
¿Quién no recuerda la película ‘Mi Pobre Angelito’?
Sí, esa joya noventera que cada Navidad invade nuestros televisores y corazones. Más de 30 años después, Kevin sigue olvidado en casa, defendiendo su territorio, mientras Pepsi y Frito Lay se cuelan sutilmente en la historia como si fueran parte del guion desde siempre.
Ese es el poder de un buen contenido: nunca envejece. Es sempiterno. Y para quienes estamos en relaciones públicas o comunicación corporativa, esto es una lección de oro.
La magia de las buenas historias
Hay algo casi alquímico en una buena historia. No importa si pasan décadas, si el público cambia o si el mundo se digitaliza; el contenido que conecta con las emociones y las necesidades del público vive para siempre.
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Es por eso que Betty la Fea, esa serie que todos vimos (y algunos niegan haber visto), sigue siendo un hit. Pantene aparece estratégicamente en momentos clave, no como un comercial descarado, sino como parte de la vida cotidiana de los personajes. Así, la marca no solo se integra, sino que se recuerda.
¿Qué tiene esto que ver con tu estrategia de contenido? Todo.
En lugar de obsesionarnos con lo que la marca quiere decir, el foco debe estar en lo que el público quiere escuchar.
¿Qué los emociona? ¿Qué les hace reír, reflexionar o incluso llorar? Solo cuando entendemos esto podemos crear contenido que resuene y que, al mismo tiempo, permita insertar nuestro mensaje de manera natural. Sin gritarlo, sin forzarlo.
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Lo eterno vs. lo efímero
En un mundo donde las tendencias cambian cada cinco minutos, es tentador subirse a la ola del contenido viral.
Pero, seamos honestos: ¿cuántas de esas campañas sobreviven al paso del tiempo? El contenido efímero puede generar ruido, pero el contenido de valor genera legado. Es como esa canción que siempre regresa a tu playlist, ese libro que recomiendas o esa película que ves cada diciembre.
Eso es lo que debemos buscar.
¿Cómo lo hacemos?
- Empieza con una historia. No se trata de vender un producto, sino de contar algo que conecte. Una buena narrativa es el mejor vehículo para cualquier mensaje.
- Sé auténtico. La audiencia sabe cuando le están vendiendo humo. Haz que la marca sea parte de la historia, no el protagonista egocéntrico que roba cámara.
- Piensa a largo plazo. No escribas para hoy, escribe para el mañana. ¿Qué puedes crear que sea tan relevante en 10 años como lo es ahora?
Legado, no likes
Cuando hacemos bien nuestro trabajo, el contenido no solo informa o entretiene: construye memoria, emociones y lealtad. Como profesionales de PR, tenemos el poder (y la responsabilidad) de crear algo que trascienda.
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Algo que, como Kevin o Betty, siga siendo relevante años después.
Así que la próxima vez que estés pensando en una campaña, olvídate del “qué quiero decir” y pregúntate: ¿Qué historia puedo contar que mi público quiera recordar para siempre?
Eso es contenido de valor. Y sí, es para siempre.

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