El caso Adorni dominó la agenda pública las últimas semanas. Viajes en avión presidencial, propiedades sin declarar, un vuelo privado a Punta del Este. Las encuestas confirman el daño. CB Global Data permite ver la película completa: en diciembre de 2025, Adorni tenía un 44 % de imagen positiva contra un 47 % de negativa. En una nueva medición de marzo de 2026 –con el conflicto ya en agenda–, esos números se invirtieron brutalmente: 27 % a favor y 67 % en contra, un diferencial negativo de 40 puntos. En tres meses, su imagen neta cayó casi tres veces más que la de Milei (−37 puntos para Adorni vs. −13 para Milei).
Con esos números sobre la mesa, la conclusión parece obvia: algo hay que hacer con el jefe de gabinete. A primera vista, parece un caso de resolución relativamente simple: puede plantearse como alguien que actuó solo, donde el presidente tiene menos responsabilidad y el daño se puede contener con una renuncia o una sanción. Se remueve la manzana podrida del cajón para que no contagie al resto. Sin embargo, el gobierno, hasta este momento, no eligió ese camino. Tanto Milei como su hermana se mostraron públicamente con Adorni y mandaron a todo el gabinete a respaldarlo.
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Hay muchas hipótesis sobre por qué lo sostienen. Pero hoy quiero plantear una más: removerlo no soluciona el problema de fondo. Porque el problema de fondo no es Adorni.

La historia de fondo no es el escándalo: es la economía
El caso Adorni tiene sin dudas un impacto negativo en la opinión pública. Pero el sentimiento que está moviendo la aguja es el deterioro económico percibido por la gente en su vida cotidiana.
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Tres datos que no hay que dejar pasar:
Primero, por los temas que dominan las preocupaciones de los argentinos. Según la encuesta ESPOP de la Universidad de San Andrés de marzo, las principales preocupaciones fueron “bajos salarios” (37%) y “falta de trabajo” (36 %). La inflación, que era la bandera del gobierno, quedó relegada al séptimo puesto. CB Global Data encontró lo mismo: “bajos salarios y pérdida del poder adquisitivo” lidera con 47 %, seguido de “falta de empleo y desocupación” con un 21 %. La corrupción aparece en tercer lugar en la encuesta de ESPOP y en cuarto lugar en la de CB Global Data.
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Segundo, porque la caída de imagen de Milei empezó antes del caso Adorni. El Índice de Confianza en el Gobierno de la Universidad Di Tella acumula tres meses consecutivos de baja: −2,8% en enero, −0,6% en febrero y −3,5% en marzo, con una contracción acumulada de 6,5% desde fines de 2025. El escándalo Adorni estalla a mediados de marzo, pero la tendencia descendente ya llevaba dos meses. La erosión estaba en marcha antes de que apareciera el primer vuelo privado en la agenda pública.
Tercero, y acá está la clave: la caída es mucho peor en AMBA que en el interior. Y esto es difícil de explicar por el caso Adorni. No hay razón para pensar que el escándalo se escuchó más en La Matanza que en Misiones. Fue un tema nacional con cobertura en todos lados. Lo que explica una caída de imagen más acentuada en AMBA es la economía.
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Dos países, un gobierno
El Índice de Confianza del Consumidor de la Universidad Di Tella muestra claramente una mayor caída en CABA y GBA que en el interior de la Argentina. En marzo, este índice cayó 6,99% en CABA y 9,35% en GBA respecto al mes anterior. Sin embargo, ese mismo mes el índice subió 1,26% en el interior.
¿Por qué el Interior resiste?
Hay una explicación estructural, y tiene que ver con qué sectores de la economía están creciendo y cuáles no. Un informe de Banco Mariva que analizó Bloomberg Línea lo describe con precisión: la economía argentina avanza a dos velocidades. Los sectores que crecen —agricultura, ganadería, caza y silvicultura (+16,1%), así como minería y extracción de canteras (+8,1%), entre otros— son más activos en el interior del país. Los que siguen en retroceso —manufactura (−5,0%), comercio minorista y mayorista (−2,2%), turismo, servicios— se concentran en el AMBA.
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Dicho de otro modo: el PBI puede crecer 4,4% como creció en 2025, y al mismo tiempo la gente en el AMBA puede sentir que todo empeoró. Porque los sectores que generan empleo masivo y mueven la vida cotidiana del conurbano son exactamente los que están rezagados. Y los que crecen, además de estar en el interior, son menos intensivos en mano de obra.
Adorni puede ser un ruido ensordecedor. Pero la señal es la economía. El problema es que en las estadísticas económicas un sector que crece mucho puede compensar por otro más rezagado. Pero en las elecciones, los votos se cuentan de a uno y todos valen lo mismo.
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