
¿Por qué necesitan ustedes otra fecha para recordar el Holocausto, si ya existe el día que rememora el levantamiento del gueto de Varsovia?La pregunta, que dejó traslucir fastidio, ignorancia y por cierto el viejo prejuicio, me fue formulada por una figura política, defensora de los derechos humanos, en un encuentro casual, en una recepción, días después de que la Asamblea de las Naciones Unidas, el 1 de noviembre del año 2005, designara por consenso de los estados miembros el 27 de enero como el Día Internacional en Memoria del Holocausto.Se cumplen este año 20 años de la entrada en vigencia de aquella resolución conocida como la 60/7.Cada año en muchos países, sobre todo de Occidente y fundamentalmente donde hay comunidad judía activa, se llevan a cabo actos de homenaje con la participación gubernamental en sus diferentes niveles. Aquí se realiza ininterrumpidamente desde el año 2006, cuando, liderado por DAIA, se llevó a cabo junto a la Cancillería en el Palacio San Martín. Quien encabezó en esa ocasión fue el vicecanciller Roberto García Moritán.
Quien me formuló la pregunta, y representa el sentir de muchos, pertenece al universo que entiende y cree que el Holocausto es solo un tema judío. Un pensamiento y creencia masiva, que en estos dos últimos años se puso en evidencia de manera inusitada, que no acepta y mucho menos comprende que el antisemitismo sea un flagelo que destruye los cimientos de la sociedad porque representa la discriminación absoluta que busca siempre la eliminación de quien considera enemigo y a quien solo puede ver como portador y culpable de todos los males. Que exige en su inconsciencia al Estado el deber de ser socio en su odio.
Por décadas, desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, incluso luego de la declaración de los Derechos Humanos, el pueblo judío bregó por el recuerdo del Holocausto.
Fuimos en soledad los que instalamos el 19 de abril como Iom Hashoá, para recordar a nuestros víctimas, mártires y héroes. Para perpetuar la memoria de nuestros 6.000.000 asesinados, masacrados, gaseados, incinerados. Para honrar, acompañar y empoderar a nuestros sobrevivientes.
Fueron actos realizados durante décadas exigiendo a los gobiernos y poderes del estado, incluso durante los períodos de dictaduras, su responsabilidad en la promulgación de leyes. A la educación e intelectualidad el desarrollo de programas potentes y continuos; a la justicia severidad y objetividad; a las organizaciones políticas su presencia activa; a la sociedad civil su involucramiento, a la prensa la necesidad de presencia permanente de esta temática en su agenda.
Hoy conmemoramos porque una importante resolución lo determina, pero antes de ella hubo un hecho fundante que la posibilitó. Fue el Foro de Estocolmo sobre del Holocausto, donde nuestro país estuvo presente representado por el gobierno nacional y las entidades judías argentinas y que fue el cimiento para la creación de la IHRA, la Alianza Internacional para la Memoria del Holocausto.
Luego de la resolución, también sucedieron hechos trascendentales. En 2007, la ONU adoptó una más, donde se condena toda negación del Holocausto. Y más tarde, en 2016, es la Alianza Internacional para el Recuerdo del Holocausto la que adopta la definición de antisemitismo. Una herramienta vital en esta lucha a la que Argentina ha adherido como lo han hecho ya casi 50 países y más de 1.300 organizaciones en todo el mundo.
Este 27 de enero nos debe llevar a pensamientos y reflexiones mucho más profundas que el simple recuerdo. Obligarnos a considerar en qué contexto estamos. Reconocer lo hecho, pero sobre todo en qué y en cuánto hemos fallado. Poder pensar por qué con tanto recorrido de logros y herramientas creadas políticas y jurídicas, con tantas instituciones existentes y que se crean a diario para luchar contra el antisemitismo, sentimos frustración ante el aumento de los hechos antisemitas en todo el mundo tal como verifican las investigaciones e informes serios. Urge preguntarnos y volver a interrogarnos. Porque dejar de hacerlo, quedar vencidos por la inercia y la repetición jamás ha servido. Lo sabemos. Porque la improvisación tampoco sirve.
Los hechos de Australia con la matanza en su playa más emblemática de días pasados, y la profanación del cementerio judío de Barcelona este fin de semana como corolario de una cadena sin fin de hechos antisemitas allí, son la muestra amarga y real que responde con firmeza por qué necesitamos al Estado como garante en esta lucha de hoy contra el antisemitismo que se escuda en el antisionismo.
Argentina es un faro que ilumina y un ejemplo ante el mundo que nosotros los argentinos debemos reconocer y fortalecer día a día. Lo es por su historia de integración, de convivencia en la diversidad y pluralidad y lo es hoy por el involucramiento de su gobierno, liderado por el presidente Milei, quien no ceja un instante en su compromiso frente al negacionismo, el antisemitismo, el terrorismo fundamentalista y las organizaciones que lo apoyan portadoras de los discursos de odio más viscerales.
Este año nuestro país presidirá la IHRA, un viejo anhelo concretado, y será sede de los dos encuentros internacionales que se desarrollarán. Eventos que nos colocarán en un lugar de liderazgo absoluto en la materia frente al mundo todo. Será el Museo del Holocausto con su presidente Marcelo Mindlin quien liderará.
Australia y España hoy, como tantos países de Europa en estos últimos dos años, y en oposición la clara actitud de la Argentina, son las respuestas que cada día recibe aquel político a su “nada ingenua” pregunta de para qué necesitamos los judíos una nueva fecha.
Siempre tendré la esperanza de que se aprenda la lección, por más que los antisemitas pululen por las redes y los medios sintiéndose estúpidamente empoderados.
Somos muchos más los que queremos un mundo en paz, en plena convivencia, de construcción permanente en valores.
Recupero las palabras del entonces secretario general de las Naciones Unidas, Kofi Annan, dichas aquel 1 de noviembre de 2005 cuando caracterizó este día especial como “un importante recuerdo de las lecciones universales del Holocausto, un mal único, el cual no puede simplemente ser delegado al pasado y olvidarse”.
Definitivamente el mundo necesita de esta resolución, pero por sobre todo requiere que se les dé vida, dotándolas de contenido y que sean permanentes. No solo una vez al año.
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