Más de 10 mil nidos de tortugas marinas son protegidas en las playas de Panamá

Trabajo conjunto de biólogos, guardaparques y la Policía Ambiental logra que el 85% de los huevos rescatados llegue a la fase de eclosión

Dos playas concentran arribadas masivas de la especie golfina, uno de los fenómenos más singulares de la vida marina. (Ambiente)
Dos playas concentran arribadas masivas de la especie golfina, uno de los fenómenos más singulares de la vida marina. (Ambiente)
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Más de 36 mil tortugas marinas neonatas ya nadan rumbo al océano Pacífico este año, gracias al trabajo de conservación en dos playas panameñas de la provincia de Los Santos.

El Refugio de Vida Silvestre Isla Cañas y la Zona de Reserva Playa La Marinera, ambos en el distrito de Tonosí, protegen en conjunto más de 10 mil nidos durante la temporada de anidación de 2026.

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La cifra se compone de 27.910 neonatos liberados en La Marinera y 8.735 en Isla Cañas.

Ambos sitios figuran entre los pocos lugares del mundo donde la tortuga lora o golfina (Lepidochelys olivacea) llega a desovar de forma masiva. También hay registros de anidación de la tortuga verde (Chelonia mydas) en estas costas.

El vivero artificial del refugio concentra actualmente 419 nidos, la mayor cifra a nivel nacional. Esa cantidad equivale a 41.982 huevos de tortuga golfina, con un promedio de 100 huevos por nido.

Vigilancia técnica es la que permite que una nueva generación de tortugas alcance la edad adulta y, eventualmente, regrese a las mismas playas donde nació. (Ambiente)
Vigilancia técnica es la que permite que una nueva generación de tortugas alcance la edad adulta y, eventualmente, regrese a las mismas playas donde nació. (Ambiente)

La Marinera presenta un panorama distinto: allí los nidos permanecen in situ, a lo largo de la playa, sin necesidad de reubicación masiva.

“En cuanto a La Marinera, al no tener la necesidad de reubicar y estar todos los nidos a lo largo de la playa, es difícil dar una cifra exacta, pero seguro hay más de 800 mil huevos”, explicó Maylin Rivera, bióloga marina e investigadora del Sistema Nacional de Áreas Protegidas (SINAP).

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Estas dos playas concentran arribadas masivas de la especie golfina, uno de los fenómenos más singulares de la vida marina, y porque el trabajo conjunto de biólogos, guardaparques y la Policía Ambiental logra que el 85% de los huevos rescatados llegue a la fase de eclosión.

Detrás de esos números hay un operativo que no se detiene. Rivera detalló que el equipo técnico institucional trabaja las 24 horas del día para la conservación de los nidos, tanto en su ubicación original como en los viveros.

“Desde las seis de la tarde hasta las seis de la mañana se intensifican los monitoreos”, relató la investigadora. Durante ese horario, guardaparques y especialistas recorren la playa sin pausa y registran cada hembra que llega a desovar.

Los nidos más cálidos producen una mayor proporción de hembras, mientras que los más fríos favorecen el nacimiento de machos. (Ambiente)
Los nidos más cálidos producen una mayor proporción de hembras, mientras que los más fríos favorecen el nacimiento de machos. (Ambiente)

La bióloga amplió el procedimiento, señalando que se toman medidas de cada tortuga, se verifica si ya está marcada y se evalúa la presencia de anomalías u otras características que permitan su identificación y seguimiento posterior. Son tareas que se repiten noche tras noche a lo largo de toda la temporada reproductiva.

El personal del Ministerio de Ambiente, a través del SINAP, es quien coordina estas labores junto a los jefes de las áreas protegidas. Esa dedicación permanente es la que sostiene la tasa de éxito reportada para este año.

Cuando una tortuga llega a la playa, su instinto la guía para verificar la profundidad y la forma del nido que necesita. Recién después de esa etapa comienza la oviposición, el momento en que deposita los huevos.

Tras completar la puesta, la hembra cierra el nido, lo compacta y regresa al mar. El tiempo de incubación oscila entre 45 y 60 días, según explicó Rivera, y depende en gran medida de la temperatura del entorno.

Los especialistas concentran ahí buena parte de su estrategia: monitorean temperatura y humedad de cada nido para sostener más del 80% de éxito en los nacimientos.

El campo magnético terrestre permite que las tortugas marinas registren la ubicación de su zona de nacimiento y desarrollen así un mapa interno de orientación. (Ambiente)
El campo magnético terrestre permite que las tortugas marinas registren la ubicación de su zona de nacimiento y desarrollen así un mapa interno de orientación. (Ambiente)

Esa vigilancia técnica es la que permite que una nueva generación de tortugas alcance la edad adulta y, eventualmente, regrese a las mismas playas donde nació.

La temperatura del nido no solo define la tasa de eclosión: también determina el sexo de las crías. Rivera explicó que las tortugas marinas tienen determinación sexual dependiente de la temperatura, de modo que los nidos más cálidos producen una mayor proporción de hembras, mientras que los más fríos favorecen el nacimiento de machos.

Uno de los mecanismos más particulares de la especie es la llamada impronta geomagnética. El campo magnético terrestre permite que las tortugas marinas registren la ubicación de su zona de nacimiento y desarrollen así un mapa interno de orientación.

Ese proceso es el que les permite regresar a su región natal cuando alcanzan la edad adulta, muchas veces después de años de recorrer el océano. Al momento de emerger del nido, los neonatos recién nacidos se guían por otras señales: la pendiente de la playa, la luz natural del horizonte y el movimiento de las olas los orientan hacia el mar.

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