Toda fuerza política que se convierte en una secta intenta imponer su ideología sobre el resto de la ciudadanía en lugar de respetar la infinita gama de grises que configuran la concepción socio-económica y administrativa de un país. Este defecto se impuso en los tiempos de La Cámpora que, con un progresismo de supuestas izquierdas, forjó una enorme burocracia y un rechazo similar, mayoritario a la larga. Un sinsentido que degradó al Peronismo y engendró el surgimiento de una derecha agresiva, moldeada en las mismas irracionales intenciones de imponerse al conjunto, en este caso, pintar de violeta al resto de la sociedad.
El ejemplo de Corrientes es esclarecedor: mientras el gobernador Gustavo Valdés le ofrecía al partido de Milei algunas bancas como aliados, estos “novatos” salieron a enfrentarlo obteniendo el doble resultado de terminar cuartos y perder a un socio fuerte. El mismo proceso se dio en otras provincias, y en alguna medida, fue simétrico al de La Cámpora, que redujo al Peronismo a un movimiento sin representatividad a lo largo del país.
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Sin embargo, la derrota de septiembre pasado en la provincia de Buenos Aires desnuda la debilidad del Gobierno, el desacierto de los encuestadores y el fracaso de una política económica que, mientras dice haber sacado de la pobreza a 12 millones de personas, pareciera negar que instaló a más de 24 millones en el desolador lugar de la vulnerabilidad. El pensador y candidato a diputado por Movimiento Ciudadano Alejandro Katz respondió tanto a Pagni como a Fontevecchia, en sendas entrevistas, que aunque había escrito un libro contra el Kirchnerismo, estaba convencido de que el actual Gobierno era mucho peor, dada la perversa concepción que lo lleva disfrutar de los daños que ejecuta cotidianamente. Además, Milei ya no soporta el más mínimo reparo ni siquiera el de los periodistas obsecuentes y ataca a un multimedio que lo defiende en las tapas de su diario en forma casi incondicional. Volvió de su visita turística al Salón Oval siendo quien siempre fue: un intolerante violento que intimida y descalifica a troche y moche. Si así pretende seducir al voto moderado, equivoca groseramente su estrategia.
En cuanto a la política de dependencia de EEUU, es evidente que carece del menor sentido dado que para todo imperialismo resulta grato y rentable asociarse a los éxitos y, en cambio, por la definición misma de su poder, siente rechazo de abrazar fracasos ajenos. Por su parte, la ministra y candidata a senadora por el oficialismo Patricia Bullrich salió a explicar que el Presidente Trump se refería al necesario triunfo de 2027, induciéndolo a dejar en claro que estaba refiriéndose a la próxima elección de medio término del 26 de octubre venidero. Aludir a una comedia de enredos es un cliché del que me cuesta privarme.
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La política es un arte complejo, que necesita voluntades de estadistas y no soporta la limitación de lo económico. Imaginar que el equilibrio fiscal es una forma de definir el destino colectivo está más cerca del desequilibrio mental que del indispensable futuro de la nación. Así, el dólar barato siempre sirvió para favorecer la fuga de capitales, ese nefasto hecho que marca la ausencia de una verdadera burguesía industrial, de un sector productivo capaz de reinvertir sus propias ganancias. Ya somos famosos como depositantes de nuestra propia patria y como una sociedad que soporta reiterados endeudamientos a la par que se empobrece. Está a la vista el fracaso de la política económica del Gobierno: las mejoras son inexistentes y los daños, desgarradoramente irreversibles.
Algunos pseudo analistas se dedican a repetir que todos aquellos votos que no se destinen al peronismo serán viables para sumarse al espacio de Milei, algo tan falso como absurdo. Los gobernadores definen su propuesta en el contexto de producir y dar trabajo, dos términos que Caputo y Sturzenegger nunca consideraron en sus propuestas ni mucho menos en sus nefastas funciones de gobierno donde siempre terminaron incrementando la deuda o fueron expulsados. Oportunidades de demostrarlo no les faltaron al formar parte de otras administraciones del particularmente dañino sesgo que el liberalismo económico adquiere en nuestra escena nacional.
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Después de las elecciones vendrá el tiempo de la verdadera política, a la que se refieren la totalidad de los gobernadores- basta haber escuchado algunos de sus contundentes discursos en IDEA. Es responsabilidad del Gobierno asumir dicho desafío y convocar a la unidad nacional, y en el caso de que no esté dispuesto a hacerlo- la tolerancia, el respeto por el disenso y la vocación dialógica le son desconocidos-, no será responsable el denominado club del helicóptero de lo que suceda, sino su incapacidad de interpretar la situación a la que nos han traído.
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