
¿Te has preguntado alguna vez cuál sería el desafío máximo para cualquier conductor en América Latina? Existen lugares en esta región que, por diversas razones, se convierten en verdaderos retos para quienes se aventuran a tomar el volante. Desde intrincadas normas de tráfico hasta caminos en estados deplorables y una congestión vehicular que parece desafiar las leyes de la seguridad vial, conducir en algunos países latinoamericanos puede ser una experiencia para contar.
Sorprendentemente, entre estos desafiantes destinos se encuentra Perú, junto con otros dos países que completan el podio de los lugares menos amigables para los conductores en América Latina. Si creías que sabías todo sobre conducir, estos tres países están listos para mostrarte que aún queda mucho por descubrir. ¿Te atreverías a poner a prueba tus habilidades detrás del volante en alguno de ellos?
¿Cuáles son los 3 peores países para conducir en América Latina?
Iniciar un viaje por carretera en América Latina puede ser una experiencia llena de contrastes, desde paisajes que decoran las vías hasta retos que ponen a prueba los nervios de cualquier conductor. Sin embargo, existen tres países en esta región cuya experiencia al volante destaca particularmente por los desafíos únicos que presentan. Según el estudio de la consultora Compare the Market, estos son los peores países:
- Perú
- Argentina
- Brasil
Compare the Market evaluó distintos aspectos, tales como los límites permitidos de alcohol en sangre, la condición de las carreteras, la tasa de mortalidad por accidentes de tránsito (cada 100 mil habitantes), la velocidad máxima permitida, el índice de congestión vehicular (evaluando el tiempo promedio de desplazamiento al trabajo, el grado de insatisfacción relacionado, la emisión de CO2 y las fallas generales en la infraestructura de transporte) y, por último, las opiniones de los usuarios en plataformas digitales sobre la experiencia de manejar en el país en cuestión.

¿Por qué Perú es considerado uno de los peores países para manejar?
Perú se ha ganado la reputación de ser uno de los entornos más complicados para la conducción en América Latina, esto lo ha llevado a enfrentar complejos retos tanto en su infraestructura vial, en la regulación del tránsito y en las actitudes culturales hacia la conducción.
La descripción ofrecida por Guillermo D. Olmo en su colaboración para la BBC pinta un cuadro vívido de los desafíos que enfrentan los conductores en la capital peruana:

Adicional a estos aspectos, se suma la dinámica de tráfico caótica, no solo limitada a Lima sino también presente en otras ciudades y rutas nacionales, donde la congestión y la irresponsabilidad vial son problemas cotidianos. La combinación de una infraestructura deficiente, con rutas mal mantenidas y escasamente señalizadas, complica aún más la situación. Esto, junto a un esquema regulatorio insuficiente o ineficazmente aplicado para garantizar el cumplimiento de las leyes de tráfico, crea un ambiente propenso a accidentes y violaciones de tránsito.
¿Cómo inició este problema?
Durante la presidencia de Alberto Fujimori en Perú, que abarcó desde 1990 hasta 2000, el país atravesó diversas reformas económicas y estructurales en un intento por estabilizar y modernizar su economía. En este periodo, Perú enfrentó una grave crisis económica que impactó a múltiples sectores, incluido el transporte público.
Uno de los casos más emblemáticos de esta crisis fue la situación de la Empresa Municipal de Transportes de Lima (EMT), la entidad encargada del servicio de transporte público en la capital peruana. La combinación de mal manejo, ineficiencias operativas y la recesión económica llevaron a que la EMT se declarara en bancarrota.
En este contexto, el gobierno de Fujimori implementó un sistema de concesiones orientado a la privatización y liberalización del mercado de transporte público. Según el artículo “Las Privatizaciones y Concesiones”, la nueva política permitía que prácticamente cualquier persona con un vehículo motorizado pudiera obtener una licencia para ofrecer servicios de transporte de pasajeros. Estas medidas buscaban incentivar la inversión privada en el sector de transporte y aliviar los problemas de movilidad urbana causados por la insolvencia de la EMT.

Sin embargo, esta liberalización dio lugar a un sistema de transporte altamente fragmentado y desorganizado. La falta de regulación y control adecuados sobre las operaciones de transporte contribuyó a una saturación de vehículos informales y a menudo inseguros en las calles, como buses y combis, que no cumplían con estándares mínimos de seguridad y calidad. La competencia desmedida entre operadores informales también llevó a prácticas de conducción peligrosas, lo que afecta la seguridad vial y la calidad del servicio para los pasajeros.
¿Qué propuestas se han presentado para mejorar el transporte?
Abordar la reforma del transporte es esencial para lograr una Lima más organizada y segura. De acuerdo con la encuesta de “Lima Cómo Vamos 2022″, el 40% de los habitantes de Lima Metropolitana y Callao señalan al transporte público como uno de los principales retos que impactan la calidad de vida, ubicándose solo después de la inseguridad ciudadana, que ocupa el primer lugar con un 75%.
En este contexto, el plan de trabajo propuesto por el actual alcalde de Lima, Rafael López Aliaga, incluye medidas estratégicas enfocadas en la mejora y expansión de los servicios de transporte. Entre las propuestas destacadas se encuentran:
- La extensión del sistema del Metropolitano a lo largo de la avenida Universitaria, proyecto que se llevaría a cabo en coordinación con la Autoridad de Transporte Urbano para Lima y Callao (ATU).
- La elaboración de un expediente técnico destinado a facilitar la implementación de una conexión subterránea para el Metro de Lima.
- La introducción de un servicio de tren para pasajeros que cubra la ruta Chosica-Lima-Callao.
- La construcción de un teleférico que conectaría el Metro de Lima en San Juan de Lurigancho con el Metropolitano, con lo que abarcará las zonas de Independencia hasta Comas.
- La reformulación del sistema de transporte de la mano de la ATU, con un enfoque en la priorización del transporte público y el desarrollo de ciclovías.
- La instalación de un sistema de ventilación en el Metropolitano y la negociación para aumentar la flota de autobuses.
- El fomento de la inversión privada para el desarrollo de un tranvía universitario que conecte los distritos de San Martín de Porres y Carabayllo.
Estas iniciativas buscan no solo mejorar la infraestructura y la eficiencia del transporte en Lima, sino también promover una cultura de movilidad que privilegie el uso de medios de transporte sostenibles y seguros.

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