
El marco teórico de Paul Romer, Philippe Aghion, Peter Howitt y el historiador económico Joel Mokyr ofrece una base para pensar el rumbo de Argentina bajo el gobierno de Javier Milei: la estabilidad macroeconómica como condición necesaria y la innovación junto con la competencia como motores del crecimiento a largo plazo.
Esta nota no busca sumarse a la discusión sobre el ritmo adecuado de la reestructuración que atraviesa el aparato productivo argentino, ni sobre si el tipo de cambio vigente asegura el crecimiento. Por el contrario, el objetivo es analizar, dejando de lado las urgencias coyunturales, qué consecuencias podría tener la continuidad, durante dos o tres décadas, del marco de política económica actual.
Se parte del supuesto de que gobiernos sucesivos respetarían las reglas de juego vigentes hoy y que el proceso sería exitoso en esos términos -de lo contrario, no se daría tal continuidad-.
Innovación, competencia y el rol de la sociedad
Entre los autores analizados se encuentra Paul Romer, quien, aunque no recibió el último Premio Nobel de Economía, fue galardonado en 2018 y es considerado precursor, con su teoría del crecimiento endógeno, de los aportes de Joel Mokyr, Philippe Aghion y Peter Howitt. Estos tres últimos obtuvieron el premio por sus trabajos sobre el crecimiento económico impulsado por la innovación y la llamada destrucción creativa.
La competencia sin apoyo institucional no basta: se requiere un entorno legal y educativo sólido para que las ideas prosperen y se difundan (Mokyr)
El historiador económico Joel Mokyr estudió fuentes históricas para mostrar por qué el crecimiento económico sostenido surgió en algunos países y no en otros. Su línea teórica subraya la interacción entre ciencia y tecnología y la importancia de una cultura que valore el conocimiento útil, la experimentación y la apertura al cambio.
Plantea que la competencia sin apoyo institucional no basta: se requiere un entorno legal y educativo sólido para que las ideas prosperen y se difundan. Mokyr aporta una perspectiva menos visible, pero esencial: el crecimiento requiere que la sociedad legitime el cambio; la resistencia social puede frenar la adopción tecnológica sostenida. Así, la Revolución Industrial fue, además de desarrollo tecnológico, un cambio cultural que aceptó el reemplazo de lo viejo por lo nuevo. En contextos donde existe una resistencia política persistente a la competencia, el proceso se estanca.

A partir de este marco, en Argentina el éxito de un modelo orientado a la competencia dependerá tanto de variables macroeconómicas como de la disposición social para concebir la competencia como un motor de progreso y no una amenaza.
Philippe Aghion y Peter Howitt profundizaron formalmente la teoría del crecimiento impulsado por destrucción creativa dentro del campo del crecimiento endógeno. Ambos autores consideran a la innovación y la competencia dinámica entre empresas como factores centrales para el desarrollo económico. Sostienen que la competencia, los mercados abiertos y las políticas que incentiven la innovación resultan esenciales para sostener el crecimiento.
Afirman que el crecimiento no surge de manera espontánea, sino que depende de instituciones, educación, impulso tecnológico y apertura al cambio.
El crecimiento no surge de manera espontánea, sino que depende de instituciones, educación, impulso tecnológico y apertura al cambio (Aghion y Howitt)
Señalan que la competencia dinámica es crucial para crear nuevas ideas y tecnologías que, a su vez, reemplazan actividades ineficientes. Políticas que impongan barreras comerciales o restrinjan la innovación pueden trabar el crecimiento. En este modelo, nuevas empresas y tecnologías desplazan a las existentes, lo que eleva la productividad agregada y el bienestar general.
Sin embargo, este proceso implica costos sociales como cierre de empresas, reconversión laboral y reasignación de capital, lo que puede generar resistencia social si no existen redes de apoyo y capacitación.
Fin de los sectores protegidos
Durante buena parte del siglo XX, Argentina limitó la destrucción creativa al proteger sectores ineficientes. El giro actual hacia la apertura y la competencia podría activar una dinámica más alineada con las teorías de estos economistas, si las reformas alcanzan suficiente profundidad y permanencia. Instituciones de mercado flexibles -con reglas estables, derechos de propiedad y apertura al cambio- pueden atraer inversión productiva y tecnológica.
