En una nueva edición de Data Animal, conducido por Melina Brizuela, el psicólogo y educador canino Juan Manuel Liquindoli abordó los desafíos y oportunidades que plantea la convivencia de niños y perros. Las preguntas y respuestas giraron alrededor de temores comunes de los padres, mitos arraigados y consejos prácticos para conseguir una relación saludable entre los más pequeños y los animales, desde la prevención de incidentes hasta la educación emocional a través de este vínculo.
El experto fue categórico: “Sí, claro que es posible un buen vínculo, pero no es como en las revistas, que siempre que hay perros y niños va a ser positivo. De hecho, en muchos casos se da lo contrario”. Subrayó que los factores individuales de cada animal y las experiencias de vida determinan si la relación será armoniosa.
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Entre los datos compartidos, Liquindoli remarcó: “El sector de la población que más mordidas sufre de perros son los niños. Los niños menores de 14 años tienen cuatro veces más posibilidades de ser mordidos por un perro que la población en general”. Este indicador expone la necesidad de no tomar a la ligera la convivencia entre niños y mascotas y justifica el abordaje responsable que debe adoptar cualquier familia.

Responsabilidad de los adultos y causas de incidentes entre perros y niños
A la hora de analizar los motivos detrás de los incidentes, Liquindoli precisó: “En la mayoría de los casos se ve que se da dentro del hogar”. Una de las causas principales es que los niños más pequeños “tienen más dificultades para leer el lenguaje corporal de los perros”, a diferencia de los adultos que comprenden señales como un gruñido. Para los niños, estas expresiones pueden pasar inadvertidas o ser interpretadas erróneamente, lo que incrementa el riesgo de una reacción indeseada del animal.
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Otro eje abordado fue la tendencia de los niños a tener “conductas más temerarias que los adultos”, como “agarrarlo del cuello o tirarle de la cola” al can. “Por eso es muy importante siempre que haya perros y niños en un hogar la supervisión. Esto es clave”, dijo el especialista del sitio especializado Filosofía Animal.
El mito de las razas “ideales” para la convivencia con niños
El programa contribuyó a desmitificar creencias populares alrededor de ciertas razas. “Esto es un mito también que hay razas que son ideales para niños o que hay razas que no”, sostuvo el especialista.
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Explicó que “los factores individuales del perro son más importantes que la raza en sí”. Señaló la importancia de un buen “período de socialización cuando era cachorro, si estuvo expuesto a niños y si tuvo buenas experiencias con niños”. Las malas experiencias pueden marcar para siempre la relación del perro con los pequeños, ya que “sabemos que aprenden por asociación”.
Recomendaciones para introducir a un bebé en un hogar con perro adulto
Ante la llegada de un nuevo integrante, la prevención es la clave. El especialista recomendó preparar al perro “en los meses anteriores, ir adecuando la rutina y el contexto donde va a vivir el perro a cómo va a ser cuando llegue el niño”. Los cambios abruptos en las rutinas, como modificar el lugar de descanso o la frecuencia de paseos, pueden resultar estresantes y negativos para el animal.
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En el momento de la presentación del bebé, recomendó: “Te recomiendo que se haga con correa el primer día porque no sabemos si nosotros tenemos un perro que nunca estuvo expuesto a un bebé cómo va a reaccionar”. Es fundamental observar las reacciones del animal, ya sea curiosidad, miedo o ansiedad, para actuar preventivamente o consultar con un especialista en caso necesario.

Otro punto relevante es la enseñanza continua que los padres pueden brindar a sus hijos en la convivencia con sus mascotas. “Durante toda la vida, los padres tienen la oportunidad de enseñar a sus hijos cómo debe ser la interacción con otro ser vivo”, indicó Liquindoli. A través del vínculo con los animales, los niños tienen la posibilidad de desarrollar “habilidades emocionales como la empatía, la responsabilidad y un montón de cuestiones”.
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Consecuencias de una socialización deficiente entre perros y niños
Los efectos negativos de una “mala socialización entre el perro y el niño” van desde la frustración y el estrés hasta los celos en el animal. El educador canino explicitó: “Estos cambios de rutina, cambios en el manejo, cambios en el ambiente, pueden generar frustración, pueden generar estrés. También pueden aparecer otras cuestiones, por ejemplo, relacionadas a los celos”. Insistió en la importancia de destinar momentos de calidad para el animal, sin desplazarlo ante la llegada de un nuevo hijo o hija.
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