
La gestión iniciada por Donald Trump para lograr un cese del fuego entre Ucrania y Rusia ha tenido el 25 de marzo su primer resultado concreto y relevante. Las dos partes en conflicto han acordado suspender las acciones militares en el ámbito del Mar Negro. En este lugar los drones submarinos ucranianos causaron en los meses pasados importantes hundimientos de buques de la flota rusa. A su vez, éstos lograron frustrar los intentos de los buques ucranianos para restablecer, aunque sea parcialmente, el tráfico marítimo, y en especial la exportación de cereales que es la base de la economía ucraniana.
Complementariamente, Rusia alejó buques de la península de Crimea -punto crítico en el conflicto del Mar Negro y la mayor sede de la flota rusa en la región-, mientras que Ucrania hizo otro tanto en torno a Odessa. El control y cumplimiento efectivo de esta tregua resulta más fácil en términos operativos que la terrestre o la aérea, donde la cantidad de armamentos lo vuelve más complejo de controlar. Este acuerdo demostró la intención de llegar a un entendimiento entre Rusia y Ucrania con el patrocinio de Estados Unidos. Cabe señalar que el 1° de marzo tuvo lugar el enfrentamiento ante las cámaras de televisión entre Donald Trump y Volodimir Zelensky, que llevó su relación a su punto más bajo.
Pero en menos de un mes, la relación entre ambos se ha recompuesto y las negociaciones no se han interrumpido. La tregua incluye también las instalaciones de energía y combustible y tendrá una duración de treinta días, es decir, hasta fines de abril. Paralelamente, el acuerdo entre Kiev y Washington, entorno a las tierras raras, también muestra avances.
Por su parte, en Europa avanza el debate sobre la creación de una estructura de defensa propia. La reunión entre Jefes de Gobierno y altos mandos militares para desarrollar estas propuestas no ha tenido alcances significativos. La OTAN sin Estados Unidos queda con treinta y un países. Si a ellos se suma la decena de Europa Central y los Balcanes que pretenden incorporarse a la alianza pero todavía tienen que completar el proceso correspondiente, alcanzarían los dos millones de efectivos en conjunto. Esta cantidad debería ser suficiente para contener a Rusia si tuvieran que ser desplegados en Ucrania como garantía del cumplimiento de una tregua.
Pero el problema -aunque parezca difícil de creer- es que de esta cantidad hipotética sólo son “desplegables” sesenta mil,- los de los 29 países de la OTAN- que tienen en conjunto dos millones. Esto quiere decir que la estructura militar europea es territorial y defensiva, pero no está preparada ni organizada para actuar como fuerza expedicionaria, como es el caso de la estadounidense. Este país puede tener en su comando europeo aproximadamente cincuenta mil hombres, pero la mitad son “desplegables”, y de ahí la diferencia sustancial.

Para que Europa llegue a tener fuerzas armadas conjuntas que puedan desplegar trescientos o cuatrocientos mil hombres falta mucho tiempo y trabajo por realizar. Esto será lo más difícil de lograr, y no la unificación de la estructura industrial del continente para producir suministros militares. La intención europea sigue siendo la de contar con una fuerza militar propia, pero ello no resulta fácil. Se habla de un aporte conjunto de ochocientos mil millones de euros a obtener de créditos internacionales. Alemania, que es el país más grande de Europa, anunció que va a destinar quinientos mil millones de euros para desarrollar su estructura militar para la guerra, pero no enfatizó que sólo cien mil millones serán destinados específicamente a lo militar, ya que el resto va a infraestructura.
Mientras tanto, en el conflicto en Medio Oriente también aparecen señales de cierta contención. Israel, con el apoyo de Estados Unidos, venía exigiendo la suspensión del gobierno de Hamas -o lo que queda de él- en la Franja de Gaza y la entrega de todos los rehenes o sus cuerpos. Estas exigencias habían llevado las posibles tratativas de paz a un callejón sin salida.
Pero el 25 de marzo tuvo lugar un hecho inusual: cientos de ciudadanos palestinos que todavía viven en el norte de Gaza marcharon en la ciudad de Beit Lahiya. Llevaron banderas blancas, reclamaron la entrega de los rehenes israelíes y pidieron que Hamas entregue el gobierno. Es decir, se trata de la primera manifestación pública de palestinos que coincide con el reclamo de Israel. Si bien puede tratarse de un hecho limitado por su cantidad de participantes, es un factor que por primera vez manifiesta la existencia de un sector de la opinión pública gazatí dispuesto a coincidir con la posición israelí.
Los gritos hacia Hamas fueron hostiles, llegando a “¡Fuera Hamas!” y “Hamas terrorista”. La mayoría de los participantes en esta manifestación fueron hombres. Cabe señalar que el ejército israelí reanudó sus operaciones en el lugar, alegando que Hamas había reiniciado sus acciones. De esta manera, cuando la tregua entre Israel y Hamas parecía resquebrajarse, surgió esta manifestación inesperada, que tuvo lugar frente al hospital indonesio ubicado en el norte de la Franja.
Es claro que Washington lleva adelante una estrategia para fortalecer el rol de Arabia Saudita y el príncipe heredero, Bin Salman, como factor estabilizador de la región. Al elegir este país como sede para las conversaciones de paz entre Rusia y Ucrania, Trump dio al príncipe heredero un rol internacional muy importante que lo fortaleció. Este fue uno de los hechos que generó malestar en Europa: que un país árabe fuera sede de estas conversaciones, en vez de uno europeo. Simultáneamente, Ryad es también sede de las conversaciones entre Egipto, Qatar y Estados Unidos para la liberación de rehenes israelíes en poder de Hamas.
En conclusión, cumplidos los dos meses de gobierno de Trump, en un marco complejo e incluso contradictorio, los conflictos entre Ucrania y Rusia por un lado, y los que afectan a Medio Oriente por el otro, no se han resuelto, pero hay algunas señales positivas que pueden prosperar.
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