
El vencimiento del tratado de control de armamento nuclear conocido como New START entre Estados Unidos y Rusia - firmado en Praga y en vigor desde 2011- marca un punto de inflexión preocupante en el sistema internacional de desarme de armas nucleares. Este acuerdo era el último instrumento jurídicamente vinculante que limitaba los arsenales estratégicos de las dos mayores potencias nucleares del mundo. Su desaparición no implica un conflicto inmediato, pero elimina un conjunto de normas de contención, límites y mecanismos de verificación que durante más de una década ayudaron a reducir riesgos y a generar previsibilidad estratégica.
El acuerdo fijaba tres limitaciones claras. Establecía un tope de 1550 ojivas nucleares desplegadas, 700 vectores operativos (misiles balísticos intercontinentales, misiles lanzados desde submarinos y bombardeos pesados) y un máximo de 800 entre desplegados y no desplegados. Aunque en la práctica el instrumento se encontraba virtualmente paralizado desde 2023, el New START aún generaba expectativas de que, pese a su desgaste, establecía un límite cuya superación podía ser motivo de condena por parte de la comunidad internacional.
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Desde una perspectiva de seguridad internacional, la gravedad del vencimiento radica menos en una expansión automática de los respectivos arsenales nucleares y más en la pérdida de transparencia y confianza mutua. Sin límites legalmente obligatorios e inspecciones recíprocas, aumenta la incertidumbre sobre las capacidades y doctrinas nucleares de cada parte. Este contexto favorece interpretaciones erróneas, dinámica de acción-reacción y, potencialmente, una nueva carrera armamentista, incluso si ninguno de los actores buscara deliberadamente una escalada.
El impacto de esta situación trasciende la relación bilateral entre Washington y Moscú y afecta directamente el régimen global de no proliferación nuclear. Durante décadas, los acuerdos entre ambas potencias funcionaron como la columna vertebral del sistema de desarme nuclear, reforzando la credibilidad al compromiso asumido por los Estados poseedores de armas nucleares. Su desaparición debilita seriamente ese andamiaje y envía una señal ambigua al resto de la comunidad internacional sobre la vigencia del control de armas nucleares como herramienta de estabilidad.
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Este contexto será particularmente relevante en la próxima Conferencia de Examen del Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares (TNP). El artículo IV del instrumento obliga a los Estados con armas nucleares a negociar de buena fe medidas de desarme, y el fin del New START será interpretado por muchos Estados Parte no nucleares como un retroceso en ese compromiso. Es previsible que la Conferencia se vea atravesada por críticas duras hacia las potencias nucleares y por una creciente frustración ante la falta de avances concretos en materia de desarme.
Además, la ausencia de un marco de control entre Estados Unidos y Rusia puede dificultar seriamente la obtención de consensos en la conferencia, históricamente compleja. Las tensiones entre Estados poseedores y no poseedores de armas nucleares podrían profundizarse, debilitando la capacidad del TNP para funcionar como un acuerdo equilibrado de no proliferación, desarme y uso pacífico de la energía nuclear. En este escenario, algunos países incluso podrían cuestionar el valor político del tratado si no perciben beneficios tangibles.
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El vencimiento del último acuerdo de control de armas nucleares entre Estados Unidos y Rusia es grave porque introduce un clima armamentista y erosiona los mecanismos de estabilidad estratégica y complica el futuro del régimen de no proliferación. Sus efectos se sentirán en la Conferencia de Examen del TNP, donde el desafío será evitar que la falta de avances en desarme nuclear debilite aún más un sistema ya tensionado por rivalidades geopolíticas y desconfianza creciente. El peligro es creer que el equilibrio estratégico se sostiene solo.
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