
El Concierto de Año Nuevo (Das Neujahrskonzert der Wiener Philharmoniker) de la Orquesta Filarmónica de Viena tiene lugar cada año en la mañana del 1 de enero en la Sala Dorada (Goldener Saal) de la Musikverein de Viena, Austria. Esta tradición arraigada en la cultura vienesa refleja la herencia de la ciudad que por siglos fue el centro neurálgico de la música clásica. El mismo programa es interpretado también el 30 de diciembre (ensayo general) y el 31 de diciembre bajo el título “Concierto de San Silvestre” (Sylvesterkonzert). Es transmitido anualmente en todo el mundo para una audiencia potencial aproximada a los mil millones de personas en 54 países.
Con un total aproximado de no menos de 25.000 unidades, los arreglos florales de la gran sala, entre 1980 y 2013, fueron obsequiados por la ciudad de San Remo (Liguria), Italia. Luego y hasta hoy son realizados por el municipio a cargo de los jardines de la ciudad de Viena.
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El mencionado concierto se celebró por primera vez el 1 de enero de 1941, con el título definitivo de “Concierto de Año Nuevo” con la batuta de Clement Krauss, lo que se repitió cada año hasta su muerte, con excepción de dos ocasiones que cedió el podio a Josef Krips. Desde 1954, la dirección la asumió el primer violín de la orquesta, Willi Boskovsky, que se mantuvo en el puesto durante 24 años.
Desde 1987, cuando la orquesta concedió el honor de su conducción a Herbert von Karajan, se decidió que cada año la batuta sería otorgada a un director invitado distinto. Le siguió el italiano Claudio Abbado y entre otros luego hicieron lo propio Seiji Ozawa, Daniel Barenboim, Gustavo Dudamel, Zubin Metha y Riccardo Muti, quien lo hizo por séptima vez el pasado 1 de enero.
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El programa está integrado en su mayor parte por obras de la familia Strauss: de Johann Strauss (padre) y de sus tres hijos Johann Strauss (hijo), Josef Strauss y Eduard Strauss, aunque los distintos directores han incluido a otros compositores en cada caso.
El evento nunca fue dirigido por una mujer, aunque la figura de Simone Margaret Young (Sídney 2-3-61) va tomando cuerpo, tal vez para ser la primera. Sus credenciales la habilitan, tanto como su estrecha colaboración con la Filarmónica de Viena. Educada en el Monte Sant Angelo Mercy College, ubicado al norte de Sídney, estudió composición, piano y dirección de orquesta en el Conservatorio de Sídney. En sus primeros años también fue asistente de Daniel Barenboim en la Ópera Estatal de Berlín y el Festival de Bayreuth. En 1993 fue la primera mujer directora en la Ópera Estatal de Viena y en 2024 se convirtió en la primera mujer en dirigir el ciclo El anillo del nibelungo en el Festival de Bayreuth. En fin, el tiempo tendrá la última palabra.
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El concierto comenzó a las 11.15 hs del pasado 1 de enero y la Filarmónica de Viena inauguró el concierto en homenaje a los 200 años del nacimiento de Johann Strauss hijo, con ocho de sus obras, además del famoso vals ‘El Danubio azul’.
Por primera vez fue interpretada una pieza de una compositora, Constanze Geiger (1835-1890), que fue incluida en el repertorio por indicación de Muti; su título “Ferdinandus Waltz”, un vals que Costanze compuso cuando tenía 12 años. Muti aseguró en rueda de prensa en la capital austríaca que la elección de dicha pieza, no obedeció a que procede de mano femenina, sino por su valor artístico y calidad. Sostuvo el director de orquesta napolitano, que la obra de Geiger refleja “mucha personalidad”: comienza con una introducción en vivace con fuoco (vivaz con fuego), que está diciendo “Aquí estoy“, antes de pasar al vals con grazia gentile (gracia gentil). Desde otro lugar, Geiger, que además de compositora fue pianista y actriz, mantenía cercana relación con la familia Strauss. El estreno mundial de su ”Ferinandus-Waltz" fue dirigido por Johann Strauss padre.
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Los músicos de la Filarmónica de Viena desearon colectivamente un feliz año nuevo (Prosit Neujahr). El cierre correspondió a la Marcha Radetzky, de Johann Strauss padre. Durante esta última obra, la audiencia aplaudió al compás y el director giró para dirigirla, durante breves instantes, lo cual sucede habitualmente.
Riccardo Muti se dirigió al público en algunas partes, haciéndolo en la lengua del Dante y al cierre manifestó su deseo de paz, fraternidad y amor en todo el mundo. Fue la 85ª edición de uno de los eventos más emblemáticos de la música clásica a nivel mundial, cuyas entradas se agotan casi un año antes.
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La etiqueta en la vestimenta no es obligatoria, pero la tradición venció por mayoría. El espectáculo fue desarrollado por una de las mejores orquestas sinfónicas del mundo, conducida por uno de los grandes directores contemporáneos y llevado adelante en la palaciega gran sala cuya estética posee el sello de la época.
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