
“La Universidad Pública no le sirve a nadie más que a los hijos de los ricos”. De esta manera, en octubre de 2024, el presidente Javier Milei intentó justificar lo injustificable: el ahogo presupuestario al sistema superior que implementó su Gobierno durante todo el año. Lo que para el oficialismo fue un “ajuste necesario” se convirtió en un verdadero problema para miles de estudiantes, investigadores, docentes y no docentes que debieron enfrentar un sinnúmero de dificultades. Sin dudas, este año será recordado como el año en el que las universidades estuvieron al borde del abismo.
Para el Presidente las instituciones educativas deben operar bajo criterios de eficiencia económica, sin reconocer su rol fundamental en la formación, investigación y promoción de la equidad social. Al priorizar exclusivamente los aspectos financieros, se desatiende la función vital de estas instituciones en la formación integral de los ciudadanos, la producción de conocimiento científico y el fortalecimiento de una sociedad más justa e igualitaria.
Las universidades nacionales no solo son centros de formación profesional, sino también espacios de producción de conocimiento, desarrollo científico y movilidad social. Representan el verdadero motor de crecimiento para un país que históricamente ha sabido apostar por la educación como factor de transformación. Sin embargo, en 2024, las políticas del gobierno de Javier Milei decidieron ir en dirección contraria, imponiendo un brutal ajuste que puso en jaque a todo el sistema.
Con esa premisa, el impacto fue inmediato y demoledor: congelamiento de partidas, paralización de obras de infraestructura y reducción de becas que afectó principalmente a los estudiantes más vulnerables. Docentes e investigadores vieron cómo sus salarios se diluían frente a la inflación, obligándolos a compatibilizar su vocación académica con la urgencia de sobrevivir. Instituciones con dificultades para realizar su tarea cotidiana y miles de proyectos científicos, que aportan soluciones concretas a problemas nacionales, quedaron truncos.
Esta situación fue un ataque directo a la educación pública y a la posibilidad de construir un futuro mejor. No se trata de números fríos, se trata de las vidas de millones de jóvenes que encuentran en la universidad pública la única oportunidad de acceder a un futuro más digno.
Desde el Congreso de la Nación trabajamos con el fin de revertir esta situación. Impulsamos la Ley de Financiamiento de las Universidades Nacionales, que garantizaba recursos acordes a la inflación y aseguraba condiciones dignas para docentes e investigadores. Sin embargo, el presidente Milei decidió vetarla.
En contrapartida, la gran protagonista del año fue la comunidad universitaria que no se quedó de brazos cruzados. Durante todo el año, vimos cómo estudiantes, docentes, no docentes y familias enteras salieron a las calles a defender lo que es suyo: la universidad pública, gratuita y de calidad. Lo hicieron con convicción porque saben que la educación es la herramienta más poderosa para cambiar realidades.
Hoy más que nunca, debemos redoblar los esfuerzos. La decisión del Gobierno de transitar, una vez más, sin un Presupuesto para el próximo año pone en grave riesgo a nuestras instituciones que volverán a sufrir dificultades. Seguramente nos espera un nuevo año lleno de incertidumbre y serias dificultades operativas. Desde el Congreso, seguiremos trabajando para garantizar el financiamiento adecuado para nuestras universidades y asegurando salarios dignos. Y no tengo dudas que la sociedad otra vez hará su parte. Este es un compromiso que nos involucra a todos. No hay desarrollo posible sin educación pública.
Un país que decide abandonar sus universidades está, en realidad, dejando de lado a su gente y renunciando a la posibilidad de un porvenir mejor. No podemos ni vamos a permitirlo.
Tenemos que defender lo que tanto nos costó construir. En ese lugar, nos volverán a encontrar a muchos de nosotros el próximo año. Las universidades nacionales no están solas, porque en ellas está el futuro del país que queremos ser.
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