Una fábrica que cierra no se recupera con un decreto

El empresario reclama una estrategia productiva duradera, financiamiento accesible y reglas estables para que las pequeñas y medianas compañías puedan invertir, preservar empleos y afrontar costos financieros, tributarios, energéticos y logísticos

Más de 30.000 empresas dejaron de funcionar en los últimos años en la Argentina. (REUTERS/Agustin Marcarian)
Más de 30.000 empresas dejaron de funcionar en los últimos años en la Argentina. (REUTERS/Agustin Marcarian)
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Si tuviera una hora para sentarme frente al presidente Javier Milei, no iría a discutir de ideologías. Tampoco a negar la necesidad de ordenar las cuentas públicas, bajar la inflación o terminar con privilegios que durante décadas hicieron daño a la Argentina.

Iría a hablar de algo mucho más concreto: cómo hacemos para que las fábricas argentinas sigan abiertas. Mientras discutimos el rumbo de la macroeconomía, hay empresarios que todos los días deciden si pueden pagar los sueldos, comprar materia prima, afrontar la factura de luz o sostener una máquina funcionando. Y hay un dato que debería interpelarnos a todos: más de 30.000 empresas dejaron de funcionar en los últimos años.

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Soy industrial PyME. Conozco lo que significa levantarse todos los días pensando cómo sostener una empresa. Por eso, si pudiera reunirme con Milei, le pediría cinco cosas.

1. Que la industria nacional tenga una política de Estado

Argentina necesita estabilidad. Pero también necesita una estrategia productiva que sobreviva a los gobiernos. Ese es, para mí, uno de los grandes secretos de Brasil.

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Brasil puede cambiar de presidente, de partido y de orientación política. Puede gobernar la derecha, la izquierda o el centro. Pero hay algo que permanece: la decisión de tener una industria fuerte. No se trata de cerrar la economía ni de subsidiar eternamente empresas ineficientes.

Se trata de entender que los países grandes no se construyen solamente importando productos. En Argentina nos falta justamente eso: una política industrial que no dependa del gobierno de turno. Si cada cuatro años cambiamos completamente las reglas del juego, ninguna PyME puede planificar una inversión a diez años.

2. Apertura con equilibrio para competir

Le pediría a Milei que no confunda apertura con competencia. Una fábrica argentina no puede competir si paga costos financieros, impositivos, energéticos y logísticos muy superiores a los de otros países. Abrir la economía puede ser una oportunidad cuando una empresa está preparada para competir. Pero si primero destruimos la capacidad productiva y después esperamos que aparezcan nuevas fábricas, podemos terminar importando aquello que antes producíamos nosotros. La industria argentina necesita competir.

3. Crédito productivo para las PyMEs

Una PyME industrial no crece solamente con voluntad. Necesita comprar una máquina, automatizar un proceso, incorporar tecnología, capacitar trabajadores, mejorar la eficiencia energética o desarrollar un nuevo producto. Por eso pediría una política de crédito productivo de largo plazo, con tasas razonables y especialmente diseñada para las pequeñas y medianas industrias.

4. Bajar de verdad el costo argentino de producir

Hay algo que escucho permanentemente en las fábricas: “No sé si puedo vender más; sé que cada vez me cuesta más producir.” Y acá aparece un problema que en los últimos meses se volvió directamente asfixiante: la energía eléctrica. En apenas tres o cuatro meses, muchas industrias y comercios estamos recibiendo aumentos de la energía eléctrica que, en algunos casos, superaron el 100%. Esto ocurre en un momento en el que las ventas están cayendo y muchas empresas ya están trabajando con márgenes cada vez más pequeños.

Una fábrica no puede apagar las máquinas cuando baja la venta y volver a encenderlas cuando mejora el mercado. Hay procesos industriales que funcionan durante horas, días o incluso de manera continua. Necesitamos menos burocracia. Menos impuestos distorsivos. Energía competitiva. Crédito. Infraestructura. Seguridad jurídica.

Y también una discusión laboral seria. No una reforma pensada contra los trabajadores ni contra los empresarios, sino una modernización que permita formalizar empleo, reducir la litigiosidad y generar nuevos puestos de trabajo, con las PyMEs sentadas en la mesa.

5. Que salvar una fábrica vuelva a ser una prioridad nacional

Quiero que el presidente entienda que una fábrica que cierra no es simplemente una empresa que deja de funcionar. Es una cadena que se rompe. No pierde solamente su dueño. Pierde el trabajador, el proveedor, el comercio del barrio, el municipio y pierde el país.

Mi planteo no es volver a una Argentina cerrada, subsidiada e ineficiente. Tampoco creo que todo lo que se hizo durante las últimas décadas haya funcionado. Necesitamos otra cosa. Una Argentina que tenga estabilidad macroeconómica y desarrollo industrial. Una Argentina que exporte más, pero que también produzca más. Una Argentina que atraiga inversiones, pero que también cuide a las empresas nacionales que llevan décadas invirtiendo.

Por eso, si tuviera la oportunidad de sentarme frente a Javier Milei, no le pediría que abandone su rumbo. Le pediría que lo complete. Que mire lo que está pasando detrás de los números. Que escuche a las PyMEs. Estamos a tiempo de evitar que muchas más persianas industriales bajen para siempre.

Una fábrica que cierra hoy no se recupera mañana con un decreto. No hay país grande sin industria.