La primera Navidad relatada en el evangelio de Lucas, capítulo 2, nos conecta con dos palabras, Patria y Libertad. Y las expresiones del relato bíblico, así lo muestran.
En esos días, Augusto, el emperador de Roma, decretó que se hiciera un censo. El nacimiento de Jesús ocurre en medio de un decreto, que generó que muchos, incluido José y María, volvieran a la ciudad de Belén. La capacidad hotelera se vio desbordada, al punto que el nacimiento de Jesús ocurre en una habitación inédita: “un pesebre”, es decir un recipiente mal oliente del cual comían los animales del establo.
Somos un país cuya mayoría expresa una fe en lo trascendente. No perdamos nunca de vista esa dimensión espiritual del ser humano, valoremos la fe como un reservorio muy preciado.
El ángel los tranquilizó, “no tengan miedo, les traigo buenas noticias que darán gran alegría a toda la gente”, les dijo. Los pastores al ver a los ángeles, en la tranquila noche de Belén, quedaron aterrados. Muchas veces lo nuevo, lo repentino, aquello que no estaba en nuestros planes humanos, produce una emocionalidad diversa, pero existen noticias que producen en toda la gente una gran alegría. Y vaya que tenemos ejemplos, como Argentina campeón del mundo, la revelación Colapinto, la medalla olímpica en BMX, etc. Pero existe una buena noticia que anuncia la Navidad y que es transversal para todas las generaciones y todos los tiempos: “Jesús nació para traer paz y esperanza” a una sociedad que necesita de ambas para ponerse de pie en los momentos difíciles, pero a la vez compartir el amor, el perdón y la solidaridad que debe prevalecer en hacer la patria, que no es otra cosa que el ser argentinos.
Y lo reconocerán a través de la siguiente señal: encontrarán a un niño envuelto en pañales, acostado en un pesebre. La Navidad nos muestra una señal que debe ser un faro para los argentinos de buena voluntad, Dios en pañales acostado en un pesebre. No existe un gesto de humildad más grande. La Navidad no solo debe ser celebrada sino también imitada a través de gestos que propicien el diálogo y la voluntad de construir en conjunto. Se requiere de todos los actores sociales y de nosotros mismos. Bajar un peldaño para ascender juntos a una Argentina mejor, ya lo dice un proverbio hindú: “Solos vamos más rápido pero juntos llegamos más lejos”.
Gloria a Dios en el cielo más alto y paz en la tierra para aquellos de buena voluntad. El primer villancico de Navidad insta a practicar la dimensión espiritual y la dimensión humanitaria. Ese equilibrio otorga una paz duradera, tan necesaria en un mundo tan convulsionado y revolucionado por vientos de cambio. Es coincidente que el Preámbulo de nuestra Constitución Nacional reza dichas dimensiones que son vitales, “.. promover el bienestar general, y asegurar los beneficios de la libertad … invocando la protección de Dios, fuente de toda Razón y Justicia”.
Los pastores se regresaron a sus rebaños, alabando a Dios por lo que habían visto y oído. Indudablemente la experiencia de la primera Navidad produjo en los pastores un cambio de adentro hacia afuera, que se vio reflejado en el día después, cambiando su hábitat en mejor calidad de vida.
Que en estos días previos a la Navidad y Año Nuevo meditemos como lo hizo la virgen María, que guardó cada escena del nacimiento de Jesús en su corazón y pensaba en ello con frecuencia. Ya lo dijo el gran pensador William John Cameron: “Solo hubo una navidad, el resto son aniversarios”.
Pensemos en su significado “Nuevo Nacimiento”, que por más oscura que parezca la mañana, aunque nuestro corazón luzca como un pesebre mal oliente, Jesús lo quiere habitar para transformarlo y hacer de nosotros agentes de cambio. Él dijo: el que a mi viene, yo no lo echo fuera. La Navidad es el mensaje más grande de inclusión que sostiene una vida en verdadera libertad, haciendo patria cada día.
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