Lectura de verano: el regalo que dejó Milei en el arbolito

El libro “Defendiendo lo indefendible”, que el Presidente obsequió a sus ministros, aboga por un mundo sin indemnizaciones, sin salud pública y sin restricciones a la venta de niños u órganos

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Javier Milei y los integrantes
Javier Milei y los integrantes de su Gabinete posan con copias del libro Defendiendo lo indefendible

En el año 2010, la industria petrolera sufrió un golpe, cuando las instalaciones de Deepwater Horizon, de British Petroleum, estallaron en altamar. Más de 750 millones de litros de petróleo se desparramaron por el Golfo de México. Además, murieron 11 trabajadores, cuyas familias reclamaron una indemnización. La demanda parecía justa ya que una empresa –sobre todo una tan poderosa—debe responsabilizarse por las condiciones de trabajo de sus empleados. Pero no todos pensaban así. “Según la ley libertaria no les corresponde ninguna indemnización. Esos desafortunados trabajadores asumieron la responsabilidad de lo que hacían. Presumiblemente, cobraron un extra salarial debido a los riesgos que entraña este tipo de empleo”, escribió Walter Block, en su libro Defendiendo lo indefendible.

Unos días antes de Navidad, Javier Milei invitó a todo su gabinete a Olivos. La reunión dejó una foto de recuerdo donde se destacan algunos elementos. Mientras todos los ministros estaban vestidos, digamos, de elegante sport, el Presidente lucía su mameluco de YPF, el mismo que usa para juguetear con sus “hijitos de cuatro patas”. Todos estaban demasiado abrigados, para un día en el que hacía 35 grados: es que Milei, al mismo tiempo, se abriga pero vive en ambientes muy refrigerados. Pero el dato más interesante es que los ministros posaban sosteniendo un librito -justamente, Defendiendo lo indefendible, de Walter Block- que Milei les había repartido como regalo de navidad.

Defendiendo lo indefendible es un viaje hacia un pensamiento, como decirlo, disruptivo. Block promueve la existencia de un mundo sin indemnizaciones, donde el Estado no persiga a evasores, narcotraficantes, voyeurs o difusores de pornografía, donde quien quiera pueda casarse con varias mujeres o varios hombres, en el que se permita comerciar con órganos y con niños, el libre comercio se imponga sin ningún límite ni estrategia, las calles sean privatizadas, la salud pública no exista, y la discriminación no sea sancionada. En otros tiempos, esas ideas podrían haber generado interés pero como una excentricidad académica. Las cosas han cambiado y ahora un presidente exitoso las difunde entre sus ministros. Parece motivo suficiente para espiar ahí adentro.

Los tres tomos del libro
Los tres tomos del libro que regaló Milei

Por ejemplo, en medio del debate sobre la reforma laboral, muchos analistas intentan razonar si esa reforma es útil para blanquear trabajadores informales o impulsar el desarrollo productivo. Al leer a Block, aparece otra posibilidad: que el espíritu de esa reforma no responda sólo a cuestiones instrumentales sino también a una convicción filosófica profunda. Porque Block, por ejemplo, no cree que deban existir indemnizaciones en ningún caso. Para él, se debe equiparar una relación laboral con un matrimonio. Y así como cualquier persona tiene el derecho a divorciarse porque dejó de querer a su pareja, de la misma manera se puede romper una relación laboral.

“El patrón que desea ‘divorciarse’ de su empleado, debería poder efectuar dicho divorcio sin motivo. El despido improcedente no es injusto ni inapropiado, no más de lo que lo es el divorcio sin motivo. Si uno es un avance progresista en las relaciones humanas, también lo es el otro…Los hombres libres tienen el derecho de renunciar a sus empleos, y también de despedir a sus empleados -sin que exista motivo alguno-. A menos que el contrato especifique lo contrario, el patrón y su empleado deberían poder finalizar su relación en el momento en que lo deseen, por cualquier motivo, o sin motivo alguno”.

