
En el corazón de Lima, donde hoy se encuentra el majestuoso Real Plaza, Centro Cívico y el lujoso hotel Sheraton, una historia fascinante se esconde bajo la apariencia moderna y comercial.
Este lugar alguna vez fue la cárcel más grande del Perú, conocida como La Penitenciaría, y a lo largo de los años ha experimentado una asombrosa transformación.
Durante la etapa republicana, el país se vería azotado por cimarrones y bandoleros, considerados hoy en día como delincuentes. Algunos de ellos, incluso, tenían participación en campañas políticas. La inseguridad se había incrementado: robos, asaltos, cogoteros, asesinos, era un escenario que se vivía a diario en la Ciudad de los Reyes —nada muy alejado de la actualidad—. A raíz de esto, los ciudadanos insistían en que era necesario implementar un castigo severo.
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Para esa época, las cárceles que existían eran pequeñas y con problemas de administración, lo que convertía a estos penales en lugares muy inseguros.
Influencia para la creación de La Penitenciaría
En 1853, el antiguo magistrado de Cajamarca, Mariano Felipe Paz Soldán, inició una investigación sobre la viabilidad de establecer una innovadora prisión en Perú, una que realmente tuviera éxito en rehabilitar a los hombres que habían caído en la delincuencia y los encaminara hacia una vida recta.
Durante su análisis, el jurista consideró realizar una visita a Estados Unidos para indagar acerca de las situaciones carcelarias en dicho país:
- Modelo de Auburn: que se da en el siglo XIX y se basaba en el trabajo diurno y en el encierro nocturno.
- Modelo de Filadelfia: este patrón consistía en el aislamiento continuo de los delincuentes.
Mariano identificó a los principales delincuentes como aquellos de ascendencia indígena o ‘cholos’, y así comenzó el proceso de concepción del modelo de Auburn durante el mandato de Ramón Castilla en el Perú.
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Inicio de la construcción de la cárcel más grande de Lima
Entre 1856 y 1862, se aprovecharon los recursos del guano para erigir uno de los edificios más grandes y emblemáticos de Lima, que sería conocido como ‘La Penitenciaría de Lima’ o ‘El Panóptico’. Su ubicación se escogió en el centro de la ciudad, en lo que hoy día comprende el Centro Comercial Real Plaza, el Centro Cívico y el Hotel Sheraton.
A mediados del siglo XIX, este espacio debía satisfacer ciertos criterios esenciales:
- Seguridad: Debía estar diseñada de manera que fuera resistente a posibles amenazas externas.
- Reintegración: Se buscaba que los reclusos no estuvieran simplemente encarcelados, sino que pudieran contribuir de alguna manera a la sociedad y adquirir habilidades útiles.
- Aspecto religioso: La enseñanza del cristianismo por parte del capellán en la Penitenciaría se empleaba con el propósito de moldear individuos obedientes.

Problemas de la Penitenciaría
En 1866 empezaron a llegar los primeros reportes de problemas:
- Transcurridos cuatro años, solo quedaban ocho celdas disponibles para nuevos reclusos.
- Se descubrió un plan secreto entre los presos para intentar escapar.
- Durante las inspecciones rutinarias en la prisión, se encontraron herramientas que habían sido robadas de los talleres internos.
- La situación más crítica se relacionaba con las enfermedades, resultado del hacinamiento extremo, siendo la tisis pulmonar una de las más graves.

