
Imagina a un perro frente a su comida o juguete favorito: su nariz se llena de aromas tentadores, pero no es solo el olor lo que capta su atención. Es la textura lo que realmente lo conquista. El crujido de una croqueta, la suavidad de un peluche o la jugosidad de un trozo de carne son lo que realmente despierta su interés. Para los canes, la sensación de lo que está en su boca tiene un impacto mucho mayor de lo que muchos dueños pueden imaginar.
Esa preferencia por lo firme, lo blando o lo jugoso no es una simple elección personal, sino una respuesta instintiva. Desde lo que comen hasta lo que muerden, los perros se guían por la textura, y eso influye directamente en su felicidad y salud. Un estudio reciente de la Universidad Eötvös Loránd de Budapest, publicado en Scientific Reports, fue aún más allá al confirmar que los canes, al igual que los humanos, priorizan la textura por encima de la forma.

Esta opción se manifiesta cuando eligen o identifican objetos, priorizando la textura por sobre la forma. Una elección que quedó en evidencia en la investigación que mostró como los canes, a pesar de acercarse primero a objetos que coinciden en forma con un objeto, finalmente optan por los que coinciden en la textura.
¿Cómo se dieron cuenta? Los investigadores entrenaron a 35 perros para elegir entre dos objetos: uno similar al objetivo en forma y el otro en textura. En este sentido, tras realizar una primera elección en el primer sentido, finalmente optaban por el otro. Esta preferencia por la textura pone de manifiesto cómo los perros, al igual que los humanos, utilizan múltiples sentidos, pero de manera diferente, para reconocer lo que les rodea.

Asimismo, la textura de los alimentos juega un papel clave en las decisiones que toma un perro, especialmente cuando se trata de la aceptación o rechazo de una comida. Por ejemplo, cuando son húmedos y jugosos, suelen ser más atractivos para los canes, ya que se asemejan a lo que consumirían en su entorno natural, como carne fresca, que tiene una consistencia más fácil de masticar, lo cual es importante para perros con dientes más sensibles o para aquellos que se encuentran en una etapa avanzada de su vida.
Dicho de otro modo, los perros muy jóvenes, con problemas dentales o con la mandíbula más débil, prefieren alimentos más blandos, mientras que los alimentos secos y crocantes, como las croquetas, no siempre son bien aceptados; ya que los pueden encontrar difíciles de masticar.

Es decir que, pese a que los alimentos secos son útiles para mantener la salud dental, no siempre son la primera opción de todos los perros. En especial, los de razas más pequeñas o aquellos con sensibilidad en las encías, pueden rechazar croquetas más duras.
Es que la textura de la comida no solo afecta la facilidad con la que los perros mastican, sino también la percepción del sabor, lo que aumenta o disminuye su aceptación. Por lo cual, muchos prefieren comidas húmedas, que combinan una textura suave con un sabor más intenso.

El impacto del envejecimiento y las condiciones de salud
Las preferencias por las texturas no son estáticas y pueden cambiar con la edad o como consecuencia de condiciones de salud. A medida que los perros envejecen, los problemas dentales o articulares pueden influir en las texturas que prefieren. En ese sentido, los mayores suelen mostrar una mayor inclinación por alimentos más suaves o fáciles de masticar, ya que sus dientes se desgastan y las encías se debilitan con el paso de los años.

Este cambio en las preferencias alimenticias está relacionado no solo con la facilidad para comer, sino también con la comodidad. Los perros con artritis o problemas articulares también pueden optar por superficies más suaves, como camas ortopédicas, que les proporcionen mayor confort y alivien la presión sobre sus articulaciones. Además, los perros con problemas digestivos pueden tener preferencia por alimentos que sean más fáciles de procesar.
Pero eso no es todo, ya que las preferencias por ciertos juguetes también están relacionadas con la textura. Muchos prefieren materiales como la goma o el caucho porque proporcionan la resistencia adecuada para morder sin dañar sus dientes, pese a satisfacer su instinto de morder durante más tiempo, lo que ayuda a aliviar el estrés o la ansiedad.

Sin embargo, los perros mayores o los que tienen dientes más sensibles pueden preferir materiales más suaves, como los de peluche, que no requieren tanta fuerza para ser manipulados e influyen en el tipo de juego que disfrutan. Aquellos que se sienten atraídos por materiales más duros tienden a masticar y destruir sus juguetes, mientras que los que prefieren más suaves disfrutan de juegos menos intensos, pero igualmente satisfactorios.
Con el tiempo, las preferencias de los perros por la textura se adaptan a sus necesidades cambiantes. Ya sea debido a la salud dental, la edad o cualquier otra condición física, los perros muestran variaciones en su gusto por las texturas, lo que resalta la importancia de ajustar su dieta, juguetes y entorno conforme a su etapa de vida.
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