
Los estereotipos sobre el temperamento de los gatos según el color del pelaje se repiten como si fueran reglas: que los carey tienen “actitud”, que los naranjas son más amigables, que los blancos son tímidos y que los negros son misteriosos.
La pregunta es si eso es mito o realidad. Con lo que se sabe hasta ahora, la respuesta exige precisión: hay pocos estudios, muchas conclusiones provienen de encuestas a dueños y la percepción humana puede sesgar los resultados. En cambio, lo que sí está bien establecido es la genética del color y su vínculo con el sexo, además de algunas asociaciones entre pelaje y afecciones médicas.
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La evidencia disponible sugiere que el color, por sí solo, no determina la personalidad de un gato. A lo sumo, algunos trabajos describieron tendencias estadísticas en determinadas conductas, pero con limitaciones metodológicas y sin observación directa de los animales en muchos casos.
Las creencias que alimentan el mito del “carácter” según el color

“Seamos sinceros, la mayoría de los veterinarios han atribuido el mal comportamiento de una gata carey a su pelaje.” La frase, citada en la plataforma de noticias para veterinarios del Reino Unido Vet Times, refleja un fenómeno frecuente: explicar la conducta con un rasgo visible. El mismo texto recuerda que la creencia de que los gatos carey son más temperamentales se remonta al menos al siglo XIX, con opiniones contrapuestas en libros de la época.
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Estas ideas también aparecen en percepciones actuales: se suele describir a los gatos carey como menos tolerantes, a los naranjas como más amigables y a los blancos como más tímidos y tranquilos. El problema es que, cuando esas creencias se vuelven etiqueta, pueden influir en cómo se los manipula, se los interpreta y se decide su adopción.
Qué explica la genética del color

La base biológica del color del pelaje es más sólida que cualquier estereotipo. Vet Times señala que unos pocos genes ligados al sexo controlan características principales: negro/naranja, diluido/no diluido, agutí/no agutí, atigrado/no atigrado y blanco/no blanco. En particular, los genes que controlan negro o naranja se ubican en el cromosoma X y tienen dos alelos mutuamente excluyentes: negro y naranja.
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Eso tiene consecuencias directas. Una gata con dos cromosomas X puede portar un alelo jengibre y uno negro; esa combinación se asocia al pelaje carey. En cambio, un macho con cromosomas XY será negro o naranja según el alelo que lleve en su único cromosoma X. Por esa misma razón, los expertos remarcan que un macho XY no puede ser carey, ya que esa coloración depende de la expresión simultánea de los alelos negro y naranja.
Cuando aparece un macho carey, se trata de una rareza biológica: puede ser una quimera genética, un mutante raro o presentar una condición similar al síndrome de Klinefelter en humanos (XXY). También se menciona una mutación extremadamente rara durante el desarrollo fetal.
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¿Qué dice la investigación sobre color y agresividad?

Hay pocas publicaciones sobre la relación entre color del pelaje y temperamento felino. Algunas encuestas mostraron que los humanos describen a los carey como más agresivos que los de otros colores, pero ese tipo de evidencia depende del relato de los dueños y puede estar sesgada.
Un estudio en línea de 2016 evaluó la relación entre color y comportamiento agresivo. Encuestaron a 1.274 dueños de gatos sobre características y conducta; según Vet Times, los participantes no conocían el propósito del estudio, ya que las preguntas sobre agresividad y color estaban ocultas dentro de una encuesta más amplia. Los resultados indicaron que los gatos carey, blancos y negros, y grises y blancos fueron más frecuentemente agresivos con humanos que los de otros colores, y que las gatas fueron más agresivas al ser manipuladas que los machos.
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Sin embargo, el mismo repaso subraya limitaciones: los participantes se postularon a sí mismos, la puntuación media de agresión fue muy baja y los gatos nunca fueron observados directamente. En ese escenario, pequeñas variaciones podrían reflejar la percepción de los dueños más que una diferencia consistente en conducta. Los especialistas incluso plantean una posibilidad concreta: dueños de gatos carey pudieron haber oído que “son más agresivos” y evaluarlos en consecuencia.
En una nota previa de Infobae, se citó un estudio realizado por investigadores de la Universidad de California que señaló que “las hembras de color blanco, anaranjado, negro y blanco, o gris y blanco tienden a ser más temperamentales”. En el mismo texto se hizo una aclaración central para el enfoque “mito o realidad”: “solamente el color de pelo del gato no es factor determinante para un comportamiento dócil o agresivo”, ya que se trató de una observación estadística ligada a otros factores, como el ambiente y los espacios de esparcimiento.
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Cuando la percepción humana pesa más que el pelaje

