La detención de Nicolás Maduro marca un cambio de rumbo en la política exterior de Estados Unidos, que prioriza el control energético y la influencia regional sobre transformaciones políticas profundas en Venezuela.
La geopolítica de Estados Unidos apunta a reducir su involucramiento en conflictos europeos para concentrar su atención en América Latina y el hemisferio occidental, una estrategia reflejada en el reciente documento de la Casa Blanca que reinterpreta la Doctrina Monroe.
La operación contra Nicolás Maduro en Venezuela constituye una señal inequívoca de este giro, aunque Donald Trump aún no encuentra una solución al conflicto entre Rusia y Ucrania. La captura debe entenderse no solo como un hecho judicial o un episodio aislado de política exterior, sino como una demostración de poder hacia la región y el resto del mundo.
El continente americano vuelve a presentarse como un espacio en el que Washington busca ordenar, condicionar y negociar desde una posición dominante.
El continente americano vuelve a presentarse como un espacio en el que Washington busca ordenar, condicionar y negociar desde una posición dominante
Resulta relevante destacar las declaraciones de Donald Trump sobre el control y la extracción de petróleo en Venezuela, en contraste con el caso de Irak en 2003, cuando la intervención se justificó públicamente por razones de seguridad nacional. Esta vez, el pragmatismo se impuso sobre el discurso y la administración estadounidense optó por trabajar con Delcy Rodríguez, vicepresidenta de Maduro, en lugar de María Corina Machado, líder opositora venezolana. El objetivo no parece ser una transformación política profunda, sino más bien lograr una administración ordenada del país.
Comprender los incentivos detrás de esta ofensiva resulta complejo. ¿Fue motivada por cuestiones de seguridad nacional? ¿Se trató de una demostración de fuerza relacionada con otras negociaciones internacionales? ¿La prioridad fueron los recursos naturales? Los precios del crudo, lejos de caer como algunos anticipaban, registraron un aumento en la semana posterior a los hechos.

Venezuela posee las mayores reservas de petróleo del mundo, aunque este dato suele repetirse sin suficiente contexto. Las reservas no se definen solo por criterios geológicos, sino económicos: dependen del precio del barril, los costos de extracción y la tecnología disponible.
El país declara más de 300.000 millones de barriles, ubicados principalmente en la Faja del Orinoco. Sin embargo, un estudio del gobierno estadounidense en 2009 ya advertía que solo una fracción de ese volumen era viable bajo parámetros razonables de precios y costos.
Con precios elevados (por encima de USD 100), una parte considerable de esos recursos resultaba explotable; con un barril en torno a USD 60, como ocurre actualmente, el volumen recuperable se reduce aún más.
Venezuela produce menos de un millón de barriles diarios, cifra muy inferior a los 3,4 millones alcanzados en el pasado
En la actualidad, Venezuela produce menos de un millón de barriles diarios, cifra muy inferior a los 3,4 millones alcanzados en el pasado. Esta producción equivale apenas al 1% de la oferta mundial, muy por debajo de países como Estados Unidos, Arabia Saudita o Irak, cuyo aporte al mercado es considerablemente mayor.
La historia explica el deterioro de la industria venezolana
Durante décadas, el país fue uno de los principales productores globales. Bajo el liderazgo de Hugo Chávez, a pesar de problemas de gestión y una creciente intervención estatal, el sistema mantenía cierta eficiencia. Con Maduro, la situación se agravó: desinversión, pérdida de capital humano, politización de PDVSA, manipulación de estadísticas y sanciones internacionales precipitaron el colapso productivo.
Hoy, la gran incógnita es si, ante las dificultades técnicas, el marco jurídico débil y las tensiones geopolíticas, empresas como Chevron, Exxon Mobil y ConocoPhillips estarán dispuestas a regresar o, en el caso de Chevron, a ampliar su presencia en Venezuela.
Existen negociaciones, reuniones privadas y una agenda clara desde Estados Unidos para reactivar la producción, aunque el desafío es considerable. Además, estas compañías disponen de alternativas en mercados más estables, como Canadá y Estados Unidos.
El autor es analista de PPI (Portfolio Personal Inversiones)
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