
Por Rodolfo Barra
Por segunda vez consecutiva el presidente javier Milei representó a la Argentina en el llamado Foro de Davos, o Foro Económico Mundial (en adelante “Davos”), un encuentro anual de líderes mundiales (políticos, empresarios, intelectuales) destinado a discutir los que, según los organizadores, son los temas más candentes y acuciantes de la realidad mundial. El temario, al menos últimamente, no se agota ni se limita a cuestiones de índole económica o estrictamente políticas, sino a otras todavía más trascendentes, como las que, sustancialmente, se centran en el análisis, desarrollo e impulso de la denominada “agenda woke”.
La “agenda woke” (pasado de “wake”, “despertar”) es un proyecto cultural, “posmoderno”, que se enrola en un “progresismo” radical y extremista. Uno de sus planteos centrales es la “deconstrucción” de la sexualidad natural para reemplazarla por otra subjetiva, cambiante, fluida, indefinida, que va más allá de las preferencias sexuales individuales para convertirse en una nueva afirmación de lo humano, donde la relación bio-psicológica es simplemente una circunstancia superable.
Esta concepción tiene inevitables incidencias en aspecto centrales de la personalidad individual y de la estructura social.
La familia fundada en el matrimonio es cosa del pasado, la heterosexualidad es sólo una alternativa, la procreación se reduce a la gestación a “cargo” de una “persona con capacidad de gestar”, terminología que busca evitar el empleo del término mujer. Precisamente, la “agenda woke” enarbola un feminismo radicalizado (enemigo de lo femenino) antinatalista y pro aborto, en pos de una sociedad superadora de lo que llaman “patriarcado”. En definitiva, es el rechazo de una de las características definitorias del ser humano, como lo es la condición de mujer u hombre. Todo esto en sintonía con la denominada “agenda 2030” (también rechazada por el Presidente Milei), en gran medida un programa “woke”, impulsada por burocracias internacionales con vocación de autoridad supranacional.
El “wokismo” no es ni liberal ni tolerante. Ha impuesto “lo políticamente correcto”, apoyado en un fabuloso aparato mediático que permite utilizar el arma de la “cancelación”: silenciar la opinión contraria o bien, cuanto esto no es posible, degradarla con epítetos descalificantes: nazi, extrema derecha, autoritario, etc. No sólo se difunde mediáticamente, sino que ha ganado espacios en la educación (sobre todo en la escolaridad infantil y adolescente) llegando a aberraciones tales como proponer el “cambio de sexo” en menores, sin dejarles la oportunidad de la decisión responsable en la madurez.
En lo global el “wokismo” se asienta sobre el poder financiero de ciertos organismos internacionales, especialmente sobre los países más pobres, cuyo desarrollo demográfico es de singular preocupación de los estrategas “wok”.
Felizmente el peligro que la “agenda woke” representa ha sido advertido por importantes líderes mundiales, entre ellos nuestro Presidente, quien ha tomado la bandera, y el liderazgo, de la afirmación de los valores tradicionales greco-romano-judeo-cristianos, que son los que hicieron grande a Occidente y promovieron el crecimiento global más impresionante en la historia de la humanidad.
Pero si debemos identificar con una expresión sencilla a este programa de proclamación de la libertad -como respeto por la dignidad humana- de garantía de la propiedad -como motor de desarrollo- y de protección de la vida -como condición indispensable de la vida social basada en la dignidad humana- podemos encontrar tal fórmula de identificación en la expresión “sentido común”.
Precisamente es lo que Milei encarna: la revolución del sentido común, es decir, el impulso y puesta en práctica de la “verdades autoevidentes” proclamadas en la Declaración de la Independencia de Estados Unidos (4/7/1776) fuente inspiradora del constitucionalismo moderno.
(*) El autor ocupó la Procuración del Tesoro hasta la semana pasada
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