El debate no ocurre en el vacío. Si un veterinario o un dueño espera que un gato sea agresivo por su color, esa expectativa puede alterar el trato y la interpretación de cada reacción. Estas percepciones, según los especialistas, pueden convertirse en una profecía autocumplida: el humano trata al animal con más brusquedad o cautela, el gato aumenta su ansiedad y la situación confirma el prejuicio.
La nota previa de Infobae incorporó un factor decisivo: la crianza. “No es un mamífero social como el perro, pero sí puede convivir con el humano, siempre y cuando esté socializado desde los primeros meses de vida. Si esto no ocurre, será un animal difícil de compartir con los humanos”, explicó María Virginia Ragau, veterinaria y especialista en etología clínica.
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Color y adopción: la desventaja de los gatos negros

La mayoría de las personas prefieren mascotas de colores vivos a animales oscuros, y que eso genera escasez de hogares para gatos negros. En ese sentido, los gatos de pelaje oscuro suelen ser más difíciles de reubicar que los de pelaje claro.
En ese repaso aparecen datos de refugios: la Real Sociedad para la Prevención de la Crueldad contra los Animales (RSPCA por su sigla en inglés) admitió más gatos negros que de cualquier otro color; los gatos negros tardaron más en encontrar un hogar (un promedio de 30 días frente a 20 días para los naranjas) y recibieron menos interés en páginas web de adopción. En los refugios, los gatos negros tardaron entre dos y tres días más en ser adoptados. Las explicaciones incluyen un elemento práctico —“no salen bien en las fotos”— y otro cultural: en Occidente, los gatos negros suelen vincularse a supersticiones y malos presagios.
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Lo que sí se asocia al color: salud y riesgos específicos

Vet Times describe asociaciones entre pelaje y afecciones médicas. Una de las más claras es la sordera congénita hereditaria relacionada con el color blanco. Según los especialistas, los gatos blancos portan el gen pleiotrópico W, responsable del pelaje blanco, los ojos azules y la sordera. Aunque no todos los portadores serán sordos, se menciona una relación fuerte entre ojos azules y sordera: un gato blanco con ojos azules tiene entre tres y cinco veces más probabilidades de ser sordo que uno blanco con ojos verdes, según International Cat Care.
También se alude a pruebas que vinculan color del pelaje con hipertiroidismo y leucemia felina (FeLV). En su conclusión, Vet Times plantea que, si bien el color puede relacionarse con diversas afecciones médicas, muchos de esos casos podrían explicarse por factores genéticos ligados al sexo más que por el color en sí.
Raza, socialización y ambiente: lo que suele pesar más

Si bien el color parece no influir en la personalidad felina, “las razas de gatos (siameses, azules rusos, etc.) sí que tienen diferentes tipos de personalidad”.
A la hora de convivir mejor, la recomendación práctica se centra en lo modificable. Ragau indicó que la castración es recomendable “para evitar peleas con otros gatos y conducta con marcación de orina”. También enfatizó la socialización temprana: “Debe estar en contacto con otros gatos, perros u otras especies con las que vaya a convivir; si lo hacemos desde edad temprana, como el primer o segundo mes de vida, no tendrá ningún problema de convivencia”.
Y concluyó: “Para que cualquier animal doméstico esté en condiciones, es importante acondicionar el ambiente en el que van a estar, que tenga juguetes para descargar, y saber que los gatos también pueden ser animales sociales, siempre y cuando los dueños se encarguen de sociabilizarlos para que se adapten al ambiente”.
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