Paul Romer introdujo la idea de que el crecimiento económico es endógeno; puede generarse dentro del propio sistema mediante la creación de ideas, tecnologías y conocimiento.

En su obra clave, The Origins of Endogenous Growth, Romer explica que las ideas son bienes no rivales, que pueden ser utilizadas simultáneamente por muchos agentes sin agotarse, y por eso se consideran fundamentales para el crecimiento sostenido. Distingue entre objetos físicos, que son escasos y enfrentan rendimientos decrecientes, e ideas tecnológicas, que permiten superar esos límites.
En sus modelos, variables como inversión en investigación y desarrollo, educación, protección de los derechos de propiedad y políticas que incentiven la innovación determinan la tasa de crecimiento de largo plazo. De modo que el crecimiento no depende solo del ahorro y el capital físico, sino de políticas deliberadas que fomentan la innovación y la acumulación de conocimiento. A diferencia del modelo de Solow, Romer incorpora las ideas tecnológicas como motor central y endógeno del crecimiento.
El marco actual a la luz de estas teorías
¿Qué implican estas teorías para la economía argentina si se extendieran durante varias décadas las políticas adoptadas por Javier Milei? La mayor apertura y competencia podrían favorecer la innovación y la eficiencia empresarial, siempre que se acompañen de medidas de inversión en capital humano, como educación superior, ciencia y tecnología. De reducir las barreras al comercio y al capital, Argentina podría ampliar mercados y acceder a tecnologías extranjeras, alineándose con las condiciones de crecimiento sostenido que describen estos economistas.
La mayor apertura y competencia podrían favorecer la innovación y la eficiencia empresarial, siempre que se acompañen de medidas de inversión en capital humano
La estabilización macroeconómica -déficit cero, disciplina monetaria y control de la inflación es, según la teoría económica moderna, un punto de partida. Sin embargo, el crecimiento sostenido no depende exclusivamente del capital físico ni del ahorro, sino de la acumulación de ideas. Sin reglas claras y estables, las ideas no se producen; pero sin producción de ideas, la estabilidad no se transforma en prosperidad.
En este camino, el programa económico vigente aporta previsibilidad, menor incertidumbre y horizonte de planificación, aunque queda abierta la pregunta sobre si estos avances serán suficientes.
El debate de fondo es de naturaleza estructural: la cuestión central es si Argentina puede convertirse en una economía donde la competencia genere innovación sistemáticamente. Los autores destacados coinciden en que el crecimiento moderno no es un accidente, sino el fruto de instituciones que premian la innovación, penalizan la ineficiencia y perpetúan reglas estables a lo largo del tiempo.
Reformas pendientes, integración federal y desafíos
Mientras el gobierno desarrolla una intensa actividad para consolidar un escenario de baja inflación, superávit fiscal y control de la emisión monetaria, surge un desafío pendiente vinculado a la presión tributaria. El próximo objetivo debería enfocarse en reducir impuestos que gravan la actividad productiva, con énfasis en los niveles subnacionales: provincias y municipios.
El próximo objetivo debería enfocarse en reducir impuestos que gravan la actividad productiva, con énfasis en los niveles subnacionales: provincias y municipios
Para alcanzar esto, resultaría clave que en elecciones futuras asuman cargos ejecutivos dirigentes que apliquen en sus jurisdicciones políticas en línea con las adoptadas a nivel nacional.
La disminución de los costos empresariales induciría una reactivación de la economía, permitiendo un incremento de recursos tributarios originado en una mayor actividad. Esa mejora fiscal podría financiar un programa amplio de inversión en educación y capital humano, alineando la economía argentina con las ideas promovidas por los galardonados con el Premio Nobel de Economía.
La creación del Ministerio de Capital Humano, por parte del gobierno, evidencia la decisión de priorizar políticas orientadas al desarrollo educativo y científico, pilares destacados por Romer, Aghion, Howitt y Mokyr.
El autor es Economista
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