En estos días se discuten y aprueban los presupuestos nacionales, provinciales y municipales. Los medios y mesas políticas giran alrededor del tema como si se tratara de un asunto meramente técnico en el que los argentinos no tuvieran nada que decir.
Parecen piezas de arte contemporáneo de esas que nadie entiende muy bien. Sin embargo, la gente no es tonta: tiene el diploma del día a día y sabe distinguir cuándo un presupuesto está pensado para aliviarle la vida y cuándo busca sostener la misma estructura de poder de siempre.
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El gobierno nacional logró instalar un estándar que ya nadie discute: un presupuesto debe estar equilibrado. No es una opinión, es una base de gestión. Ese debate, que parecía tan complejo, hoy es sentido común. Pero hay algo igual de relevante que empieza a meterse en escena: no alcanza con saber cuánto se gasta, sino también entender en qué.
Vemos cómo cada tanto en alguna provincia se anuncia la creación de un nuevo ministerio o secretaría con bombos y platillos. Dan discursos pomposos, se sacan fotos y se atribuyen grandes metas difíciles de medir en la práctica. Pero la pregunta de la gente es simple: ¿esto mejora mi vida o solo acomoda las piezas dentro del tablero político?
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Seamos sinceros, ese organigrama inflado no le suaviza la diaria a la maestra, al comerciante, al albañil ni al estudiante que no consigue ni un colectivo en horario.
Un presupuesto puede significar un alivio cuando prioriza al individuo, pero puede convertirse en una carga cuando se dedica a sostener cargos, estructuras y privilegios que poco tienen que ver con las prioridades reales de, por ejemplo, los cordobeses, por citar a una provincia que en estos días también discute su presupuesto.
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Los municipios y provincias discuten sus presupuestos. Creo que deberían aprender del ejemplo del Presidente Milei. Lo digo sin soberbia ni desde un lugar de superioridad. Uno puede aprender de todo el mundo, incluso si no se piensa de la misma manera en muchos temas.
Que gran logro sería que Argentina tenga presupuestos equilibrados en todos los niveles de gobierno. Seríamos ejemplo a nivel regional y mundial.
Pero eso depende de que nos pongamos de acuerdo a cada nivel. Y si algo aprendí en estos años como Diputado es que eso no siempre es posible.
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En lo que a mí respecta, durante las próximas semanas estaré ocupado en la sanción de la ley de presupuesto 2026 enviada por el Presidente Milei. Espero que logremos cumplir el objetivo de tener un presupuesto con equilibrio fiscal por primera vez en décadas. Y espero también que provincias y municipios sigan ese ejemplo.
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