río siguen operando.
La Municipalidad del Callao, pese a su conocimiento del caso, tampoco ejecutó una acción inmediata tras la inspección de octubre. Según se argumenta, la competencia recae en la Autoridad Nacional del Agua. Este cruce de atribuciones permite que las tuberías continúen funcionando sin control, mientras el agua que abastece a Lima se contamina en silencio.
Según la normativa, toda fuente contaminante del agua, sea sólida o líquida, que altere las condiciones naturales del recurso hídrico puede generar impactos negativos a corto o largo plazo. Por ello, la información generada por el PLANEFA debería facilitar la aplicación de sanciones o medidas correctivas. Pero en el Callao, el desagüe que cae frente al aeropuerto nuevo sigue siendo el mismo que se observó hace meses. Solo se cierra por momentos, y luego vuelve a abrirse, como si nada pasara.
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