Hay decisiones que no admiten matices. Hay límites que, cuando se cruzan, degradan no solo a quienes las toman, sino también al ámbito que las habilita.
La convocatoria realizada por ATE en su sede de Rosario, donde se promociona como oradores a individuos palestinos liberados en el marco de un intercambio por secuestrados israelíes, constituye una afrenta inaceptable. No es un error. No es ingenuidad. Es una decisión consciente que implica otorgar visibilidad y legitimidad a personas asociadas a organizaciones terroristas como Hamas y el Frente Popular para la Liberación de Palestina.
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Darles un micrófono a quienes se inscriben en estructuras que han hecho de la violencia, la muerte y el terror un método no es un gesto neutral. Es validar una lógica perversa: que la barbarie puede tener tribuna, que el asesinato de civiles puede encontrar justificación y que el horror puede disfrazarse de causa.
El 7 de octubre marcó un punto de quiebre. El mundo fue testigo de una de las expresiones más brutales del terrorismo contemporáneo: asesinatos de civiles, violaciones, secuestros y la quema de familias enteras. Nada de eso puede ser relativizado. Nada de eso puede ser puesto en segundo plano.
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La Argentina no puede permitirse este tipo de desviaciones. Nuestro país fue víctima de dos de los atentados terroristas más brutales de su historia: la voladura de la AMIA y el ataque a la Embajada de Israel. No son episodios del pasado: son heridas abiertas, nombres, familias destruidas, una memoria que exige responsabilidad. Por eso, resulta aún más indignante que una entidad argentina decida abrir sus puertas a quienes representan exactamente aquello que tanto dolor causó en nuestro suelo.
Esto no es un debate. Es una línea roja.
ATE Rosario debe revisar de manera urgente esta convocatoria. Sostenerla implicaría asumir el costo moral de convertirse en plataforma de quienes han hecho del terror un método. Y ese es un lugar que ninguna institución democrática debería ocupar.
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El silencio o la indiferencia frente a este tipo de hechos también es una forma de convalidación. Por eso es imprescindible señalarlo con claridad y sin eufemismos.
Desde la Delegación de Asociaciones Israelitas Argentinas (DAIA) expresamos nuestro más enérgico repudio a esta iniciativa. La Argentina merece instituciones comprometidas con la vida, la convivencia y la memoria, no espacios que habiliten o relativicen el terrorismo.
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El terrorismo no tiene justificación. No tiene contexto que lo excuse. Y no debe tener tribuna.
El antisemitismo es un delito.
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