Defendiendo lo indefendible es muy ilustrativo también porque algunos discursos recientes de Milei parecen extraídos textualmente de ese trabajo. Por ejemplo, hace algunas semanas, el presidente argentino defendió su política aperturista con este argumento: “Me dicen que cierran algunas empresas. ¿Y qué? ¿Cuántas veces escuchamos ‘no, porque si abren la economía el sector X va a caer’ o ‘va a dejar un tendal de desempleados’? Falso, de vuelta, la falacia de lo que no se ve. Si ustedes abren la economía y determinado sector quiebra, es porque el bien que ustedes están trayendo de afuera es de mejor calidad y/o más barato. Cuando pasa eso, ustedes tienen un ahorro y ese ahorro lo van a gastar en otro bien que además es más productivo y lo quiere la gente. Con lo cual, en realidad, no se produce pérdida de empleo. Y como van a un sector que es más productivo, la economía gana en productividad. Además, como los individuos disponen de mayor cantidad de bienes, además son más felices”.

 Walter Block
Walter Block

En el libro que Milei repartió entre sus colaboradores, se lee: “Si a los compradores se les ofrece elegir entre un par de vaqueros regionales por cincuenta dólares y un par idénticos fabricados en el sureste de Asia —en Hong Kong, por ejemplo — por diez dólares, caben pocas dudas de que la práctica totalidad de los consumidores elegirán ser económicos y ahorrarse cuarenta de sus dólares conseguidos con arduo esfuerzo, lo que inevitablemente resultará en la pérdida de trabajos regionales de producción de vaqueros. Pero no nos quedemos aquí, como hacen los proteccionistas, pues existen muchos más casos a considerar. ¿Qué harán los consumidores con cuarenta dólares extra? Puede que se lo gasten en otros productos de la zona, y, si lo hacen, algunos de los fabricantes de vaqueros desempleados podrán encontrar trabajos en estos otros sectores. También puede que ahorren el dinero, y entonces los bancos podrán ofrecer préstamos en términos más accesibles, creando con ello puestos de trabajo adicionales en construcción o en industrias".

Gran parte de los dogmas que el gobierno libertario intenta trasladar a la realidad están escritos o sugeridos por Block: por ejemplo, la idea de que no debe existir salud pública. Eso aparece en el capítulo dedicado a los fumadores. El autor sostiene que no debe haber ninguna prohibición para los fumadores porque, en todo caso, cada uno es dueño de hacer lo que quiere con su cuerpo y el Estado no debería decidir en qué casos interviene para proteger a las personas de sí mismas, y en qué casos no. Ante el argumento de que eso puede implicar un costo para la salud pública, responde que no debería ser así ya que la salud pública tampoco es un asunto del que deba ocuparse el Estado.

“Si se puede prohibir a la gente fumar en base a que el Estado encuentra inconveniente la resultante amenaza a la salud, se podría prohibir a la gente tomar parte de otras actividades potencialmente peligrosas. Pero, ¿queremos realmente una sociedad supernanny que ilegalice el fútbol, el rugby, el hockey, las maratones, los triatlones, el parapente, el motociclismo, los helados, los caramelos, el alcohol, y cualquier otra cosa que pudiera ponernos en peligro? Es poco probable. Sería mucho mejor eliminar la financiación pública de cuidados médicos”.

En el capítulo titulado “El homófobo”, Block explica por qué no se debe sancionar a una organización que expulse a uno de sus miembros por ser homosexual. Primero, porque sostiene que cada uno en una sociedad libre tiene derecho a contratar a quien quiera: “Cada persona tiene, por tanto, el derecho a ignorar, boicotear, discriminar a aquellos a quienes preferiría evitar”.

Luego, porque no sería una posición coherente ya que los homosexuales discriminan por el solo hecho de serlo. “Los homosexuales practicantes discriminan de hecho a las mujeres como objeto de relaciones sexuales. El movimiento de ‘derechos humanos’ es lógicamente incoherente. No puede ponerse de parte de un homosexual, discriminador confeso donde los haya, en nombre del apoyo a la lucha contra la discriminación. En su lugar, si deseara ser coherente con su lógica, este movimiento debería limitarse a apoyar los derechos de los bisexuales, gente que se implica en relaciones románticas con miembros de ambos sexos, pues ellos son los únicos que no discriminan en materia sexual”.

