
En los años 50, Lima se convirtió en un lienzo blanco para que arquitectos plasmen sus ideas y las hagan realidad en una ciudad que ya vivía las primeras migraciones entre las regiones. Los espacios libres y habilitados eran tomados para seguir la corriente arquitectónica, desde inmuebles de dos o tres pisos, hasta los primeros rascacielos.
Lo que hoy conocemos como la Av. Abancay, una de las más importantes y concurridas, aún se aprecia una de las construcciones más imponentes, que se convirtió en sede del Ministerio de Educación durante el gobierno de Manuel Odría.
A diferencia de otros edificios, este se formó con un diseño curvo que llamaba la atención de todo aquel que transitaba por la zona. Esta sede del MINEDU, obra del arquitecto Enrique Seoane, empezó su edificación el año 1952 y fue inaugurado en julio de 1954.

El éxito de su creación originó la propuesta de que se construya un rascacielos gemelo frente a este, en la zona que hoy conocemos como el Centro Comercial “El Hueco”, que por muchos años fue el corazón de la piratería en Lima.
Este plan no llegó a concretarse por completo. Los trabajadores solo alcanzaron a cavar lo que sería el sótano. Sin presentar razones concretas, el proyecto quedó en el abandono, por lo que nunca se llegó a finalizar.

En una época de surgimiento y migración, ciudadanos con necesidades de hallar un espacio para trabajar, tomaron el espacio, siendo una de las tantas invasiones registradas en la capital.
Sus primeros inquilinos fueron comerciantes informales, quienes se agruparon para ofrecer sus productos y servicios en una de las zonas más concurridas.

Ya que el espacio quedó a la intemperie y solo quedó la excavación para el sótano, rápidamente bautizaron el lugar como “El hueco”, por la forma que adoptó, además de ser más fácil de recordar.
Con el paso de los años, los comerciantes hicieron esfuerzos para remodelar el área y mantener su propósito comercial. En sus pasillos se podía encontrar una gran variedad de productos, desde prendas de vestir hasta electrodomésticos nuevos o de segunda mano.
Uno de los factores que hizo popular al centro comercial en el Perú y el mundo fue ser el “corazón de la piratería”, siendo uno de los espacios en el que se podía encontrar películas, series, discos y videojuegos no originales y que los vendían a un precio accesible.

Esta fue una lucha constante de las autoridades para frenar estas prácticas. Aunque en un inicio hubo un rechazo a los pedidos, el reconocer lo que estaban haciendo permitió una reforma. Por ejemplo, los comerciantes decidieron unirse a campañas contra la piratería. Incluso, organizaron un festival de cine.
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