En 1890, el ministro de justicia redactó un informe altamente crítico sobre la Penitenciaría de Lima. En este documento, se destacaba la existencia de interacciones físicas entre reclusos y visitantes, además de señalar que en las cárceles se había instaurado un ambiente donde se vivía un paraíso de alcohol y apuestas. El ministro sostenía que la mejor solución sería volver al sistema de castigos físicos.
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¿Cómo era la vida de los carcelarios en La Penitenciaría?
Al igual que en cualquier prisión respetable, en el Panóptico también existía un riguroso horario que todos los reclusos debían cumplir estrictamente. El incumplimiento de este horario conllevaba duras sanciones, como la reducción de las raciones de comida o la negación de visitas.
Los internos estaban obligados a levantarse a las 5:45 a.m. durante el verano y a las 6 a.m. en invierno. Antes de la formación matutina, debían realizar su aseo personal y mantener limpias sus celdas. Conforme al reglamento de 1863, se les permitía lavar los pies una vez a la semana y bañarse cada quince días.
Los días domingo se destinaban a la redención de sus faltas mediante la asistencia a la misa, que se celebraba en la modesta capilla de 7 a 9 de la mañana. Además, algunos reclusos participaban en clases de educación religiosa dominical
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¿Qué presidente peruano pasó sus últimos días en La Penitenciaría?
Durante el oncenio de Leguía, uno de los presos más famosos sería Augusto B. Leguía, quien a través de una orden directa de Sánchez Cerro, fue desembarcado del navío ‘Grau’ para luego ser capturado.
Después de este acontecimiento, lo enviaron a la isla de San Lorenzo, donde quedó claro que su libertad nunca sería recuperada. En ese tiempo, Sánchez Cerro afirmó que Leguía permanecería en prisión durante toda la duración de su gobierno.
Dos semanas más tarde, otra orden proveniente del Palacio de Gobierno dispuso su traslado a la Penitenciaría Central de Lima, comúnmente conocida como el Panóptico.
Leguía experimentó dificultades en prisión, principalmente debido a su avanzada edad y la enfermedad que padecía. El 16 de noviembre de 1931, fue trasladado a la Clínica Naval de Bellavista para someterse a una intervención quirúrgica. Sin embargo, el 18 de noviembre, una explosión de dinamita fue cruelmente arrojada dentro del hospital, cayendo a escasa distancia de la habitación donde se encontraba el enfermo, a pesar de que se había anunciado su mejoría. Lamentablemente falleció en el nosocomio el 6 de febrero de 1932, a la edad de 69 años.
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Fin de la Penitenciaría
El penal estaba enfrentando la necesidad de adaptarse a un Perú que se estaba modernizando a un ritmo cada vez más acelerado. El antiguo edificio, construido con materiales del siglo pasado, comenzó a convertirse en un obstáculo en medio de la evolución estética de Lima.
En 1961, el presidente Mariano Prado Ugarteche decidió trasladar a los reclusos a otras instalaciones penitenciarias, como El Frontón y El Sexto, lo que eventualmente condujo a la demolición de la que en su momento fuera la cárcel más grande de Lima.

La construcción del Sheraton y Real Plaza
Por varios años, este terreno permaneció vacío y desolado. No obstante, en 1970, se dio inicio a la construcción del hotel Sheraton en el lugar: fue el primer hotel de una cadena extranjera en el país y el primero de cinco estrellas.
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Durante ese mismo año, se llevó a cabo un concurso arquitectónico en el que un grupo de arquitectos erigieron una estructura conocida como el Centro Cívico. Inicialmente, este espacio estaba destinado a albergar oficinas gubernamentales y un centro comercial. No obstante, durante los disturbios del 5 de febrero de 1975, ampliamente conocidos como el ‘Limazo’, la estructura sufrió daños significativos, ya que una parte de ella se incendió. Debido a este incidente, el Centro Cívico quedó abandonado, a pesar de que seguía ostentando el título de ser el edificio más alto de Perú en ese momento. En las décadas de los 80 y 90, lamentablemente, se convirtió en un lugar frecuentado por personas que buscaban cometer suicidios.
En el año 2007, el grupo Interbank ganó la licitación para desarrollar este terreno por 30 años, dando lugar a la construcción del Real Plaza Centro Cívico. Cabe precisar que, este centro comercial es uno de los más visitados por los ciudadanos al quedar ubicado en el Centro de Lima.
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