Y luego concluye que todo el mundo debería tener derecho a discriminar porque todo el mundo discrimina. “Todos discriminamos de algún modo. Lo hacemos en base a la honestidad, a la belleza, al talento, a los intereses comunes, etc. Incluso los bisexuales son culpables de esto, por lo que es totalmente imposible adoptar una política coherente de anti discriminación”.

El presidente Javier Milei
El presidente Javier Milei

Por lo demás, el texto ofrece múltiples ejemplos sobre las particularidades del pensamiento libertario, cuanto trata temas como el voyeurismo, la compra venta niños y de órganos o la poligamia.

-“El “macabro” mercado negro beneficia a los donantes de órganos al ofrecerles remuneración financiera así como la satisfacción de saber que los órganos que donen tras su fallecimiento permitirán vivir a otros. Al hacerlo, aumentará también el número de órganos disponibles, lo que será de inestimable beneficio para aquellos que de otro modo tendrían que haber sobrevivido sin riñón sano… Dejemos que la libre empresa opere en el campo de la sangre, la médula, y los órganos transplantables, y ahorrémonos una gran cantidad de dolor, agonía, sufrimiento, y tragedia”.

-“¿Cuál es la perspectiva libertaria sobre el matrimonio polígamo? Ya sea poliginia (un hombre con más de una mujer), poliandria (una mujer con más de un marido), o poligiandria (cuando varias esposas y maridos se casan entre ellos), la respuesta libertaria es la misma que para todo lo demás. Si la institución constituye una violación per se del principio de no agresión, debe ser prohibida, si no, debe ser legal”.

-“¿La poligamia es socialmente peligrosa, en cuanto que los hijos de matrimonios con múltiples esposas llevarán una vida más disoluta, delinquirán, y se darán a las drogas, con una frecuencia mayor que la progenie derivada del matrimonio tradicional? No hay pruebas para tal proclama. Y aún si las hubiera, incluso si se diera un patrón claro a este respecto, seguiría sin justificar una razón legítima para prohibir la práctica”.

-“Cualquiera puede casarse con cuantas esposas (adultas) desee siempre y cuando haya consentimiento mutuo”.

-“¿De qué modo, pues, debemos considerar al ‘fisgón’. Usa su derecho a abrir sus ojos y mirar aquí y allá de un modo procaz. Su escrutinio de señoritas desnudas y semidesnudas, sin lugar a dudas, no pasa del ‘examen olfativo’. Es ciertamente cuestionable desde un punto de vista moral. Pero, si esta actividad fuese ilegalizada, cualquier contacto ‘ojo a pecho’, algo de lo que prácticamente todo hombre heterosexual es culpable, y por una significativa proporción de sus horas activas, también sería ilegal. Así pues, el voyeurismo no es un delito…Pero ¿acaso esta actividad no deriva en delitos más serios, como la violación? ¿No debería bastar esta justificación para prohibir la práctica? Pues no. De ser así, Victoria’s Secret sería ilegal”.

-“A primera vista pocas cosas podría haber más atroces que la venta de niños. El simple concepto evoca imágenes de abuso infantil, corrupción y avaricia. Los pequeños están entre los seres humanos más indefensos por lo que nos compadecemos de las presuntos víctimas de la venta infantil y entramos en cierta cólera contra quienes perpetran un acto tan vil. Pero una breve reflexión nos convencerá de que esta imagen es errónea. Porque la venta de niños es como la adopción, pero solo que incluye la transferencia de dinero…Si es una buena acción adoptar un chiquillo, ¿por qué sería un delito si los padres naturales reciben dinero a cambio de ceder a su progenie?”.

Y esto es apenas una pequeña parte.

Defendiendo lo indefendible, de Walter Block.

Gran regalo para pedírselo a los Gaspar, Melchor y Baltasar que ya estarán cruzando el planeta en sus viejos camellos.