Perú es e anfitrión del Concurso Nacional de Marinera 2024, un evento destacado que pone de manifiesto el talento y el fervor por una de las danzas más representativas del país. Este año, la competición adquiere un matiz internacional gracias a “Los Kikutas”, una pareja de bailarines japoneses decididos a traspasar fronteras con su devoción por la marinera, superando obstáculos culturales para brillar en esta distinguida competencia.
Monika y Shinji Kikuta, cuya romance floreció entre los compases de la marinera, nos cuentan su singular historia de amor y danza que los llevó desde Japón hasta las costas peruanas, consolidando su unión tanto en el escenario como en la vida real. Su admiración por la elegancia y la riqueza de la marinera los ha llevado a emprender un viaje singular, desde sus primeros pasos autodidactas, imitando a bailarines a través de YouTube, hasta recibir la instrucción directa de campeones mundiales.
En una conversación exclusiva con Infobae Perú, “Los Kikutas” comparten su experiencia, ilustrando su evolución desde aficionados hasta aspirantes a campeones, y su sueño compartido de internacionalizar la marinera. Descubre más sobre esta apasionante travesía en nuestra próxima nota.
Dos almas, un solo compás: ¿Quiénes son “Los Kikutas”?
Monika Kikuta nació en Ginowan, una urbe que se encuentra a merced de las influencias globales gracias a su familia: su padre, Alberto Shiroma, un reconocido cantante peruano de raíces japonesas, y una madre que entreteje las culturas de Japón y Estados Unidos. A pesar de este mosaico cultural, no fue sino hasta alcanzar los 20 años que Monika empezó a indagar en su rica herencia.
Al cumplir 21 y motivada por los consejos de su padre, se embarcó rumbo a Perú para sumergirse durante un año en sus estudios. Allí, a pesar del inevitable choque cultural amplificado por su limitado dominio del español y del conocimiento sobre Perú, Monika inició un viaje de autodescubrimiento, reconectando con sus raíces peruanas.
Durante su estancia en la tierra peruana, quedó fascinada por la marinera norteña, un baile que capturó su corazón y espíritu. Este amor por la danza no se detuvo al regresar a Japón; contra todo pronóstico y en un entorno poco propicio para esta práctica, Monika perseveró y logró destacarse en competencias locales, clasificándose repetidas veces para el Campeonato Mundial Peruano celebrado en suelo japonés.

Shinji Kikuta, oriundo de la pintoresca ciudad de Oyodo en el distrito de Yoshino, Prefectura de Nara, nació en 1993, fruto de la unión de una madre peruana y un padre japonés, una fusión de culturas que desde su nacimiento prometía una vida de descubrimientos y encuentros entre distintos mundos.
En 2014, marcando un importante capítulo de su vida, Shinji decide pausar sus estudios universitarios en Japón para emprender una aventura académica en la Pontificia Universidad Católica de Perú.
Durante su estancia en Perú, Shinji se encontró cara a cara con la marinera, un baile que encapsula la esencia de la cultura peruana con su elegancia y vivacidad. Fascinado por esta expresión artística, no tardó en sentir un profundo arraigo y conexión con ella.

“Unidos por la marinera”
La historia de cómo la marinera tejió el destino de dos almas es tan emocionante como el ritmo vibrante de este tradicional baile peruano. Durante su tiempo en Perú, tanto Monika como Shinji se cruzaron en el camino del aprendizaje, compartiendo aulas en el país andino y, más tarde, continuando su viaje de danza juntos tras su regreso a Japón. Unidos no solo por su amor a la marinera sino también por un profundo lazo afectivo, decidieron casarse en 2016.

Con el firme propósito de materializar sus sueños, en 2019 la pareja decidió establecerse en Trujillo, el corazón del mundo de la marinera en Perú, donde se dedicaron a un entrenamiento riguroso con la meta de coronarse como campeones mundiales de esta danza. Su aventura tomó un giro inesperado con la llegada del coronavirus a Perú. A pesar de los desafíos impuestos por la pandemia, no perdieron el ánimo, concentrándose en mejorar aspectos cruciales como la expresividad y la improvisación, pilares fundamentales de la marinera.
Su dedicación y esfuerzo comenzaron a dar frutos en el 60º Campeonato Mundial de Marinera, el primero desde su mudanza a Perú. El duro entrenamiento se vio recompensado cuando consiguieron una victoria en las rondas preliminares ante una multitud expectante, avanzando así a la primera final. Aunque el título de campeones requería superar también la segunda y la tercera final para llegar a la gran final, el mejor resultado obtenido por “Los Kikutas” hasta ahora ha sido su destacada actuación en esa primera final.

De autodidactas a aprendices de campeones
El recorrido hacia la maestría en la marinera ha llevado a la pareja desde sesiones autodidactas en Japón hasta prácticas especializadas en Perú, la tierra de este baile. Inicialmente, en su país natal, se valían de videos en YouTube para estudiar los movimientos de destacados bailarines peruanos.
“Cuando estábamos en Japón, practicábamos básicamente por nuestra cuenta, imitando a bailarines peruanos en YouTube” comentaron los esposos Kikuta.
Esta etapa de autodescubrimiento se complementa con valiosas lecciones de campeones mundiales, quienes, actuando como jurados en competencias locales, compartieron con ellos auténticas técnicas peruanas durante sus visitas a Japón.
El salto cualitativo en su entrenamiento ocurrió con su llegada a Trujillo, donde ahora se perfeccionan bajo la tutela de Calin León, el actual campeón mundial. Esta experiencia directa en el corazón de la marinera les ha proporcionado una profunda inmersión en la esencia y técnica de este baile, marcando un antes y un después en su trayectoria artística.
El futuro de “Los Kikutas”
El horizonte de “Los Kikutas” destila ambición y pasión. Monika y Shinji no solo persiguen el perfeccionamiento de su arte, sino que también abrigan un sueño mayor: contagiar su amor por la marinera a sus compatriotas japoneses, inspirando en ellos un profundo aprecio por Perú. Imaginan un día en que el coliseo retumbe bajo la presencia de la bandera japonesa, simbolizando el vínculo indisoluble entre ambas culturas, creado a través del baile.
“Nuestro sueño es que los japoneses lleguen a amar a la marinera y sientan anhelo por Perú. Y un día queremos llenar una esquina del coliseo con la bandera japonesa” afirmó la pareja.

Comprometidos con este objetivo, “Los Kikutas” se encuentran en una constante búsqueda de excelencia, dedicándose a aprender y refinar cada movimiento y expresión que la marinera demanda. Además, aspiran a ser pioneros en la creación de un puente cultural que facilite a los bailarines de marinera en Japón viajar a Perú, no solo para competir sino para sumergirse en la rica cultura que da origen a este baile.
Este sueño comparte el propósito de unir a dos naciones a través de la danza, demostrando que la marinera no solo es un baile, sino unión y celebración de la diversidad cultural.
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