
La costa peruana viene enfrentando una de escasez de agua durante los últimos meses, que afecta tanto el consumo humano como la producción agrícola. Si bien este es un problema frecuente en Piura, la situación se ha agravado ante la disminución sostenida de las precipitaciones desde el 2022, lo que ha reducido drásticamente el nivel de almacenamiento de la represa Poechos, el principal reservorio de la región. Actualmente, esta se ubica al 54% de su capacidad; sin embargo, llegó a un mínimo de 3.1% en octubre de 2024.
Reservorios deteriorados y gestión de recursos deficiente
Otro factor clave que explica la crisis hídrica en la región es la colmatación de los reservorios, producto de la acumulación de sedimentos debido a la falta de mantenimiento y supervisión. La represa de Poechos, diseñada para almacenar hasta 1,000 millones de metros cúbicos, actualmente solo puede retener 349 millones, reduciendo la disponibilidad de agua para riego y consumo doméstico. En efecto, en los últimos cinco años, su capacidad operativa se redujo a la mitad respecto a su promedio histórico, evidenciando el deterioro de la infraestructura hídrica en la región.
En medio de esta crisis, la gestión priorizada de los recursos públicos resulta clave. Sin embargo, recientemente, la Municipalidad de Piura inauguró un parque de fuentes de agua, que representó una inversión de S/15 millones, mientras la población enfrentaba restricciones severas en el suministro. La obra, que cuenta con 12 piletas interactivas y cisternas de aspersión, fue duramente cuestionada por la falta de prioridad en proyectos que realmente solucionen la crisis.

Deficiencias en la provisión y distribución del agua
Adicionalmente, la deficiente gestión de la Empresa Prestadora de Servicios de Saneamiento (EPS) Grau, que atiende a alrededor de la mitad (52%) de la población de la región, es un problema persistente. Hasta el 2023, el 61% del agua producida por la EPS no era facturada, muy por encima del límite máximo establecido por Sunass (30%), lo que refleja ineficiencias en el mantenimiento de conexiones y ha resultado en un desequilibrio financiero.
Como consecuencia, el servicio de agua es precario y los reclamos de los ciudadanos elevados. En 2023, los piuranos tenían en promedio solo 9.4 horas continuas de agua potable al día, casi la mitad del promedio nacional (17.4 horas al día). En tanto, los reclamos ante Sunass se incrementaron en 29% respecto al 2022, sumando 13,765 reclamos durante el año.

Ante este panorama, el Gobierno declaró en emergencia a 21 distritos de Piura hasta el 14 de marzo de 2025, permitiendo la ejecución de medidas urgentes como la provisión de agua potable y la atención de emergencias sanitarias. Además, se han iniciado trabajos de rehabilitación de pozos tubulares, movilización de cisternas, vigilancia de canales alimentadores y recuperación de fuentes de agua para mitigar el impacto en las zonas más afectadas.
Impacto en la agricultura y el sector energético
La escasez de agua tendría un impacto negativo importante en la agricultura, especialmente en cultivos de alto consumo hídrico como el arroz, que en 2024 representó el 22% del valor total de la producción agrícola en Piura. Entre agosto y noviembre de 2024, las siembras de arroz ya habían caído un 17.5%. Debido a ello, el MIDAGRI ha destinado S/200 millones para financiar a productores afectados, permitiendo la reprogramación de deudas y garantizando el acceso a recursos para el riego.
El sector energético también enfrenta riesgos. En 2023, la generación hidroeléctrica representó el 50% de la electricidad del país, pero la reducción del caudal en las principales cuencas ha incrementado la dependencia de fuentes más costosas, como las térmicas a diésel. Según el Comité de Operación Económica del Sistema Eléctrico Interconectado Nacional (COES), la sequía de fines de 2022 elevó los costos de generación de US$35 a US$180 por MWh, y si la crisis de 2024 se agrava, los costos podrían llegar a US$220 por MWh, afectando a clientes libres, especialmente pymes, y eventualmente a usuarios regulados.

Desafíos y estrategias para enfrentar la crisis
Si bien se han implementado acciones de emergencia, es urgente avanzar en soluciones estructurales como mejorar la infraestructura de almacenamiento, garantizar el mantenimiento adecuado de los reservorios, y utilizar los recursos públicos para el cierre priorizado de brechas, como la modernización de las redes de distribución para reducir las pérdidas de agua potable. Finalmente, es clave impulsar proyectos de irrigación paralizados y fortalecer la coordinación entre el sector público y privado para garantizar una gestión y provisión eficiente del recurso hídrico. Sin estas medidas, la escasez de agua continuará representando una amenaza para el desarrollo económico y el bienestar de la población piurana.
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