
Tras su primer año en el “sillón de Rivadavia”, y apalancado por el clima de optimismo producto de los “planetas alineados” en el plano macroeconómico y financiero, está más que claro que un Javier Milei cada vez más gravitante y fortalecido ocupa el centro de la escena y hegemoniza la iniciativa política frente a una oposición que oscila entre el desconcierto, el temor y el instinto de supervivencia.
En este contexto, también está más que claro que este Milei fortalecido tras su primer año de gestión y algunos logros del alto impacto en amplios sectores de la opinión pública, acelera a fondo de cara al proceso electoral de este año con una inocultable vocación totalizante.
Dicho de otro modo, decidido a avanzar sobre las ruinas de un sistema político que agoniza en un espiral de decadencia, el proyecto libertario parece dispuesto a caer en la vieja y tentadora pretensión hegemónica, lo que traducido en el plano electoral implica la voluntad de ocupar todo el espectro que va desde el centro a la derecha del electorado.
Y, en esta lógica, no pareciera haber lugar para estrategias coalicionales sino ofertas unilaterales para sumarse a un espacio que busca asumir perfiles más nítidos, que profundiza su dinámica personalista y asume lógicas cada vez más verticalista y que, por ende, no tolera discusiones ni debates internos en un tablero en donde los límites que se trazan entre los que “la ven” y los que “no la ven” son tan discrecionales y antojadizos como el “castigo” del destierro de cuadros propios o potenciales aliados al yermo de la devaluada “casta”.
Pese a ello, un cada vez más desconcertado, desgastado y desesperado Mauricio Macri sigue persiguiendo un “acuerdo nacional” con LLA que con cada nuevo capítulo que pasa se asemeja cada vez más a una rendición incondicional y capitulación final.
Lo cierto es que en un clima de tensión y desconfianza acumulada que venía in crescendo desde el “desaire” libertario a la sesión especial impulsada por el PRO para tratar el proyecto de “ficha limpia” y el anuncio del desdoblamiento de las elecciones porteñas, y que pareció alcanzar su cenit con la denuncia del gobierno de una supuesta lista de empresarios y ex funcionarios (varios kirchneristas) que habrían sido supuestamente cubiertos por el macrismo en la ex AFIP, el presidente Milei sorprendió nuevamente a Macri con una de sus ya clásicas y confusas invitaciones.
En un sainete que parece ahora asumir el tradicional juego de roles conocido como el “del policía bueno y el policía malo”, mientras Santiago Caputo y Karina Milei apuestan a fondo por un armado propio y sueñan con la destrucción del PRO, y cuando todavía resuenan las acusaciones libertarias de un acuerdo para proteger en la AFIP a ex funcionarios kirchneristas, el presidente aprovecha una entrevista grabada en el set televisivo de un periodista amigo para ofrecerle a Macri una vaga invitación a sumarse a un frente para “arrasar con el kirchnerismo en todo el país”.
Lo sorprendente para algunos, previsible para otros, no fue el “gesto” de Milei sino la rápida respuesta de Macri y el tenor de la misma: una carta que más que la aceptación del difuso convite tiene un inocultable tufillo de carta de rendición. Los mismos que acusaron a su gobierno de pactar impunidad con el kirchnerismo, pero que al mismo tiempo negocian la eliminación de las PASO y los pliegos de la Corte Suprema, lo convocan a sumarse a un frente para, precisamente, combatir al kirchnerismo.
Una invitación, cuanto menos, curiosa si se tiene en cuenta que si hay un capital político y simbólico que aún conserva el PRO, al menos como sello identitario, es su férreo anti-kirchnerismo.
Así las cosas, más que convite, las palabras de Milei suenan más a un desafío. Un desafío ante el cual Macri, a pocos días de que el propio Jefe de Gobierno porteño anunciara su posible candidatura a senador por la Ciudad como punta de lanza de un armado propio en todo el país, parece haber eludido con llamativo espíritu de sumisión.
No son pocos en el PRO los que por estas horas le reclaman a Macri gestos claros de su voluntad de liderazgo para preservar el espacio que él mismo fundó, aún ante la adversidad que pueda plantearle un contexto muy favorable para el oficialismo, y ante una potencial derrota electoral. Es más, varios recuerdan a manera de analogía la candidatura de Cristina en las legislativas de 2017, cuando perdió las elecciones a senador en la provincia frente a Esteban Bullrich, pero logró preservar su espacio y conservar centralidad para lo que vendría apenas dos años después.
En definitiva, lo que muchos comienzan a ver es a un Macri que quiere conservar un rol gravitante pero sin meter los pies en el barro. Y la carta de rendición que le ofrecen el líder libertario pareciera erigirse en la excusa perfecta.
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