
Whirlpool, Halliburton o Grupo Dass. Estas son solo algunas de las empresas que han recortado el empleo en Argentina. En opinión de muchos, una señal de que vuelve la recesión: algo que la bolsa argentina estaría pasando por alto en vista de su gran repunte desde septiembre. En Estados Unidos y el resto del mundo han surgido temores similares, pero en ningún caso están justificados, ya que los datos de ocupación son indicadores retrospectivos, no predictivos.
Es cierto que los despidos han aumentado en los últimos tiempos, sobre todo en el sector manufacturero, a causa, según los analistas, de la competencia de las importaciones baratas. La estadounidense Whirlpool ha cerrado en Pilar tras despedir a 220 empleados. Igualmente, lamentable ha sido la eliminación de 30 puestos de trabajo del productor argentino de artículos de cocina Essen en Venado Tuerto. Pero los trabajadores industriales no son los únicos afectados. En el sector tecnológico ha habido grandes despidos en Estados Unidos y Argentina que avivan el miedo a una sustitución generalizada por inteligencia artificial. De hecho, el Centro de Economía Política Argentina estima que se han suprimido 236.000 trabajos formales en los últimos 20 meses. Nadie puede negar que no sean noticias devastadoras ni se puede ignorar el malestar que generan.
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Vincular el empleo con el crecimiento futuro es un error
Sin embargo, pese a los recortes de 2025, Argentina sumó 302.000 empleos formales en el tercer trimestre, lo cual revela un mercado laboral más robusto de lo que se temía. Las solicitudes semanales de subsidios por desempleo en Estados Unidos siguen en niveles bajos y en noviembre se incrementó la contratación.
En cualquier caso, vincular el empleo con el crecimiento futuro es un error. Por más que se crea que los despidos debilitan la economía, en la medida en que el consumo representa el 65% del PBI de Argentina y el 68% del estadounidense, esa percepción no está justificada. El gasto en consumo no se hundirá aunque aumente el desempleo, porque sorprendentemente, siempre se mantiene estable, incluso en períodos de recesión.
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Analicemos la situación en Estados Unidos. Durante la enorme contracción económica mundial entre 2007 y 2009, el PBI se redujo un 3,8%, pero el consumo solo bajó un 2,3%; y ocurrió igual en la recesión de 2001. Lo más llamativo es que, en ambos casos, la renta variable cayó primero. Como también pasó en la recesión de Argentina de 2008, que vino precedida por el declive del Merval: las acciones fueron la señal de peligro.
Al fin y al cabo, quienquiera que haya perdido su empleo recientemente recortará en gastos superfluos. Pero la mayor parte del consumo se destina a productos básicos, como los alimentos, la vivienda o los servicios públicos. Estos no experimentan grandes variaciones.
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Las empresas tampoco contratan justo cuando empieza la recuperación. Esperan hasta que los beneficios por ventas sean sistemáticos
Asimismo, los datos de empleo van por detrás de la coyuntura económica. Si una recesión afectara a las ventas, un director ejecutivo primero recortaría los gastos, las existencias y los planes de crecimiento. Los despidos serían el último e indeseado recurso, dado que perjudican la imagen, dan paso a acciones legales, afectan la cultura de las empresas y, en fin, las vidas de todos. Además, cuando la situación mejora, sale muy caro sustituir a los empleados experimentados.
Las empresas tampoco contratan justo cuando empieza la recuperación. Esperan hasta que los beneficios por ventas sean sistemáticos para no dejarse llevar por un posible espejismo. La creación de empleo es posterior al crecimiento, y las acciones siempre van por delante de ambos.
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Permítame que vuelva al tema de la recesión mundial del período 2007-2009. En Estados Unidos, el crecimiento tocó techo en diciembre de 2007. No obstante, el empleo no bajó hasta febrero de 2008 y luego siguió haciéndolo hasta febrero de 2010, aun cuando el PBI había tocado fondo en el segundo trimestre de 2009. Pero la bolsa estadounidense se adelantó a todo. A finales de febrero de 2010 ya se habían revalorizado un 63% en dólares desde sus mínimos. Y durante la fugaz contracción de 2020 sucedió algo parecido: primero subieron las acciones, luego el crecimiento y más tarde el empleo.
A fin de cuentas, los despidos no predicen nada. Las acciones lo descontaron todo hace tiempo, como demuestra el sorprendente avance del 90% (en USD) del Merval desde su mínimo del 19 de septiembre.
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No olvide que la bolsa incorpora en sus cotizaciones cualquier noticia que se haya divulgado y analizado ampliamente, como los despidos. Los temores relacionados con estos eran infundados. Lo demuestra la subida de las acciones estadounidenses, argentinas y del resto del mundo. Confíe en ellas.
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